top of page

Polarización indirecta: by Petro

Sergio Silva.jpg

Sergio Andrés Silva

Escuela Colombiana de Ingeniería

Cuando finaliza un gobierno, sea cual fuere, lo que en el tiempo prevalece son los actos que ese gobierno ya saliente ejecutó, no lo que prometió ni trató de ejecutar. Lo que prevalece es la reputación. En Colombia, una república democrática pluripartidista, debió importarle un poco más a la izquierda, creo, el cambio de partido político en el poder.

Partiendo del antecedente de veinte años de derecha (ocho Uribe, ocho Santos, cuatro Duque), cambiar de ideología en el gobierno debería ser revitalizante para la democracia en sí misma. Debería dar fe al pacto democrático que honra al país, a la transparencia del sistema político y más aún del fortalecimiento de las instituciones. Pues en cuanto a democracia, concuerdo con la descripción de Bayly: “la democracia es: nadie tiene todo el poder. Tú tienes un poco, yo tengo un poco, ustedes gobiernan, yo fiscalizo”. Entonces, independientemente de una postura política tomada, opuestos deben coexistir.

Últimamente, atestiguamos una campaña de pacificación mediante la disminución de la polarización, campaña que por sí misma es esperanzadora, pues permite vislumbrar un despertar en la conciencia social. Una certeza de unión cívica más allá del panorama político. De allí que mi convicción actual respecto al gobierno sea que de lo más dañino que ha hecho el presidente Petro en su mandato no es un acto específico: es un complot de estos, es desprestigiar el espectro político del que proviene. Pues es inevitable escuchar expresiones despectivas mayoritariamente hacia quienes se identifican con la izquierda, u otras aludiendo a que el país estaría mejor con presidentes de derecha. He allí la expresión activa de este problema. Si bien se intenta disminuir la polarización, la terrible reputación del actual gobierno presidida por el presidente prevalece y no parece colaborar en pro del ideal de disminuir las diferencias políticas. Esto no es solo peligroso en la medida en que podría estigmatizar perjudicialmente a la izquierda histórica de Colombia —que ya sería un daño enorme—, ni porque acciones de actores de izquierdas parecieran solo hechas con el fin de estragar más y más la reputación del partido, sino también porque crea un sesgo ideológico que pone en entredicho la credibilidad de los partidarios de izquierda. Cabría cuestionarse ¿esto es siempre así? Y la respuesta es: no.

Si bien hay casos nocivos como los Kirchner en Argentina, los Castro en Cuba, Allende o Maduro, habría que explorar también otros casos de izquierda en la región. Resolvamos que en la memoria prevalezca lo positivo, lo que sirve. Michelle Bachelet, política de izquierdas, ejerció la presidencia de Chile en dos mandatos, de los cuales el primero acabó con una aprobación por encima del 80%. Los primeros 100 días ejecutó 36 medidas prometidas en campaña, entre ellas, la gratuidad del sistema público de salud para mayores de 60 años y trabajó conjunto a la oposición en la creación de una reforma pensional, reforma a la salud y una ayuda permanente a la educación de Chile. Tabaré Vásquez, político de izquierdas, fue presidente de Uruguay también en dos periodos, un gran estratega al momento de ejecutar una izquierda liberal pro-capitalista, con medidas tales como la reforma a la salud o el plan de equidad. Ejemplos de izquierda positiva afortunadamente existen varios, tal como Pepe Mujica, Gabriel Boric o el mismísimo Obama. Es decir, como gran desenlace cabría declarar que Petro no ha de demonizar la izquierda.

En fin, es de añorar que el gobierno deje de perder credibilidad, pues no es solo él mismo quien se afecta, sino que esta polarización indirecta asesta un golpe fatal a la dignidad y reputación de la izquierda colombiana, de la cual sea o no militante, colabora con la democratización. Sería lo más digno para el tiempo último de este gobierno, reivindicar, en forma de retaliación a errores pasados, no corregirlos, pues lo echo, echo está, sino incoar en buen actuar. El “país mejor” del que todos añoramos debería comenzar con modestas mejoras consistentes en el tiempo, más en un mundo que atraviesa una terrible disonancia interna. Esperemos un desenlace positivo, no por el bien de Petro, sino por una mejora de la nación. Como dice Hegel: “si la teoría no se atiene a los hechos, peor para los hechos”.

ISSN: 3028-385X

Copyright© 2025 VÍA PÚBLICA

  • Instagram
  • Facebook
  • X
bottom of page