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El retorno de lo no dicho

Samuel Sanabria.jpg

Giseth Sofía Ávila

Universidad Alexander Von Humboldt

Estaba en mi cama

El colchón me sostenía,

como si supiera que ya no tenía fuerzas mías.

La sábana, tibia, dormía conmigo,

el aire olía a quietud,

a algo antiguo


Nada pasaba.

El reloj insistía,

pero el tiempo parecía una melodía

que se repetía,

sin principio ni salida


El teléfono, inmóvil,

sin brillo, sin ruido,

era un animal dormido.

Nadie llamaba,

nadie venía.

Solo la casa,

y su lenta agonía


Pensaba,

pensaba en cosas que ya no dolían,

pero igual pesaban

Pensaba en voces que alguna vez me hablaban,

en risas que se apagaban,

en promesas que, sin razón,

todavía me esperaban


De a poco, la calma se volvió pesada.

El cuerpo se hundía,

como si la cama me tragara.

El aire costaba,

los ojos ardían,

y todo lo que era mío

ya no respondía


Quise hablar,

pero la voz no salía

Solo un murmullo,

una sombra fría

Y entonces lo entendí,

con esa claridad que lastima:

la soledad no grita,

no llega de golpe,

se queda,

respira,

te mira,

y cuando al fin querés moverte,

ya vive en vos.

Ya es tuya.

Ya es vida.

ISSN: 3028-385X

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