¿Eliges tú o el algoritmo?

Foto: María Fernanda Londoño / Unimedios

Karen Sofía Sarmiento
Universidad Militar Nueva Granada
Faltan menos de dos semanas para las elecciones presidenciales en Colombia y , por ahora, las campañas electorales parecen más un reality show que un escenario de debate y liderazgo político. Cada día aparece alguien jugando fútbol, bailando con tigres o haciendo trends virales de Tik Tok. La pregunta incómoda es: ¿Cuándo vamos a escuchar propuestas de verdad? ¿Cuando veremos un debate donde la opinión pregunta y los candidatos demuestren su liderazgo?
Estamos viviendo una realidad alterna donde los likes tiene más eso que los argumentos, y donde cualquier persona con suficiente “carisma” en pantalla podría terminar gobernando un país que, es profundamente rico pero también herido al mismo tiempo: conflicto interno, grupos armados con control territorial, economías ilegales que llevan décadas sin resolverse. Entonces, ¿acaso esto es un episodio de Black Mirror? ¿Estamos votando por quien más se ajuste a nuestros ideales, o por quien mejor nos entretuvo?
Casi todos los candidatos han apostado por usar inteligencia artificial: caricaturas virales, montajes siendo superhéroes, y en algunos casos audios falsos para desprestigiar a sus rivales. Es básicamente, el manual de Bukele y Trump llamado: campaña sucia, pero traducido a la cotidianidad colombiana. El problema es que Colombia no tiene todavía ningún marco normativo que regule la creación y difusión de información. Y eso tiene consecuencias fatales. El analista político Yann Basset de la Universidad del Rosario, nos advierte que esta dinámica hace que las campañas se enfoquen cada vez más en contenido para redes y cada vez menos en espacios de confrontación entre los candidatos. El resultado de ello es una democracia que se va vaciando poco a poco, donde el voto termina siendo para quien te hizo reir o para quien simplemente màs viste mientras scrolleas.
El instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA) lo advirtió con claridad: la inteligencia artificial podría reconfigurar el escenario electoral en América Latina agravando los problemas que ya existen en la forma en que se crea, selecciona y difunde información. En Colombia, donde la desconfianza en las instituciones es estructural, un audio falso no necesita sonar perfectamente real para hacer daño. Solo necesita llegar en el momento justo.Para cuando se desmiente, ya alteró la percepción de miles de personas.
Sin embargo, lo más preocupante no es que los candidatos usen IA. Lo preocupante es lo que eso revela sobre nosotros: sobre la poca seriedad que tenemos respecto a algo tan importante como es elegir quien va a gobernar el país durante los próximos cuatro años. Estas estrategias no son para darse a conocer. Buscan movilizar a las personas desde el miedo o desde la rabia, que son, sin duda los dos sentimientos que más fácil nos mueven. Por esto mismo el acto más democratico que podemos hacer actualmente es preguntarnos: ¿cuánto de lo que pienso políticamente lo construí yo y/o cuánto fue instalado por un algoritmo que aprendió exactamente qué tipo de contenido me hace reaccionar?
Como sociedad tenemos la responsabilidad de decirlo sin rodeos: si la democracia necesita una realidad compartida basada en hechos y liderazgo para funcionar, entonces permitir que la IA destruya esa realidad no es un problema de comunicación sino una amenaza directa al ejercicio de la democracia.
El 31 de mayo, millones de colombianos van a elegir presidente. Algunos lo harán pensando en el tigre que baila. Otros, en el audio que les llegó por whatsApp y que nunca se tomaron el tiempo de verificar. La inteligencia artificial no va a desaparecer, todo lo contrario, cada día estará más en nuestra cotidianidad. Pero nunca debe reemplazar el debate real, eso sería una derrota para nosotros mismos. Así que la próxima vez que le llegue un video, una noticia, un tik tok de un candidato haciendo algo épico o terrible, hágase una sola pregunta, ¿ esto pasó de verdad?
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