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La rebeldía de pensar por uno mismo

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Ana Sofía Serrato

Universidad de la Salle

Hablar de política en el mundo moderno es, sin duda, caminar sobre terreno movedizo. En una época donde todo se discute, donde cada palabra puede ser malinterpretada, opinar se ha vuelto casi un acto de valentía. La sociedad actual parece vivir dividida entre dos polos que dominan el debate: la derecha y la izquierda. Dos visiones opuestas que, aunque diferentes en discurso, terminan pareciéndose más de lo que creemos cuando se trata de imponer una verdad absoluta.


Las redes sociales, y los medios de comunicación actuales, se han convertido en el nuevo parlamento del mundo. En ellas, cualquiera puede levantar la voz, pero pocos escuchan. Los algoritmos nos encierran en burbujas de pensamiento, donde solo vemos lo que refuerza nuestras propias ideas. Y así, sin darnos cuenta, hemos reemplazado el diálogo por la confrontación, la reflexión por el ruido, y la empatía por el orgullo de “tener la razón”.


Pero entonces surge una pregunta necesaria: ¿qué pasa con las personas que no nos identificamos con los extremos? ¿Dónde quedan las minorías que no buscan gritar más fuerte, sino pensar con más calma? En un contexto saturado por la polarización, ser moderado parece casi un pecado. Si no odias a un lado, te acusan de pertenecer al otro. Si intentas comprender, te llaman tibio. Pero, ¿y si la verdadera rebeldía no está en radicalizarse, sino en ser coherente?


Ser coherente, hoy en día, es casi un acto de rebeldía. Es decidir no repetir consignas vacías, no dejarse arrastrar por discursos llenos de odio, y no aceptar que la política se reduzca a una guerra de bandos. La coherencia implica pensar, cuestionar, dudar. Implica reconocer que ninguna ideología tiene todas las respuestas, y que la verdad, muchas veces, se encuentra en los matices.


El mundo no necesita más extremos; necesita más conciencia. Necesita jóvenes que no teman construir sus propias opiniones, incluso si eso significa ir en contra de lo “popular”. Porque al final, la política no debería ser una batalla para ver quién gana, sino una conversación para entender cómo podemos vivir mejor.


La coherencia no divide, construye. No impone, propone. Y tal vez ahí esté la clave: en rescatar la política de los discursos vacíos, devolverle su sentido humano, y recordar que el verdadero cambio no comienza en un partido ni en un gobierno, sino en la forma en que cada uno de nosotros decide mirar el mundo.

ISSN: 3028-385X

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