La evolución del concepto de comunicación: de la transmisión al encuentro

Foto: Cursos y carreras

Estefanía Guerra Ordóñez
Universidad Minuto de Dios
A lo largo del proceso académico como estudiante de Comunicación Social y Periodismo, que ya está por finalizar, el concepto de comunicación ha experimentado una transformación profunda. Al inicio de la carrera, se comprendía de manera limitada, como un esquema lineal compuesto por emisor, receptor, mensaje, canal y código. Era una visión centrada en la transmisión de información y, sobre todo, en la comunicación mediática. En ese momento, comunicar parecía sinónimo de informar: hacer llegar un mensaje claro y eficaz a una audiencia.
Sin embargo, con el paso del tiempo y el avance en la formación profesional, esa visión comenzó a transformarse. La comunicación dejó de entenderse como un proceso técnico o instrumental para concebirse como un fenómeno social, humano y relacional, donde lo importante no es solamente enviar mensajes, sino construir significados compartidos. Comunicar, entonces, no implica “depositar información” en otro, sino generar encuentros, diálogo y participación.
Entonces teniendo en cuenta la formación en el posgrado sobre Comunicación Estratégica para las Organizaciones; en el campo de la comunicación organizacional, el diálogo y la participación resultan esenciales. Para resolver conflictos, no basta con emitir órdenes o mensajes verticales: es necesario propiciar espacios donde las personas afectadas puedan expresarse y ser escuchadas. Solo a través del diálogo participativo es posible analizar los problemas y alcanzar soluciones estratégicas que integren todas las voces.
Gabriel Kaplún (2007), en Comunicación organizacional: la importancia de los bordes y las ventajas de agacharse, plantea una visión de la comunicación que invita a mirar “desde los bordes” y a “agacharse” para escuchar a quienes están en los niveles más bajos o periféricos de las organizaciones. Kaplún demuestra que la comunicación no solo ocurre en los mensajes institucionales o las estrategias formales, sino también en los gestos, las relaciones y los silencios que configuran la vida cotidiana de una organización. Desde esta perspectiva, la comunicación revela cómo se construyen las relaciones de poder y de sentido entre quienes conforman una comunidad. Entenderla así implica reconocer que todos comunican, no solo los líderes o voceros oficiales. En ese sentido, “agacharse” no representa debilidad, sino empatía y escucha: significa mirar desde abajo para comprender mejor los flujos, tensiones y emociones que atraviesan la comunicación humana.
De manera complementaria, Futuro en tránsito amplía la reflexión hacia el ámbito ético y social de la comunicación. En este texto, Jaime Abello Banfi (2022) propone pensar la comunicación como una herramienta para superar la incomunicación histórica que ha marcado a Colombia, una incomunicación producto de las desigualdades, divisiones políticas, violencia y barreras culturales. Según el autor, el desafío actual no es solo tecnológico, sino humano: la sociedad necesita recuperar la capacidad de poner en común, compartir y escuchar, tal como sugiere la raíz latina del término communicare. Así, la comunicación deja de ser un instrumento de poder y se convierte en un medio para reconstruir los lazos sociales y fortalecer la convivencia.
Por su parte, Adriana Villegas (2022) define la comunicación como un espacio para oír, disentir e incluir. Esta concepción implica reconocer que comunicar también es confrontar ideas, debatir con respeto y abrir espacio a la diferencia. Desde esta mirada, la comunicación no busca uniformar, sino abrir caminos para la diversidad y el pensamiento crítico. Comunicar, entonces, no es convencer, sino dialogar.
Durante el proceso formativo, asignaturas como Territorio e identidades han aportado una comprensión más profunda de la comunicación comunitaria desde las luchas territoriales y los bienes comunes. Estas enseñanzas permiten pensar la comunicación “desde lo común”, entendiendo que las comunidades no solo reciben información, sino que también producen y gestionan su propia comunicación, generando autonomía, voz y sentido colectivo. Asimismo, la asignatura Comunicación ética y estética ha permitido reflexionar sobre la empatía, la solidaridad y la ética como respeto y bienestar por los demás. Como señala Ryszard Kapuściński (2002), “un buen periodista es, ante todo, una buena persona”, recordándonos que la comunicación ética se fundamenta en la humanidad, la sensibilidad y la responsabilidad hacia el otro.
