El poder protege, el silencio pesa

Foto: Asociación Española de Consultores

Sara Velandia Benito
Universidad Libre
Los recientes testimonios de mujeres que fueron acosadas en canales de televisión como RCN y Caracol no son una simple coincidencia sin más: es la revelación de un patrón, una estructura, un sistema que se ve a diario en grandes empresas y que, años después de sufrirlo, las víctimas deciden hablar, la mayoría de ellas, una vez fuera de la empresa, porque dentro de esta es imposible denunciar por el miedo que invade a muchas.
Estos testimonios han llevado consigo revuelo, y, en la reciente entrevista de la actriz y escritora María José Martínez para el podcast Vos podés, se evidencian distintos patrones por los cuales las mujeres debemos pasar para que nuestros testimonios sean creídos y evitar cualquier tipo de cuestionamiento. Porque las mujeres no aprendimos a dar testimonio, sino a primero dar contexto, explicar qué hacíamos en ese lugar, por qué estábamos vestidas de aquella manera y, una vez realizado esto, dar testimonio con toda la seguridad de que sí nos van a creer, ya que sin estos elementos, seremos cuestionadas desde todos los aspectos posibles. Cosa que los hombres no se ven obligados a realizar, y es aquí donde se evidencia una desigualdad que termina en revictimización.
Colombia es un país donde se habla mucho sobre “meritocracia” y para muchos, las figuras de poder más grandes han llegado a donde están por medio de la misma. Sin embargo, la meritocracia no solo te lleva al éxito, te lleva a acceder a distintas cosas, entre ellas el reconocimiento, la fama, y a hacer lo que a estos personajes les da la gana o “tener todo lo que quieren”, como el presentador de MasterChef acusado de acoso sexual. Llegar a esta mentalidad no se da de un día para otro; conlleva un proceso, en el cual, efectivamente, les confirma a estos personajes que, sin importar qué es o cómo es, pueden tener lo que les plazca, incluso el cuerpo de una mujer, porque para muchos afuera, no es un humano, no es una persona, es el mismo pan que compras para el desayuno, consumible.
Las estructuras de poder donde el hombre intimida y la mujer se esconde no solo se evidencian en Caracol Televisión o RCN; son evidentes en todos los ámbitos donde un hombre puede subordinar a una mujer. Esto pasa tanto con el jefe de Caracol Televisión como con el jefe de área de KOAJ; es común en las empresas y, tristemente para muchas de nosotras, normalizado por nuestro entorno. Esto es lo que le brinda comodidad a los abusadores y lo mismo que permite que esta situación se presente en reiteradas ocasiones con distintas mujeres, porque desafortunadamente, muchas decidimos callar por miedo. Sin embargo, cuando una levanta la voz, se convierte en un efecto dominó donde las demás se sienten seguras de hablar, porque ya saben que no son las únicas, y es allí donde nace decirle a aquella mujer con miedo: “Yo te creo, colega”.
Estas dinámicas no solo se sostienen en el poder dentro de las empresas, sino también en lo que aprendemos y normalizamos desde antes. Es en este punto donde la educación es importante, y no, quizás no sea culpa de los padres criar abusadores, pero sí influye su silencio y el hecho de evitar temas que podrían ser incómodos. Estamos acostumbrados a decir que los hombres deben aceptar un “no” como respuesta, sin embargo, quedarse en silencio, quieta (o en la mayoría de los casos paralizada por miedo), o simplemente ir pasando por un pasillo solo mientras llevas puesta una falda, no es consentimiento; este mismo no termina en palabras, sino que va más allá.
Y desafortunadamente, no es suficiente con tener miedo desde el momento en que pones un pie afuera, también tienes que tener miedo en los espacios de trabajo más codiciados del país. Sin embargo, RCN y Caracol no son un caso aislado. ¿Quién me asegura que en otros espacios igual de relevantes no pasa lo mismo? La respuesta es incómoda: nadie. Porque no es un caso aislado, es una estructura que sigue intacta y, mientras siga intacta, el miedo también.

