Pánico en la ruta B28

Foto: Nathalia Angarita / El País

Nicole Bourdon
Universidad Nacional Abierta y a Distancia
Bogotá, una mañana de jueves cualquiera. 11:00 a.m. en el “Portal Américas". El articulado de la ruta “B28” cierra sus puertas e inicia su trayecto hacia el norte, como de costumbre.
Lo que debía ser un viaje rutinario para decenas de ciudadanos, se convirtió en un calvario de violencia, gritos y, lo más preocupante, una absoluta negligencia institucional.
El estallido de la violencia
Todo comenzó a la altura de la carrera 30. Una mujer, habitante de calle que había tomado la ruta y aparentemente bajo los efectos de sustancias psicoactivas, irrumpió en la tranquilidad de quienes iban en el bus. El primer blanco fue un adulto mayor que se sostenía del barandal cerca de la puerta. Entre insultos irreproducibles y empujones, la agresora exigía un espacio que ya no existía. "Usted está loca", alcanzó a decir el adulto mayor tras recibir los primeros golpes, mientras la agresora se desplazaba al otro costado del bus. Allí, la situación pasó de la tensión al peligro de muerte.
Una mujer embarazada bajo ataque frente a los ojos de los pasajeros
La agresora fijó su atención en una joven embarazada que viajaba sentada. En un delirio de violencia, la habitante de calle empezó a gritar: "No me vean, que yo no soy hija de ninguna cabr*n*... no copio de nadie". Entre menciones erráticas al bazuco y amenazas directas, se ensañó con la joven, acusándola de ser "periodista de RCN". Lo que siguió fue un acto de bajeza: la agresora comenzó a escupir a la mujer embarazada e intentó golpearla, lanzándole patadas y halándola para derribarla al piso. Fue en ese momento cuando la solidaridad ciudadana actuó como escudo; los pasajeros presentes, incluida una mujer que se interpuso físicamente, evitaron que la agresión pasara a mayores.
La indiferencia al volante
Lo más indignante para las víctimas no fue solo el ataque, sino la respuesta de quien debía protegerlos. Ante los gritos de auxilio y el clamor unánime de los pasajeros para que el bus se detuviera y se activará el protocolo de seguridad, “el conductor se negó rotundamente”. El articulado siguió su marcha por la vía mientras la agresora continuaba fuera de control. La seguridad de una vida en gestación y la integridad de todos los ocupantes parecían no ser razón suficiente para que el operador detuviera la máquina, pese al clamor de quienes le gritaban desesperadamente que parara el bus para bajar a la agresora antes de que se empeorará más la situación.
El motín por la vida
Ante la desesperación y la falta de respuesta del conductor, un joven tomó la única salida posible: como pudo “rompió el sello de seguridad de emergencia que se ubica sobre la puerta” El bus, bloqueado por su propio sistema de protección, se vio obligado a parar en seco cerca de la estación “Avenida el Dorado”.
En un acto de defensa propia colectiva, tres hombres del bus tomaron la decisión de bajar a la agresora a la fuerza para proteger a la joven embarazada. La respuesta de la atacante al ver que fue bajada del articulado, en un último acto de violencia: recogió una piedra de gran tamaño y la lanzó con furia contra el vidrio del bus, justo donde los pasajeros se refugiaban, afortunadamente la piedra no causó ningún daño grave.
Un sistema que nos deja solos
Hoy, los usuarios de la ruta B28 se preguntan: “¿De qué sirve pagar un pasaje y cumplir las normas en un sistema que, ante una emergencia real, nos deja a merced del peligro?” La tragedia no ocurrió hoy, pero no fue gracias al sistema, sino a la valentía de unos pasajeros que se negaron a ser cómplices de la indiferencia.

