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Foto: El Espectador

ENTREVISTA

“La cultura traqueta se ha apoderado de Colombia”: Ramiro Bejarano

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Santiago Orozco Uribe

Universidad de los Andes

Ramiro Bejarano Guzmán (Buga, 74 años) es abogado de la Universidad Externado de Colombia, especializado en derecho privado y con estudios de posgrado en París. Es profesor emérito del Externado, donde dirige el Departamento de Derecho Procesal. Fue director del DAS durante el gobierno de Ernesto Samper. Es columnista de El Espectador y es reconocido por sus columnas críticas sobre la política nacional.


Pregunta. Este gobierno se ha inscrito en una tendencia global de ejercer la política como si fuera un espectáculo: las puestas en escena, la teatralidad de las capturas, los regaños grabados a funcionarios, el uso de objetos como el woky toky o el arma al cinto, buscan generar un impacto mediático en los espectadores. ¿Qué opina de esta forma de hacer política?


Respuesta. Es una nueva forma de hacer política en Colombia que tiene unos propósitos que aún no hemos podido adivinar. A la gente del común le está gustando eso de que Abelardo salga a insultar a las personas que tienen mala fama, que los rete, les recuerde que pueden ir a la cárcel y que tome medidas de fuerza. La gente es ignorante y cree que así se ejerce la democracia. Creen que puede ser bueno para el país que haya un presidente que salga armado, que participe en los operativos, que trabaje hasta las dos de la mañana y que insulte a la gente. Creen que eso es hacer justicia y no se dan cuenta que, a la larga, eso va deteriorando la imagen de un gobierno internacionalmente. Da un perfil muy malo. No estoy de acuerdo con esa forma de hacer política, ni de meter el ESMAD a los museos o amenazar a las universidades. Todo eso debilita los derechos ciudadanos. Me aterra que mucha gente del común esté diciendo que este es el presidente que necesitábamos. Lo que me asalta respecto a su pregunta es que estemos asistiendo a un sistema de hacer política que conduzca a que, dentro de cuatro años, el señor Abelardo de la Espriella no quiera irse, sino que se haga reelegir. Porque tengo la impresión de que ellos llegaron no solamente a gobernar, sino a quedarse. De alguna manera ya lo manifestó el doctor Suárez cuando dijo que la guerra se gana si ganan las elecciones del 2027 y las del 2030. Esa fue una cosa que pasó desapercibida. Me temo que esta forma de hacer política, que obviamente viene copiada del modelo americano de Trump, está hecha no solamente para hostigar a los contrarios, sino para convencer a la gente de que lo que más le conviene a esta democracia es que el doctor Abelardo o alguien en su nombre continúe gobernando el país.


P. En menos de tres meses de gobierno ha habido aparentes casos de persecución contra periodistas críticos de la administración actual. Camila Zuluaga, Ana Cristina Restrepo y el caricaturista Vladdo perdieron su trabajo de un momento a otro. Usted, incluso, llegó a afirmar en una reciente columna que desde que inició su carrera como columnista no había recibido tantas señales hostiles de un gobierno. ¿Qué efecto cree que tenga este clima de zozobra en los periodistas?


R. Produce un efecto de intimidación y de autocensura, porque los periodistas tienen miedo. Tienen miedo, primero, por su seguridad personal; segundo, por sus trabajos, y, tercero, por sus familias. Este es un gobierno que no le temblaría la voz ni la mano para llegar ante los directores de medios, que son los primeros que se van acomodando en el concierto político, a decirles que saquen a un periodista incómodo. Más o menos lo mismo que hicieron en la ANDI: le pusieron un veto al doctor Bruce Mac Master y terminaron sacándolo. Eso está influyendo negativamente en el ámbito de los periodistas.

Foto: El Espectador

P. En su carrera como abogado, Abelardo de la Espriella fue acusado en reiteradas ocasiones de recurrir a prácticas cuestionables para obtener resultados favorables. Es conocida su afirmación de que “la ética no tiene nada que ver con el derecho”, así como su idea de que lo importante en la vida no es participar, sino ganar. Pese a la mala imagen que se intentó crear de él, fue elegido para el cargo más importante y poderoso del país. ¿Qué mensaje cree que le envió su triunfo al mundo del derecho?


R. El mensaje que le mandó a una buena parte de la población es que si este personaje pudo triunfar después de ser acusado de cosas tan graves, todos los demás pueden. Y obviamente eso incentiva a mucha gente a creer que ese ritmo de vida y esa forma de ejercer la profesión son buenos. Pero creo que para una buena masa de gente que está por encima del bien y del mal y que no está de acuerdo con esas cosas, eso que ha conseguido Adelardo no ha traído un mensaje de paz o de reconciliación, ni siquiera de admiración, sino de terror. Hay mucha gente intimidada. Uno empieza a advertir cuando sale a la calle o cuando va a un restaurante que el ambiente está muy caldeado. La gente le dice a uno que tenga cuidado. Creo que el mensaje que mandó esta elección es de mucha desilusión para demasiados colombianos.


P. Reggaetoneros, influencers, empresarios, políticos y hasta el mismo presidente de la República, que usted definió como el único abogado en Colombia que tiene avión privado, promueven una cultura de la ostentación y del dinero como no se veía desde los tiempos de Pablo Escobar. En una columna usted definió esto como “los tiempos del oropel”. ¿Qué cree que dice esto del país?


