top of page

Mi derrota

Samuel Sanabria.jpg

Cristian Miguel Navarro

Universidad del Norte

Soy un soldado que mil batallas ha perdido

Pero nunca he bajado mi espada rota y fría

Voy caminando por el mundo como un santo corrompido

Sangrando en silencio por no tener fuerzas para sanar mis heridas


La noche me conoce por el ruido de mis pasos

Por la forma en que la rabia se duerme en mi voz

Mi sombra cae al suelo hecha polvo y fracaso

El cielo me mira sin compasión ni Dios


Mi espalda es un mapa de guerras ya olvidadas

Mis manos son desiertos rajados y quemados por el sol

Me he coronado con las espinas que bendicen mi perdición

He bebido mil copas del vino que oxida el corazón


Hay un carro invisible rodando hacia mi pecho

Me arrastra sin riendas de juicio ni piedad

Su velocidad quema lo poco que me queda

Yo, pasajero de mi propia oscuridad


Una sombra con alas en las noches se posa a mi costado

Su filo descansa tranquilo sobre mi piel

No me mata, no me llama, no es capaz de acabar con mi triste relato

Solo espera el momento en que yo mismo termine con él


La noche también me devora con hambre infinita

Mientras que en mi espada se refleja todo lo que perdí

La muerte me corta como el viento sopla,

y se ríe mientras espera que me ahorque en la soga


El viento insiste en saber por qué aún sigo erguido

Por qué aún no me he derrumbado con todo lo que he perdido

Respondo con una mueca cansada, incomprensible hasta para mí

Producto de una fé cansada que ya no tiene razones para existir


He perdido hermanos, amantes, amistades

He perdido mi nombre y lo que significa la palabra hogar

Quedo yo, atrapado entre ruinas y cárceles

Como un espíritu errante que no sabe dónde irá a deparar


Y fue en una de esas tantas noches de humo y de blasfemia

Cuando el mundo ardía sin ruido alrededor

Que vi una luz pequeña asomarse en la niebla

Un milagro que nunca me concedió Dios


No fue ángel ni clemencia en mi condena,

Sino una sombra erguida al borde de la oscuridad

Su cabello era un río secreto, con aguas no del todo serenas

Su mirada estaba hecha con la misma materia que la eternidad


No traía mi absolución cosida en su sonrisa

Sólo despertó el dolor que aprendí a guardar

Como un faro encendido en mitad de la ceniza

Su paso hizo que la luz mi alma por un momento, volviera a iluminar


Ella era una plegaria asustada latiendo bajo mi carne

Un secreto escrito en el reverso de mi dolor

Un ángel que jamás rozaría mi cuerpo

Ni se mojaría en el mismo barro que yo


Creí, por un instante, poder torcer mi suerte

Pero el hierro en mi pulso volvió a jurar mi muerte

Comprendí que el reposo no nació para mi andar

Que fui hecho para luchar, incluso cuando ya no pueda más


No hay salvación para quien ama la herida

Ni para quien abraza espinas como forma de rezar

Yo nací para perder hasta la última de mis vidas,

y besar la derrota antes de desertar.


Si ella se quedaba se ensuciaría con mi ruina

Su luz se apagaría respirando junto a mí

Por eso la alejé, aunque la sangre gritara en mí,

Hincado en el barro acepté dejarla partir


Mi mayor sacrificio fue dejarla intacta

Lejos de mi para preservar su pureza de este lodo interior

No soy héroe ni mártir

Sólo un hombre que aprende que perder también es un acto de amor


A veces veo señales parecidas a ella en el humo y la marea,

como si el destino la hubiera ensañado con mi piel

Me enseña caminos que jamás podré tomar

Mientras yo sigo buscando otro amanecer


Ella queda atrás, como mito o como leyenda

Una vestigio tan perfecto que me duele recordar

Yo sigo adelante, con mis cicatrices viejas

Sabiendo que esa luz a mi alma jamás va a regresar


Si alguna vez se llegan a preguntar, ¿Qué fue de mi historia?

No hablen de victorias, ni de gloria, ni de fé

Mi mejor triunfo fue renunciar a su memoria

Mi derrota fue perder al amor que jamás toqué.

ISSN: 3028-385X

Copyright© 2026 VÍA PÚBLICA

  • Instagram
  • Facebook
  • X
bottom of page