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Conectados con el mundo, pero perdidos en la soledad

Foto: Filosofía en la Red
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Isaías Pérez Macías

Universidad del Atlántico

Hablar de amistad en pleno siglo XXI, se ha vuelto más que necesario, pues la amistad, tal como la conocíamos o como la soñábamos de niños, está en total decadencia, en plena vía de extinción o transformación absoluta.


Quizás, lo anterior responde, a qué nuestra sociedad no es estática y que por el contrario está en constante movimiento, dando como resultado el cambio y la adaptación de nuestras cotidianidades al boom del momento.


Si bien, las redes sociales y la globalización como tal nos han transformado en individuos hiperconectados, la forma en que entendemos hoy día la amistad se reduce a algo que se cuantifica en seguidores, reproducciones, reposteadas, likes y conexiones, que se adquieren de la publicación en redes sociales de nuestros mejores momentos vividos, lo que ha llevado a crear una industria que comercializa nuestras emociones y relaciones interpersonales, ocasionando que cada día estemos más conectados y más solitarios a la vez y que suframos del Síndrome de las redes sociales: conectados con el mundo, pero perdidos en la soledad.


El sociólogo Zygmunt Bauman, no se equivocó cuando manifestó que vivíamos en tiempo de modernidad líquida, dónde todo es efímero e inestable. Nuestras amistades no escapan del todo de esta lógica, han perdido la solidez que las caracterizaba y se han transformado en amistades líquidas ¿Cómo así que líquidas? Si, como todos los líquidos siempre pierden su forma, y es ahí donde la amistad se adapta a la lógica del mundo que prioriza lo inmediato y superficial en lugar de lo duradero y estable.


Está hiperconectividad, que nos trajo la globalización, tiene dos matices que debemos analizar en el ámbito de la categoría: amistad y las relaciones interpersonales, pues si bien, esta no nos aísla de un todo de nuestros amigos, nos hace depender en gran medida de los demás de manera superficial, pero ¿en qué momentos empezamos a confundir contactos con amigos? Y la respuesta a esto no es muy compleja, empezamos a confundir nuestros contactos de las redes sociales con amigos el día que empezamos a comercializar nuestras emociones y momentos de ocio y darle entrada a nuestra vida a la lógica del mercado, del consumo donde todo se exhibe, se mide y en algunas ocasiones se comercializa.


Lo anterior, no se queda allí, pues nos hemos vuelto más individuales con la llegada de las redes sociales, lo que se traduce en menos amigos, menos capacidad de crear comunidad y menos interacción con los demás y lo que antes requería de nuestros amigos, como salir a playa, a comer, a bailar y posar en fotos juntos ha quedado en el pasado, pues las redes sociales en su afán de comercializar las emociones y las acciones de las persona, han llevado a qué estás tengan que gestionar sus propias vidas sin la necesidad activa de los demás y en caso de requerir de otras personas, amigos o no, estos son en últimas reemplazables u opcionales, pues las redes demandan perfiles con identidad individual que venda felicidad trayendo como consecuencia la primacía del “Yo” sobre el “nosotros”.


Esa primacía del “Yo” sobre el nosotros, hace que las personas se sientan presionadas constantemente en ser autosuficiente en redes sociales, debilitando así las amistades y cada una de nuestras relaciones sociales, en dónde las personas son vistas como utilidades potencializadoras de visitas y reacciones en sus perfiles y no como algo recíproco, es por esto que actualmente acostumbra ver personas allegadas con celebridades dónde aparentan ser amigos y llevarse de lo mejor, Pero que en realidad no se conocen en lo mínimo, porque se busca la utilidad, en lugar de una amistad tradicional.


Ahora, hasta es imposible quedar para un plan con amigos, y en caso de lograrlo todos en el mismo lugar son esclavos de una red social. No exagero que estando en el mismo espacio- tiempo se escriben por redes porque se les hace más fácil interactuar de esa manera que cara a cara.


Al final la pregunta que realmente nos debemos hacer, no es si estamos conectados, sino, si ¿Tenemos la capacidad aún de crear relaciones estables y duraderas que desafíen el estar detrás de una pantalla?

ISSN: 3028-385X

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