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¡No todo vale cuando se trata de la Constitución!

Foto: Presidencia de Colombia
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Luis Fernando Cadavid

Universidad de Medellín

En la actualidad del panorama político colombiano, ante la insistencia del Gobierno nacional en impulsar cambios estructurales, la batalla electoral se ha movido en uno de los puntos de debate que, por un lado, representa un camino esperanzador para materializar las luchas históricas que promueven algunos sectores, y por el otro, genera un sentipensar negativo alimentado por el conocimiento, la polarización y la incertidumbre evidenciadas en la falta de cohesión social. Y es que cuando hablamos de la Constitución, citando las declaraciones de la abogada constitucionalista Bernadita Pérez en una reciente entrevista, decimos que “es el acuerdo político sobre lo esencial de la vida pública”, “¿quién gobierna?, ¿cómo gobierna? y ¿qué controles se ejerce sobre el gobierno?, ¿cuáles son las libertades ciudadanas, y los deberes del Estado para con los ciudadanos?”.


Sin embargo, la Constitución Política de 1991, parece hoy ser un instrumento de manipulación política, donde se olvida lo técnico-jurídico y las necesidades sociales, abriéndole el camino a lo retórico y lo mediático. En ese sentido, según el articulado constitucional, existen tres maneras para modificarla, estas son: el acto legislativo, la asamblea constituyente, y el referendo constitucional. Los anteriores mecanismos, no son arbitrarios y, además de las etapas y los requisitos que deben cumplirse, terminan por ser sometidos a unos controles exhaustivos. Ahora bien, la razón para concretar los caminos anteriores, son el resultado de la modernización y el progreso de una nación, donde lo social y lo cultural, lo económico y lo administrativo, los derechos fundamentales, lo institucional deben sufrir transformaciones, entre otras necesidades de peso que pueden darse.


Así las cosas, cuando nos referimos a modificar la Constitución, no hablamos en sí de una amenaza latente, esto, si entendemos que una sociedad como la nuestra cambia, y en ocasiones, son necesarios los ajustes para ser coherentes con las realidades emergentes. No obstante, si comparamos los casos latinoamericanos, especialmente en Venezuela y Bolivia, vemos que el libreto no es nuevo, el abogado constitucionalista Mauricio Gaona, en la investigación condensada en su libro “La Constitución soy yo”, ilustró sobre cómo es posible desmantelar el orden constitucional desde adentro. Y es que, si miramos internamente nuestro país, en el año 2004 el Congreso de la República aprobó un acto legislativo que permitió posteriormente en el año 2006 la reelección del expresidente Álvaro Uribe Vélez.


Por ello, es que un proceso de reforma constitucional debe responder a un análisis serio del Estado, pero surge un gran interrogante: ¿es válido qué el Gobierno nacional pretenda modificar la Constitución para implementar proyectos que no le fueron aprobados? Y la respuesta es no. Particularmente, considero que para cambiarla debe exigirse un alto consenso, una gran responsabilidad, y una visión a largo plazo. En ese sentido, más que el contenido de la propuesta (en sí, no es mala), lo preocupante es el contexto en el que surge, porque desde mi punto de vista, aquí el problema no es la Constitución en sí misma, como la idea que los relatos populistas quieren vender, sino la falta de acuerdos políticos, y eso es otro asunto.


En últimas, el Gobierno nacional ha declarado la intención de no querer cambiar la Constitución, expresan que buscan solamente agregar dos capítulos, pero el camino que pretenden, desde el punto de vista técnico y jurídico, es contradictorio con el discurso retórico y populista que manejan. El anterior debate, se posicionó como uno de los puntos centrales de la contienda electoral, donde dichos participantes en ese camino por la Presidencia de la República, han manifestado discursos y propuestas en torno a esto. No obstante, una constitución no debe ser acorde al pensamiento ideológico de un sector político de turno, por tal razón, un mensaje claro y contundente que sugiero, deberíamos tener como ciudadanos y ciudadanas por la defensa de la Constitución es: Esto es en serio ¡No todo vale cuando se trata de la Constitución!

ISSN: 3028-385X

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