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“Bombita”: alienación y violencia

Foto: “Relatos Salvajes” (2014)
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Simón Santamaría Cifuentes

Universidad EAFIT

Damián Szifron es un director argentino reconocido por su fructífera trayectoria filmográfica. Sus trabajos más reconocidos son los largometrajes Misántropo (2023) y Relatos Salvajes (2014), este último producto siendo una cinta de comedia oscura satírica que contiene seis cortometrajes que abordan historias desconectadas la una de la otra. El único factor común que atraviesa a las historias en conjunto es el desbordamiento emocional que cada protagonista presenta, y, asimismo, las consecuencias que conlleva ese estado anímico llevado a su máxima manifestación. En esta reseña crítica se abordará una de esas historias: “Bombita”. En especial, se analizará cómo algunos individuos en sociedad desarrollan conductas alienantes, lo que se traduce en vidas no resonantes y faltas de afección. Este tipo de vida se ve ilustrado en el corto a través del rol antiheroico que el protagonista encarna mediante su actuar frente a las situaciones que se ve forzado a afrontar.


“Bombita” representa la alienación de un sujeto atrapado en una sociedad burocrática, productivista e indiferente, donde los vínculos con el trabajo, la familia y las instituciones se deterioran progresivamente. A partir de la figura de Simón Fisher, el corto expone una vida no resonante, marcada por la pérdida de reconocimiento, la desconexión afectiva y la imposibilidad de establecer un diálogo real con el mundo que lo rodea. En este sentido, el protagonista encarna un rol antiheroico: sus acciones pueden ser comprendidas como respuesta a un sistema opresivo, pero no por ello dejan de revelar las consecuencias destructivas de esa alienación.


La búsqueda de la vida buena ha sido una pregunta que ha acompañado a la humanidad por casi toda su existencia. Desde Aristóteles y su concepto de eudaimonía hasta Martha Nussbaum y su enfoque de las capacidades. Otras respuestas a esta gran duda nos las proporcionan los ismos: Budismo, Islamismo, Hinduismo, Zoroastrismo, etc. En la filosofía social contemporánea, uno de los autores más respetados que cuestiona la vida buena es Hartmut Rosa, especialmente a partir de su teoría de la resonancia. Para Rosa, la vida buena no depende únicamente de los recursos o bienes disponibles, sino de la calidad del vínculo que el sujeto establece con el mundo. En este sentido, Rosa afirma que “la vida humana es lograda […] cuando los sujetos tienen experiencias constitutivas de resonancia, y, en contraste, es malograda cuando las esferas de resonancia son sistemáticamente reprimidas por patrones de relación muda” (Rosa, como se citó en Gros, 2020, p. 496).


La medida de la positividad, o no, de nuestra vida se define en base a nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Simon Fisher carece de afección en las esferas de resonancia tanto horizontales (familia, amistad) como diagonales (trabajo, consumo). Es particularmente peligroso que un sujeto caiga en esta espiral de alienación, ya que las respuestas que el individuo puede encontrar ante dicha enajenación pueden resultar dañinas para la sociedad y para sí mismo. En “Bombita”, esta espiral de alienación se manifiesta a través de la relación conflictiva que Fisher establece con las instituciones. Las multas, los trámites y la indiferencia de los funcionarios no aparecen únicamente como obstáculos administrativos, sino como síntomas de una sociedad incapaz de escuchar al individuo. Szifron construye así un entorno frío y repetitivo, donde el protagonista no encuentra espacios de reconocimiento ni de diálogo. Cada intento de Fisher por explicar su situación termina siendo absorbido por una lógica burocrática que lo reduce a un número, a una infracción o a un procedimiento. En esta misma línea, Magalhães afirma que “la falta de ética, generada por la falta de información y el vicio de la depreciación irónica por parte de los funcionarios, conduce al pacífico personaje [Fisher] a la violencia, a la prisión, al divorcio y al despido” (Magalhães, 2019, p. 10).


En la cultura pop existen múltiples referentes atravesados por la alienación en sociedad, Travis Bickle en Taxi Driver es uno de ellos. Se puede evidenciar en este personaje las mismas características de desconexión y un desenlace parecido que, a su vez, también experimenta Fisher. Ambos protagonistas, a su manera, fungen como individuos marginales dentro de la sociedad; Travis, padeciendo las consecuencias de vivir una guerra ajena y Simon, viviendo la subordinación que las reglas de una sociedad productiva e indiferente lo obligan a asumir. En ambas historias los dos protagonistas terminan encarnando un rol antiheroico, siendo idolatrados dentro de su esfera social pero al mismo tiempo siendo odiados por el sistema que los llevó a volcar su vida a la violencia. Magalhães (2019) afirma que “curiosamente [Fisher] es amado sólo cuando perpetra el acto de venganza” (p. 13).


