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Interregno Global: ¿Y ahora quién?

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Juan Pablo Villegas

Universidad del Valle

El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.

—Antonio Gramsci


Esta no solo es la máxima de Gramsci; es la descripción precisa del panorama político global y, más aún, del colombiano. Vivimos en el corazón del interregno: un período de tiempo donde la autoridad global y las reglas del juego son inciertas.


Expertos como Karl Polanyi señalan que este interregno global se inició con la crisis del 2008, un quiebre en el modelo económico liberal que ha debilitado progresivamente la Pax Americana y puesto en auge la posible incursión de una Pax China. El orden unipolar está colapsando, y el mundo avanza hacia un incierto orden multipolar.


En este terremoto geopolítico, Colombia se encuentra en una encrucijada peligrosa. Aquí, la gran pregunta que define nuestra política exterior y económica es doble: ¿el gobierno Petro es un arquitecto de este nuevo mundo que se anuncia, o es simplemente uno de los monstruos que emerge de las cenizas del viejo orden? Y lo que es más urgente, dada nuestra alta dependencia histórica de Washington, ¿cómo evitamos ser arrastrados por las tensiones de la Trampa de Tucídides? Si bien estas son interrogantes estructurales, sostengo que el país ha iniciado un camino de “adaptación” a esta crisis del interregno global, buscando dejar la dependencia de Washington mediante la diversificación de aliados.


En esta línea, afirmo que el gobierno Petro sí responde a este nuevo mundo. Es bajo esta administración donde la influencia de China se ha marcado notablemente, pasando de ser un socio comercial menor a consolidarse como un inversor clave en sectores estratégicos como infraestructura, energía y tecnología. Esta realidad se acentúa cuando el principal representante del viejo orden, o sea Trump, comenzó a bloquear a su antiguo aliado más importante en Sudamérica.


Pero la trampa de Tucídides se convierte en un riesgo latente precisamente porque Colombia ha dependido históricamente del hegemón actual. Al abrazar la inversión china, el país se expone a las tensiones inherentes a la disputa entre la potencia dominante y la potencia emergente. Para el país, la confrontación no es solo militar, sino económica y política. La clave es evitar ser un simple peón, sustituyendo una dependencia por otra. El país se arriesga peligrosamente a caer de una dependencia a otra, quedando igualmente expuesta a las reglas de China.


El dilema de si el gobierno Petro es un arquitecto del nuevo orden o un monstruo del claroscuro gramsciano resulta, en última instancia, secundario. La verdadera tragedia reside en que, mientras nos enfocamos en juzgar al gobierno de turno, Colombia sigue jugando sola. El interregno global encontró a una América Latina profundamente fragmentada y sin una verdadera capacidad de respuesta coordinada a los desafíos globales.


La integración latinoamericana no es solo una opción idealista, sino una necesidad estructural. Mientras EE. UU. y China redefinen el orden mundial, la región necesita una voz unificada que la posicione como un bloque negociador. Solo mediante la integración se puede generar una agenda común que contrarreste el riesgo de que cada país, incluyendo Colombia, caiga expuesto a las reglas de una sola potencia.


El llamado es urgente: la única respuesta estructural a la crisis del interregno no está en la Casa Blanca ni en Zhongnanhai, sino en la consolidación de una integración latinoamericana que nos permita, por fin, dejar de ser el patio trasero de cualquier hegemón.

ISSN: 3028-385X

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