El retorno de lo no dicho

Giseth Sofía Ávila
Universidad Alexander Von Humboldt
Estaba en mi cama
El colchón me sostenía,
como si supiera que ya no tenía fuerzas mías.
La sábana, tibia, dormía conmigo,
el aire olía a quietud,
a algo antiguo
Nada pasaba.
El reloj insistía,
pero el tiempo parecía una melodía
que se repetía,
sin principio ni salida
El teléfono, inmóvil,
sin brillo, sin ruido,
era un animal dormido.
Nadie llamaba,
nadie venía.
Solo la casa,
y su lenta agonía
Pensaba,
pensaba en cosas que ya no dolían,
pero igual pesaban
Pensaba en voces que alguna vez me hablaban,
en risas que se apagaban,
en promesas que, sin razón,
todavía me esperaban
De a poco, la calma se volvió pesada.
El cuerpo se hundía,
como si la cama me tragara.
El aire costaba,
los ojos ardían,
y todo lo que era mío
ya no respondía
Quise hablar,
pero la voz no salía
Solo un murmullo,
una sombra fría
Y entonces lo entendí,
con esa claridad que lastima:
la soledad no grita,
no llega de golpe,
se queda,
respira,
te mira,
y cuando al fin querés moverte,
ya vive en vos.
Ya es tuya.
Ya es vida.