R. Es evidente que la cultura de la plata fácil ya penetró muchas conciencias. Yo me acuerdo hace 40 años, cuando el tema del narcotráfico no había hecho lo que hizo, cuando todavía no había matado a un ministro ni tampoco había pasado lo del Palacio de Justicia, que la gente veía el narcotráfico como una cosa lejana. Pero a medida que fue pasando el tiempo, esa plata fácil empezó a corromper a la gente y a muchos ya les dejó de parecer grave y delicado enriquecerse de esa manera. Lo que le ha dejado el narcotráfico a Colombia, además de las muertes y de la violencia, es una modificación de las costumbres culturales. Colombia era un país, si se quiere, parroquial, de gente ingenua, de gente que no estaba dispuesta a delinquir, que le parecía terrible la plata mal habida. Hoy en día, esa es la regla general: ver cómo los dineros fáciles empiezan a aparecer. La gente se da cuenta de que alguien empezó a tener carros, viajes, inmuebles, etcétera, y eso al grueso de la población no le dice nada. Y lo peor, ni siquiera a las autoridades. Aquí deberían investigar cómo, de la noche a la mañana, una persona aparece ostentando bienes y dinero sin tener cómo justificarlos. Eso es parte de esta cultura traqueta que se ha apoderado de Colombia.


P. Graves casos de corrupción, ineficiencia administrativa, denuncias por la presunta comisión de delitos y hasta escándalos personales mancharon el primer gobierno de izquierda en la historia de Colombia. ¿Cree que el gobierno de Petro les dio un golpe mortal a las posibilidades de la izquierda de volver a la presidencia?


R. Creo que sí, porque realmente fueron muchas las personas que pusieron sus esperanzas en Petro. Lo que le pasó a la gente fue una gran desilusión. La izquierda no ha desaparecido, por supuesto, porque tiene 13 millones de votos y ese es un capital electoral muy importante. Pero a medida que el gobierno de Abelardo va avanzando y van saliendo a la luz pública una cantidad de escándalos, la gente que en algún momento pensó que la opción era el progresismo de Petro no le volvería a jalar a esa aventura electoral.

Foto: Universidad Externado

P. El actual Congreso se ha distinguido más por el ruido, la patanería y los shows mediáticos que por un ejercicio legislativo serio y riguroso. Hoy, el valor de un político se mide por su viralidad en redes sociales. ¿Será esta una tendencia pasajera o tendremos que acostumbrarnos a este nivel?


R. Eso va a durar muchos años. El ejercicio de la política se ha deteriorado mucho porque las redes han permeado la discusión pública. Además, la discusión pública ya no está en manos de intelectuales de la política, sino de unos personajes expertos en enviar mensajes pequeños y situarlos en las redes. Por eso hoy en día usted ve que las universidades declaran que han perdido muchos ingresos: hay mucha gente que no quiere estudiar porque creen que tienen un mundo más fácil y mejor remunerado, que es el de los influencers. Creo que eso va a durar muchísimo tiempo. Todavía no se avizora cuál es el mecanismo ideal que lleve a las sociedades de todo el mundo a encontrar una solución para que no se siga vejando la vida pública de manera tan insustancial, peligrosa y ligera como hoy está ocurriendo.


P. Apenas van casi tres meses de mandato, pero la posición de muchos medios y periodistas frente al nuevo gobierno deja mucho que desear. Muchos de los que fueron incisivos críticos del gobierno anterior han adoptado una actitud más pasiva con el de De la Espriella. ¿A qué atribuye este cambio?


R. Es parte de lo que mencionaba antes: mucha gente que ahora se ve en una actitud diferente se está autocensurando porque tiene miedo. Hay muchos periodistas que saben que en este gobierno un buen día los llaman y les dicen “hasta aquí vino su contrato”. ¿Qué hace un periodista que tiene dos bocas que alimentar y una casa que mantener si mañana lo llaman del medio donde le pagan 15 o 20 millones de pesos y le dicen que ya no tiene trabajo? Obviamente esa es una preocupación gigantesca. Sin embargo, además del miedo también noto oportunismo. Al gobierno le gusta crear la sensación de que hay periodistas militantes de su causa y eso es lo que está ocurriendo. Es un tema que conduce a silenciar las voces y a imponer un criterio, y obviamente eso va de la mano de los empresarios. Seguramente hay empresarios que llaman a un medio de comunicación y dicen que no quieren seguir pautando porque creen que el medio tiene una línea política que consideran peligrosa. Eso es lo que creo que está pasando.


P. Muchos temían la estabilidad de la democracia en el gobierno de Petro. ¿Teme usted la estabilidad de la democracia en el gobierno de Abelardo?


R. Totalmente, y eso que apenas está empezando. A este gobierno le falta, por ejemplo, participar en la elección del próximo fiscal. He llegado a creer que tienen tanto afán que inclusive no les disgustaría que la actual fiscal renuncie para ellos poder nombrar a otro rápidamente. Siento que van a participar muy activamente en la elección de los próximos magistrados que debe proponer el gobierno para la Corte Constitucional. Va a ver usted que allí van a meter un alfil entrañable del gobierno. Creo que el gobierno quiere apoderarse de organismos como la Fiscalía y de las altas cortes, y muy seguramente no le será indiferente la suerte de la Procuraduría y de la Contraloría, que entre otras cosas se ha visto que hay una forma de corruptela de los congresistas que decidieron no volver a nombrar a un procurador o a un contralor si no ha trabajado con ellos. Eso obviamente va debilitando la democracia. De manera que yo no me hago ninguna ilusión de que esto vaya por buen camino.

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