El amor en tiempos de “descartes”

Laura Camila Benavides
Unidad Central del Valle
Hoy en día no solo consumimos objetos: también consumimos personas. La sociedad nos ha hecho creer que las personas son reemplazables, desechables, y que si alguien no cumple nuestras expectativas (esas que construimos a partir de un reel o un TikTok sobre el “amor perfecto”), simplemente podemos descartarlo, esperando que llegue alguien mejor. Pero la mayoría de las veces, esa persona “mejor” nunca llega.
El resultado: cada vez nos cuesta más conectar de verdad con alguien; la mayoría de las relaciones actuales se quedan en lo superficial, regidas por la lógica del consumo. Ya no se construyen con paciencia ni compromiso, se consumen como si fueran productos con fecha de caducidad.
El “ghosting” se ha vuelto casi la norma, ya no nos tomamos el tiempo de conocer a la otra persona más allá de su fachada digital; basta con mirar su feed de Instagram para decidir si encaja o no con nuestra idea de pareja. Elegimos a las personas según lo que consumen, cómo se visten o qué muestran en redes, como si lo importante fuera si “mi novio combina con mi vibe” más que si realmente hay conexión emocional.
Y ahí está el problema: nos dejamos arrastrar por la cultura de la inmediatez, por la obsesión de estar siempre en tendencia, aunque eso nos esté desconectando de lo esencial. Olvidamos que las relaciones humanas no funcionan como el algoritmo de TikTok: no hay “skip” ni “refresh” que pueda sustituir la experiencia de conocer a alguien en profundidad, con sus matices, defectos y vulnerabilidades.
La solución no está en encontrar la “pareja perfecta”, sino en desintoxicarnos de esta lógica consumista. Conectar más con la vida real, darles un descanso a las pantallas y empezar a valorar la presencia, el tiempo y la autenticidad. Porque lo que más necesita nuestra generación no es un “match” más en Tinder, sino aprender a sostener vínculos que no dependan de la apariencia, sino de la verdad.