¿Qué sentido tiene una sociedad de derecho que premia al individuo cuando este mismo rompe la ley? La aceptación de la ciudadanía frente a actos que a priori parecen violencia individual, manifiesta, en realidad, un descontento masivo por parte de la sociedad a las instituciones. Como señala Magalhães (2019) “Mientras el individuo seguía las normas, era castigado por las reglas y reglamentos. Al infringir esas normas […] es perdonado” (p. 10). “Bombita” presenta un claro ejemplo de la alienación resonante en conjunto; cuando las experiencias alienantes son compartidas por sectores de la sociedad, se traduce en un sentir colectivo positivo cuando existe un detonante que convoque a la voz pública. Simon Fisher era consciente de ese sentir colectivo, ataca a las instituciones y no a sus portantes. “Bombita” nos presenta una pista clara desde su nombre, pues la intención de Fisher fue plantar una bombita, un explosivo contenido y pequeño que atacase a las estructuras del sistema. Simon tuvo un último momento de lucidez, bajo su argumento de explosión no planeada hubiera podido incrustar el discurso de no culpabilidad ante la muerte de los trabajadores presentes en el edificio, aun así decidió no detonar una simple bomba.


En última instancia, “Bombita” no construye una defensa ingenua de la violencia, sino una reflexión incómoda sobre las condiciones que permiten que ésta sea celebrada. El corto evidencia cómo una sociedad burocrática, indiferente y productivista puede desgastar los vínculos del individuo hasta convertir su frustración en una forma extrema de respuesta. Fisher no aparece como un héroe en sentido estricto, pero tampoco como un simple criminal; su figura antiheroica funciona precisamente porque concentra un malestar colectivo que muchos reconocen, aunque no todos se atrevan a manifestar. En este sentido, Cappello (2008) afirma que “el antihéroe, en cambio, se basa en la contradicción; es, por encima de todo, un hombre, con sus defectos y sus virtudes” (p. 172). Por ello, la potencia crítica del episodio radica en su ambigüedad: Szifron obliga al espectador a comprender la rabia del personaje sin absolver del todo sus actos, mostrando que una vida no resonante no solo destruye al sujeto que la padece, sino que también revela las fracturas éticas de la sociedad que la produce.


Después de analizar “Bombita”, considero que la historia de Simón Fisher no puede entenderse solamente como la caída de un hombre violento o descontrolado. Más bien, lo que el corto deja ver es el desgaste silencioso de alguien que poco a poco va perdiendo su vínculo con el mundo. Fisher no estalla de la nada: antes de llegar a ese punto ya ha sido reducido por las instituciones, desplazado de su propia familia y obligado a funcionar dentro de una sociedad que parece exigirle obediencia, pero no ofrecerle escucha. En ese sentido, lo que más me interesa del corto es que su violencia no aparece como una simple decisión individual, sino como el resultado de una vida que ha dejado de encontrar espacios de reconocimiento. Al final, “Bombita” me hace pensar que cuando una sociedad no permite el diálogo, la frustración puede terminar buscando formas peligrosas de hacerse visible.


Recomendaría ver “Bombita” porque es un corto que incomoda de una manera muy efectiva. No creo que su intención sea justificar lo que hace Fisher, pero sí obligarnos a preguntarnos por qué su acto termina siendo comprendido, e incluso celebrado, por otras personas. Esa contradicción es lo que vuelve tan potente al relato: se sabe que la violencia no debería ser una respuesta aceptable, pero al mismo tiempo se entiende el cansancio, la rabia y la impotencia que llevan al personaje hasta ese límite. Por eso, me parece una obra valiosa, porque no deja al espectador en una posición tranquila. Al contrario, lo enfrenta con una pregunta difícil: qué tan lejos puede llegar una persona cuando siente que el mundo dejó de responderle.


Referencias


Cappello, G. (2008). Configuración y tiempo del antihéroe. Contratexto, (16), 171-181. https://doi.org/10.26439/contratexto2008.n016.789

Magalhães, A. L. (2019). Relatos salvajes: humor y miedo como arte. Metáfora. Revista de literatura y análisis del discurso, 1(2), 1-14. https://doi.org/10.36286/mrlad.v1i2.21

Gros, A. E. (2020). ¿Una teoría crítica fenomenológica? Resonancia, alienación y crítica de la sociedad en el pensamiento de Hartmut Rosa. Argumentos: Revista de crítica social, 22, 485-519.

Scorsese, M. (director). (1976). Taxi Driver [Película]. Columbia Pictures.

Szifrón, D. (director). (2014). Relatos salvajes [Película]. K&S Films.

ISSN: 3028-385X

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