Ojo con el 26

Juan Sebastián Trilleros
Universidad del Tolima
Faltando dos años para culminar el mandato del presidente Gustavo Petro, ya se comienza a hablar de la campaña presidencial. Tanto líderes de derecha como del “centro político” aprovechan los desaciertos del gobierno para hacer visibles sus perfiles como posibles candidatos presidenciales. En este punto, una administración y un sector de izquierda desprestigiados (en gran medida por los medios tradicionales), con un fracaso en la política de seguridad y su incapacidad de lograr la aprobación de las reformas sociales, evidencian la crónica de una muerte anunciada, dejando a la izquierda sin figuras políticas fuertes que reemplacen al presidente ante la opinión pública. Esto apunta a que la disputa electoral se enfocará en el centro y la derecha.
Las personas con tendencia de centro han sido el foco de atención de los dos extremos ideológicos. Tanto la izquierda como la derecha han buscado su respaldo. No obstante, en las últimas marchas en contra del gobierno y sus reformas se ha visto una gran participación de ciudadanos ajenos al uribismo, lo cual ayudó a llenar la Plaza de Bolívar en su última gran manifestación. Esto le sirvió al grupo liderado por el expresidente Uribe para demostrarle al resto del país que son mayoría y que son fuertes, a pesar de que muchas personas del centro asistieron por una inconformidad con el gobierno, sin darse cuenta de que dicha marcha estaba politizada. Fueron instrumentalizados.
Si bien hay reclamos válidos y críticas coherentes contra el gobierno, también es cierto que el uribismo y el resto de la derecha han utilizado tácticas de desinformación y engaño para sumar descontento social en las personas, que en su gran mayoría consumen medios tradicionales y se dejan influenciar por políticos cuestionables de la oposición, los cuales suelen ser contradictorios debido a que muchos de ellos, en algún momento, fueron parte del poder y no hicieron nada por solucionar problemáticas que le critican hoy a la administración actual.
En este sentido, hago un llamado a esas personas del centro político para que no se dejen instrumentalizar por el Centro Democrático, ya que al asistir a este tipo de marchas fortalecen una corriente política retardataria. En pocas palabras, el hecho de que sean “tibios” no los puede convertir en idiotas útiles del uribismo.
En el 2026 estará en juego los avances sociales, la implementación del Acuerdo de Paz, los distintos megaproyectos, los derechos ambientales, la transición energética y muchas cosas más. Una extrema derecha retardataria en el poder pondría en riesgo la implementación de los acuerdos, tal como se evidenció en el gobierno de Iván Duque. Además, implementaría políticas neoliberales que serían regresivas para el país. Figuras como María Fernanda Cabal y Vicky Dávila pueden ser fuertes candidatas presidenciales para las próximas elecciones.
Ahora bien, el centro político puede ser impredecible a la hora de gobernar, pero mucho menos nocivo que la extrema derecha. Catherine Juvinao o Katherine Miranda son figuras que saben moverse bien en el escenario político (y pasar desapercibidas cuando se alinean a intereses de grupos de poder, como los dueños de EPS). También están Alejandro Gaviria, Claudia López y Sergio Fajardo, los cuales son bien conocidos (en parte también por su oportunismo político).
Por último, la izquierda no tiene un candidato presidencial fuerte. Aunque no muy íntimo a Petro, Luis Carlos Reyes, exdirector de la DIAN y actual ministro de Comercio, conocido en redes como “Mr. Taxes”, puede ser un buen candidato debido a su gran acogida en la opinión pública.
Aún quedan dos años, suficientes para que el panorama político cambie y haya nuevos aspirantes y opciones políticas. Al final, del centro depende que se mantenga el progresismo o regrese el neoliberalismo. Mientras tanto, no hay que caer en la desinformación de quienes ya gobernaron y no hicieron nada, pues el odio o la inconformidad con el actual gobierno no debe ser la respuesta para volver al pasado.