Teniendo en cuenta lo anterior, durante la salida de campo a Benposta Nación de Muchach@s Colombia, se tuvo la oportunidad de convivir un día con los niños y jóvenes que habitan allí, conociendo de cerca su forma de vida y organización. En este espacio, los mismos niños establecen sus propias normas, eligen a su alcalde y diputados, y mantienen una rutina basada en el respeto, la cooperación y la participación colectiva.
Como estudiante, correspondió compartir con los chicos menores de 14 años. El día inició un sábado con las labores del hogar, en las que las niñas se encargaban de limpiar el patio, tarea en la que también se participó. Luego, todos se reunieron para desayunar y continuar con las actividades cotidianas. En Benposta, cada integrante tiene voz y los problemas se comunican abiertamente para ser resueltos de manera colectiva, de acuerdo con las políticas internas que ellos mismos han construido.
El lugar cuenta incluso con su propia bandera y símbolos de identidad. Durante la jornada, los visitantes aprendieron los diferentes significados que algunas palabras adquieren según las regiones de origen de los niños, muchos de los cuales provienen de contextos de conflicto. Una de las niñas, por ejemplo, preguntó qué significaba la palabra “compa”. Como estudiante, respondí que la entendía como “amigo o amiga”, pero la niña explicó que en su territorio ese término se asocia con la guerrilla. Este intercambio generó una profunda reflexión sobre la diversidad cultural y lingüística.
Antes de iniciar el día, todos los niños realizan una oración o acto espiritual libre, respetando las creencias individuales sin imponer ninguna religión. Además, cuentan con una huerta comunitaria y desarrollan actividades artísticas como el teatro. Esta experiencia resultó profundamente significativa, pues permitió reconocer la importancia del aprendizaje mutuo y la comunicación como herramienta de convivencia. En Benposta, todos aprenden de todos, y aquel día el verdadero propósito fue aprender de los niños y jóvenes que allí construyen, día a día, una comunidad basada en la paz, la autonomía y la solidaridad.
A partir de estas lecturas, experiencias y reflexiones, el concepto de comunicación ha adquirido un sentido mucho más amplio y profundo. Ya no se concibe como una línea que va del emisor al receptor, sino como un tejido de relaciones donde todos participan. La comunicación se entiende como un proceso permanente, en el que cada palabra, gesto o silencio tiene un valor simbólico capaz de unir o separar a las personas. Es, además, una práctica política, porque implica reconocer las voces que históricamente han sido excluidas y darles un lugar en la conversación social.
En este punto del proceso formativo, se puede afirmar que la comunicación no solo es una herramienta profesional, sino una forma de mirar y habitar el mundo. Es una práctica de encuentro, construcción y transformación. En las organizaciones, en los medios o en la vida cotidiana, comunicar supone siempre una relación de reciprocidad: escuchar al otro, comprenderlo y permitir que nuestras propias ideas cambien en el proceso.
La evolución del concepto ha sido, por tanto, también una evolución personal. Pasar de ver la comunicación como una simple transmisión de mensajes a entenderla como un proceso vivo y participativo significa reconocer la responsabilidad que tiene quien comunica. Cada acto comunicativo deja huella, crea sentidos y contribuye a formar realidades. En ese sentido, comunicar es también un acto ético, porque involucra respeto, escucha, coherencia y compromiso con la verdad.
En síntesis, la comunicación, vista desde esta nueva perspectiva, es una práctica de convivencia y construcción colectiva de sentido. Todo comunica: las palabras, los silencios, los gestos y las ausencias. Y comunicar bien no es solo hacerlo con eficacia, sino hacerlo con conciencia, apertura y respeto por la diversidad. La comunicación, más que un medio para informar, se convierte en una manera de transformar la realidad y de participar en ella junto a los otros, construyendo vínculos, acuerdos y esperanza en medio de las diferencias.
Referencias
Abello Banfi, J. (2022). Futuro en tránsito: Comunicación, medios y transformación social en Colombia. Fundación Gabo.
Kaplún, G. (2007). Comunicación organizacional: La importancia de los bordes y las ventajas de agacharse. Universidad de la República.
Kapuściński, R. (2002). Los cínicos no sirven para este oficio: Sobre el buen periodismo. Anagrama.
Villegas, A. (2022). En J. Abello Banfi (Ed.), Futuro en tránsito: Comunicación, medios y transformación social en Colombia. Fundación Gabo.

