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Sospechar del deseo de tener la razón: un llamado filosófico a la duda

Foto: Universidad Javeriana

Michelle Cárdenas Zamora

Universidad Javeriana

Facultad de Filosofía

Recientemente, la escritora canadiense Margaret Atwood compartió una conversación que sostuvo con la inteligencia artificial Claude, la cual es preferida por muchos usuarios. En ella, Atwood inicia preguntándole a propósito de quién es el asesino de una serie- Crack of empire- y nos sorprende lo que sucede a continuación. Claude, que según Atwood puede ser un él o ella, tener tentáculos y siete piernas, afirma sin dudar que el asesino es un personaje concreto, a lo que la escritora responde negativamente: “no, él es acusado injustamente de cometer este acto, ¿quién es el verdadero asesino?”. La Inteligencia Artificial responde: “discúlpame, mi búsqueda en las páginas de fans no revela más información, ¿podrías por favor corregirme y decirme quién es el asesino?”. 

La conversación de la autora de El cuento de la criada con esta “entidad” sabionda que abarca millones de datos por minuto revela las incapacidades y limitaciones, que incluso este aparato tiene, no observa las series de televisión, pues no tiene ojos, no puede experimentar ningún tipo de contenido mediático, no sabe cada dato presente en el internet. Este gesto del LLM (Large Language Model) revela una pregunta que no es posible vislumbrar de una manera tan clara: ¿qué hacer con el deseo de tener la razón?, ¿cómo posicionarnos ante la emergencia y establecimiento de una tendencia-la pregunta constante a la IA- solo porque le tememos a decir que no sabemos, porque le tememos a asumir la ignorancia y permanecer en la duda?

La confianza ciega y falta de sospecha frente a Inteligencias Artificiales Generativas nos enfrenta a encontrar cada día más argumentos influenciados por la popularidad de ciertos temas, a disminuir la tensión y la incomodidad propias de un diálogo y análisis con otro; nos guía a no querer ser confrontados, sino simplemente complacidos y felicitados por una entidad que ni siquiera podría conocernos por más que recurramos en su ayuda para un problema personal. Estamos en la época de la renuncia a la duda, buscamos certezas, juicios rígidos. Tal vez, buscamos algo que en el caos de la vida cotidiana nos aterrice y nos calme, pero ¿cuándo en la historia humana hemos encontrado tal certeza?

Debemos, entonces, retornar a la duda, a la sospecha, a la desconfianza de lo que decimos y lo que creemos. En la época de las fake news, de las justificaciones frente a las guerras y de defender de forma estricta y monológica nuestras posturas en redes sociales como X, Reddit e Instagram, nos resulta urgente apelar al proceder filosófico por excelencia: cuestionar. Cuestionar si los juicios y opiniones que tenemos sobre temas de coyuntura benefician a un grupo selecto de personas o buscan el bien común, si los marcos éticos con los que valoramos las acciones propias o externas parten de la justicia, la humildad y la conversación, si las respuestas que buscamos en los motores de búsqueda más famosos del mundo apelan a nuestro deseo de aparentar ser superiores a alguien más, o buscan el aprendizaje, la construcción de conocimiento en conjunto, la aporía y la apertura que toda relación humana requiere. 

No nos encontramos únicamente frente al cuestionamiento de porqué tenemos esta necesidad de saber, y saber más que otro, sino que también necesitamos reconocer que huimos de la duda, que queremos saciar cada espacio y distancia que establecemos con el otro y que ya no sabemos lidiar con la incertidumbre, con la pesadez y con la idea de no poder asir en totalidad algo que se nos escapa. Y es precisamente en esta apertura que puede no tener un cierre, donde el pensamiento filosófico es vital: este no nos guía siempre a la satisfacción de la respuesta, sino que nos permite cultivar la disposición a permanecer en la pregunta. La filosofía no resuelve la incomodidad de no saber, pues no busca cerrar de manera tajante los debates y cuestionamientos, sino que construye el espacio donde estos se mantienen vivos, dispuestos a ser construidos y reconstruidos, a ser respondidos una y otra vez desde distintos lugares. Desde su nacimiento, la filosofía ha tenido una atribución terapéutica, se ha concebido como una suerte de bálsamo para el sentimiento de desasosiego, de confusión y de hambre de conocimiento, y aunque a lo largo de su historia ha sido usada para construir caminos individuales, crueles y alejados del sentido de comunidad, su propósito principal siempre ha sido ir al detalle, preguntarse por la experiencia y el fenómeno, y acercarse sin pretensión egocéntrica a un diálogo muchas veces irresoluto, solo por el mismo deseo de pensar. 

Así, en su interés por reordenar y aproximarse desde la duda, el proceder filosófico ha impactado en diversos ámbitos, incluso en aquellos que se centran en prácticas aparentemente lejanas de la filosofía. En diálogo, esta capacidad de preguntarse y de sospechar de la práctica filosófica nos ha acercado a cuestionar nuestras imposiciones epistémicas a otros, a preguntarnos por las implicaciones éticas de diversas acciones, como la experimentación en animales y por la necesidad de cuestionar los papeles de las comunidades en las investigaciones colaborativas. El corazón del quehacer filosófico nos acompaña no sólo al pensar en cuestiones abstractas y aparentemente lejanas, sino también en todo aquello que impacta nuestra vida diaria y nos posiciona frente a esa pregunta fundamental que los griegos planteaban: ¿cuál es esa vida que vale la pena vivir?

Y hoy, más que nunca, es menester preguntarnos por aquello que damos por sentado, en la época donde ya no le preguntamos nada a nuestros maestros, compañeros, amigos, familiares, sino que por el deseo de inmediatez relegamos a un conjunto de servidores que, enfriados y residentes de las profundidades del mar, nos hablan de manera suave en el oído y susurran que lo importante es saber, sin más.

Si te atrae reflexionar sobre el deseo de tener la razón y comprender mejor cómo pensamos y debatimos, puedes conocer la oferta académica de la Facultad de Filosofía de la Universidad Javeriana aquí https://filosofia.javeriana.edu.co/

ISSN: 3028-385X

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