No fue protesta, fue berraco estallido

Foto: International Crisis Group

María Alejandra Puerta
Universidad Católica Luis Amigó
“Es el momento de parar por la vida, paz, democracia y contra el nuevo paquetazo de Duque”.
Este fue el tajante lema a través del cual se convocaron las primeras manifestaciones en el año 2021. Un país cansado de callar salió a las calles, no solo con enojo y rabia, sino también con un profundo sentimiento de resiliencia, hambre de paz y justicia que impulsaron uno de los acontecimientos más importantes para Colombia.
Según un artículo de la revista 100 Días, redactado por Marta Cecilia García, el 28 de abril fue la fecha oficial en la que el estallido social dio comienzo, pasando a la historia como un suceso de gran impacto para el país: el 28A. Diversas comunidades y sectores sociales estuvieron de acuerdo con la invitación, puesto que se alineaba con parte de sus demandas.
Posteriormente, explica García, “el paro del 28 de abril se traslapo con movilizaciones de varios actores sociales que estaban expresando demandas propias” como los cumplimientos de acuerdos de paz o la protesta en contra del reclutamiento forzado por parte de grupos armados, así como el asesinato de líderes sociales.
Sin embargo, más allá de todas las mitificaciones acerca de este suceso, lo cierto es que el paro nacional representó una idea que venía haciéndose más fuerte a medida que más voces se sumaban: el cuestionamiento a la hegemonía.
De acuerdo con el libro “El pueblo en las calles: Memorias de resistencia y represión en el estallido social de 2021” por el centro Nacional de Memoria Histórica, esto se observa cuando, en medio de la emergencia sanitaria, la indignación proliferó debido a la reforma tributaria que se consideraba vulnerante para la economía de las personas con bajo recurso capital.
“Aquel pueblo sin piernas pero que camina, ese es Colombia”
Julio Cesar Gonzales Quiceno, mejor conocido como “Matador”, uno de los más importantes caricaturistas del país, en una entrevista con fines académicos, declara que el estallido social del 2021 fue la tormenta perfecta, “ Creo que es el fenómeno político de los últimos 30 o 40 años, ¿por qué? Porque se dio el fenómeno de la primera línea. Acordémonos que eso fue post pandemia. Fue la reforma tributaria que iba a meter Duque, la represión en las calles. Entonces, eso dio lugar a una juventud indignada, juventud que no tenía nada que perder y como resultado llegó la izquierda al poder”.
La primera línea
En medio del desorden y el caos en las ciudades abundaban las víctimas, y en las redes sociales circulaba un alarmante y potente mensaje que dejaba estupefacto a todo aquel que viera las publicaciones relacionadas con este, aquellas compartidas por los manifestantes
que dejaban en evidencia la fuerte y violenta represión gubernamental que, con mano severa, castigaba a aquellos inconformes: “Nos están matando”.
Según un artículo de la revista La Marx Internacional, la primera línea es un organismo de autodeterminación autoconvocado e independiente del estado capitalista y los partidos políticos, un organismo que se autoorganiza para la autodefensa que surgió entre los años 2019 y 2021 bajo el contexto del paro nacional.
El artículo explica que los jóvenes se vieron obligados a proteger el derecho a la manifestación agredido permanente por los cuerpos de represión como el ESMAD (Escuadrón Móvil Anti-Disturbios) a través de estos grupos autoorganizados que tenían como objetivo protegerse de la desmedida fuerza de estos cuerpos. A medida que el tiempo pasaba, las primeras líneas unieron sindicatos, estudiantes y organizaciones sociales que les daban poder, debido a ello, según explica el artículo de La Marx, “el poder que alcanzaron las Primeras Líneas hizo que el gobierno intentará establecer Mesa de Diálogos con sus dirigentes”.
También se resalta que “la denominación de Primera Línea surgía como inspiración del proceso de Primera Línea que se estaba desarrollando en Chile” así como en otras partes del mundo, ya que el estallido social de 2021 tuvo sus raíces cuando, en 2019, el mundo atravesaba por una oleada de inconformidad que llevó a que residentes de diversos países se manifestaran, entre estos Chile, Ucrania o Estados Unidos.
Otros gritos, otras voces
“Todo arte es a la vez superficie y símbolo. Quienes se adentran en la superficie lo hacen a su propio riesgo. Quienes interpretan el símbolo lo hacen a su propio riesgo. Es al espectador, y no a la vida, a quien el arte realmente refleja” Oscar Wilde.
En el momento en el que se menciona la palabra “protesta” y la frase “estallido social” o “paro nacional” el significado de estas cae en una misma idea: violencia. Pero lo cierto es que, más allá de la quema de CAIS, de peajes, el derribamiento de monumentos o el enfrentamiento contra las fuerzas de opresión, el arte prevalece como una forma de protesta que también hace ruido, mucho ruido.
Martha García, en el artículo para Revista 100 Días, señala que en las manifestaciones “acompañaron los tradicionales repertorios de lucha con un despliegue de creatividad que incluyó música, canto, danza, pintura callejera, teatro, acciones performáticas, mascaradas, artes circenses, narración, cuento, poesía”.
Todas estas acciones no fueron meramente decorativas, pues al igual que los actos más violentos, tenían un objetivo: hacerse oír. Es así como otras formas, tal vez un poco menos recordadas de manifestarse, salieron a la luz bajo el contexto de las medidas sanitarias por el COVID 19 con los cacerolazos.
Es entrada la noche, pero las ventanas no se cierran, en cambio resuenan y alumbran al ritmo de las cacerolas, que también hacen bulla por un país más justo.

