top of page

Un Estado ausente frente a la explotación de menores

Foto: Natalia Pedraza Bravo / El País
aranguren_edited.jpg

Natalia García Rodríguez

Universidad del Meta

Hay sentencias que no deberían quedarse archivadas entre páginas jurídicas ni convertirse únicamente en material de estudio para abogados o ciudadanos. La sentencia SP 287 de 2026 obliga al país a mirar una realidad incómoda: Colombia está perdiendo a sus niños, niñas y adolescentes frente a redes de explotación sexual que avanza mientras la sociedad normaliza el horror.


Hoy no solo desaparecen infancias. También desaparecen sueños, derechos y proyectos de vida.


Detrás de muchos casos hay menores manipulados por adultos, captados mediante engaños, redes sociales, falsas oportunidades económicas o promesas afectivas. Lo más grave es que, en numerosas ocasiones, el entorno guarda silencio hasta que el daño ya es irreversible.


La prostitución y la explotación sexual no puede seguir siendo tratadas como fenómenos lejanos ni como simples cifras jurídicas. Son una emergencia social.


Porque ningún niño nace para ser explotado.


Ninguna niña debería crecer creyendo que su cuerpo es una mercancía.


Ningún adolescente debería terminar atrapado en redes criminales mientras el Estado reacciona tarde.


El estado colombiano tiene la obligación de actuar con prevención, vigilancia y protección efectiva. No basta con capturar responsables cuando ya existen víctimas.


La verdadera justicia empieza evitando que los menores caigan en esos entornos oscuros donde la explotación se disfraza de oportunidades.


¿Dónde está el Estado cuando desaparece un niño?


¿Dónde están las instituciones cuando una menor termina siendo explotada sexualmente?


¿Dónde están las rutas de protección que prometen en campañas y discursos políticos?


Porque Colombia se acostumbró a reaccionar después de la tragedia. Siempre es tarde. Siempre cuando ya existe una víctima más.


Falló cuando permitió que las redes criminales encontraran en la pobreza y en el abandono el terreno perfecto para captar menores.


Falló cuando no fortaleció la salud mental, la educación y la protección social de miles de niños vulnerables.


Y sigue fallando cada vez que una denuncia no recibe atención inmediata.


Lo más grave es que muchas veces las autoridades conocen los riesgos, conocen los lugares, conocen las modalidades y aun así la respuesta sigue siendo lenta, burocrática e insuficiente.


No se trata únicamente de criminales aislados. Se trata de estructuras que funcionan porque existe permisividad, ausencia de control y negligencia estatal.


¿Hasta cuándo seguirá el Estado apareciendo únicamente para contar víctimas en lugar de prevenirlas?


La peor tragedia de Colombia no es solo que existan redes de explotación infantil.


La peor tragedia es que los menores están creciendo en un país donde quienes deberían protegerlos llegan demasiado tarde.


Y un Estado que no es capaz de defender a sus niños termina convirtiéndose en cómplice silencioso de quienes les destruyen la vida.

ISSN: 3028-385X

Copyright© 2026 VÍA PÚBLICA

  • Instagram
  • Facebook
  • X
bottom of page