Mi derrota

Cristian Miguel Navarro
Universidad del Norte
Soy un soldado que mil batallas ha perdido
Pero nunca he bajado mi espada rota y fría
Voy caminando por el mundo como un santo corrompido
Sangrando en silencio por no tener fuerzas para sanar mis heridas
La noche me conoce por el ruido de mis pasos
Por la forma en que la rabia se duerme en mi voz
Mi sombra cae al suelo hecha polvo y fracaso
El cielo me mira sin compasión ni Dios
Mi espalda es un mapa de guerras ya olvidadas
Mis manos son desiertos rajados y quemados por el sol
Me he coronado con las espinas que bendicen mi perdición
He bebido mil copas del vino que oxida el corazón
Hay un carro invisible rodando hacia mi pecho
Me arrastra sin riendas de juicio ni piedad
Su velocidad quema lo poco que me queda
Yo, pasajero de mi propia oscuridad
Una sombra con alas en las noches se posa a mi costado
Su filo descansa tranquilo sobre mi piel
No me mata, no me llama, no es capaz de acabar con mi triste relato
Solo espera el momento en que yo mismo termine con él
La noche también me devora con hambre infinita
Mientras que en mi espada se refleja todo lo que perdí
La muerte me corta como el viento sopla,
y se ríe mientras espera que me ahorque en la soga
El viento insiste en saber por qué aún sigo erguido
Por qué aún no me he derrumbado con todo lo que he perdido
Respondo con una mueca cansada, incomprensible hasta para mí
Producto de una fé cansada que ya no tiene razones para existir
He perdido hermanos, amantes, amistades
He perdido mi nombre y lo que significa la palabra hogar
Quedo yo, atrapado entre ruinas y cárceles
Como un espíritu errante que no sabe dónde irá a deparar
Y fue en una de esas tantas noches de humo y de blasfemia
Cuando el mundo ardía sin ruido alrededor
Que vi una luz pequeña asomarse en la niebla
Un milagro que nunca me concedió Dios
No fue ángel ni clemencia en mi condena,
Sino una sombra erguida al borde de la oscuridad
Su cabello era un río secreto, con aguas no del todo serenas
Su mirada estaba hecha con la misma materia que la eternidad
No traía mi absolución cosida en su sonrisa
Sólo despertó el dolor que aprendí a guardar
Como un faro encendido en mitad de la ceniza
Su paso hizo que la luz mi alma por un momento, volviera a iluminar
Ella era una plegaria asustada latiendo bajo mi carne
Un secreto escrito en el reverso de mi dolor
Un ángel que jamás rozaría mi cuerpo
Ni se mojaría en el mismo barro que yo
Creí, por un instante, poder torcer mi suerte
Pero el hierro en mi pulso volvió a jurar mi muerte
Comprendí que el reposo no nació para mi andar
Que fui hecho para luchar, incluso cuando ya no pueda más
No hay salvación para quien ama la herida
Ni para quien abraza espinas como forma de rezar
Yo nací para perder hasta la última de mis vidas,
y besar la derrota antes de desertar.
Si ella se quedaba se ensuciaría con mi ruina
Su luz se apagaría respirando junto a mí
Por eso la alejé, aunque la sangre gritara en mí,
Hincado en el barro acepté dejarla partir
Mi mayor sacrificio fue dejarla intacta
Lejos de mi para preservar su pureza de este lodo interior
No soy héroe ni mártir
Sólo un hombre que aprende que perder también es un acto de amor
A veces veo señales parecidas a ella en el humo y la marea,
como si el destino la hubiera ensañado con mi piel
Me enseña caminos que jamás podré tomar
Mientras yo sigo buscando otro amanecer
Ella queda atrás, como mito o como leyenda
Una vestigio tan perfecto que me duele recordar
Yo sigo adelante, con mis cicatrices viejas
Sabiendo que esa luz a mi alma jamás va a regresar
Si alguna vez se llegan a preguntar, ¿Qué fue de mi historia?
No hablen de victorias, ni de gloria, ni de fé
Mi mejor triunfo fue renunciar a su memoria
Mi derrota fue perder al amor que jamás toqué.
