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OPINIÓN

Romper la herradura

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Simón Santamaría Cifuentes

Universidad EAFIT

La herradura de un caballo puede entenderse, si se es minucioso, como una especie de  puente o conexión del jinete hacia el progreso, uno de los elementos que permitieron que la  humanidad se movilizara durante siglos hacia un mañana.


Partamos del supuesto de que nosotros somos herederos de una finca, una que no resulta  singularmente próspera pero que en retrospectiva destaca entre los pares que la rodean. Si  consideramos que el anterior patrón, con todos sus fiascos y proezas, intentó forjar las  herraduras que permitirían que nuestra finca se expandiera, ¿por qué iríamos a destruirlas?


Uno de los secretos de la inevitable hegemonía y éxito estadounidense fue la construcción y  continuidad de las administraciones entrantes frente a las propuestas de las salientes. Traigo  a colación un ejemplo: Truman y Eisenhower.


EE. UU salía de la Segunda Guerra Mundial como el principal ganador, antecedido por la  Unión Soviética (URSS). En ese escenario resultaba crucial determinar el modus operandi  que el país adoptaría para frenar y sabotear la expansión comunista por el mundo.


Es en ese momento de posguerra que Harry Truman adopta la idea “containment” (contención), la cual, más que derrotar a la URSS, buscaba inhibir su germen rojo.


Truman y Eisenhower habitaban una brecha política considerable, uno era demócrata y el  otro era republicano, y aún así Eisenhower pudo configurar los intereses nacionales y  públicos de su nación por encima de las diferencias ideológicas, políticas y partidistas.  Siguió y adoptó las políticas exteriores que su predecesor le sembró en la mesa.


Ahora, situados en el presente, se puede hablar del singular caso de De La Espriella,  personaje que volcó su campaña en estar “Firme con la patria”, adjudicándose de paso,  dicho sea, indulgencias con padrenuestros ajenos.


Parece, en todo caso, que “El Tigre” está más firme con las ideas que con el pueblo (Platón  lo alabaría). Rechazar, en el contexto del terremoto a nivel nacional, directa e  indiscriminadamente la ayuda e intervención extranjera de algunos países no alineados con  sus ideas es nada menos que una traición al pueblo.


Así pues, aparenta ser un rasgo cultural y una costumbre muy común en la extrema derecha  colombiana desechar los contados proyectos zurdos por ser, irónicamente, zurdos. Por ser  buenos. Por ser malos. Por ser de interés público. Por ser de interés privado. Por ser.


El último gran hito en la era de El Tigre fue la salida de Colombia de La Ruta de la Seda,  acuerdo comercial con China que tenía la iniciativa de propiciar inversión por parte del  gigante asiático en proyectos de infraestructura, transporte, comercio, energía, etc. Por  supuesto, pedaleado por Gustavo Petro con múltiples acercamientos a la potencia  económica durante su mandato.


Los políticos polarizados tienen muchas cosas en común con los mecánicos. Entre todas  resalta el no meterle mano a un trabajo ajeno. El otro y el yo.

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