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Foto: Ikaki del Olmo

CULTURA

Expertos en Europa, analfabetos en lo nuestro: el canon eurocéntrico de la UdeA

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Ismael López González

Universidad de Antioquia

Al iniciar mis estudios de Literatura en la Universidad de Antioquia, de la mano de docentes como Yamile Ríos, comprendí que la literatura no está exenta de la geometría del poder que atraviesa la sociedad. Durante una jornada de exposiciones dedicada a analizar diferentes obras, la profesora Ríos lamentó la escasa presencia de libros no hegemónicos y manifestó que le habría gustado que se abordaran escritos como Changó, el gran putas, creaciones diferentes que suelen brillar por su ausencia en los currículos tradicionales. Aquel comentario me hizo consciente de una realidad que los semestres posteriores confirmarían: la selección de contenidos jamás es neutral, en tanto la tradición europea ocupa un centro incuestionable, las expresiones no occidentales son relegadas o, simplemente, ignoradas.


El pénsum de la Licenciatura, organizado en diez niveles, exhibe esta desproporción: cursamos Literaturas Griega, Romana, Española, Europea; y recién en el décimo semestre aparece Literatura Colombiana que, paradójicamente, inicia su recorrido con las cartas de los colonizadores, como si la palabra en este territorio hubiera nacido con la espada y la cruz. Incluir el mito uitoto de la creación o el poema épico wayúu Ala'ala y Juyá nos permitiría reconocer que en este territorio ya existía una literatura con dignidad estética plena mucho antes de la llegada europea; evidencia de que las artes no son el monopolio de un sola región. Mas no existen cursos obligatorios ni electivos de Literaturas Indígena, Afrocolombiana, Asiática o Africana. Las literaturas no occidentales y con enfoque de género, cuando aparecen, lo hacen a través de semilleros o grupos estudiantiles, que dependen de la disponibilidad e interés de cada estudiante y profesor, sin garantizar una formación sistemática.


Esta arquitectura curricular reproduce una jerarquía donde lo europeo es el centro y lo demás, periferia; donde la tradición grecolatina es fundacional y las expresiones y relatos orales de los pueblos que habitan este territorio desde hace milenios son, a lo sumo, un apéndice. Resulta sintomático que Literaturas Griega y Romana, nacidas también de tradiciones orales transmitidas durante siglos antes de ser fijadas por escrito, ocupen un lugar central en la formación de docentes colombianos, mientras que las Literaturas Indígenas y Afrocolombianas permanezcan ausentes.


A menudo se escucha la excusa de que estas tradiciones no pertenecen al ámbito literario por ser «solo tradición oral». Fue el profesor Óscar Jaramillo quien me recomendó investigar el concepto de «oralitura» de Diana Carolina Toro Henao. Al estudiarlo, corroboré que las formas artísticas orales de las ochenta y una comunidades indígenas en Colombia son Literatura en toda su dignidad estética, pese a las insistencias europeas por reducirlas a folclor o curiosidad antropológica. La distinción entre oralidad intercultural e intracultural revela que estas tradiciones poseen una especificidad que el enfoque eurocentrista desconoce o, peor aún, desprecia. Pero este conocimiento llegó a pesar del currículum oficial y no gracias a él, por la voluntad de un profesor que decidió compartirlo en los intersticios de este.


El encuentro con teóricos como Harold Bloom y su «Canon occidental» me produjo un rechazo visceral. Bloom menciona la «Escuela del Resentimiento» para calificar a quienes pretenden abrir el canon con criterios de representatividad social con enfoques de género, etnia y clase. Para él, el canon es la base del pensamiento cultural universal. El pénsum de la Licenciatura parece alinearse con esta visión conservadora, pues privilegia la tradición europea y patriarcal, a la vez que relega las literaturas no occidentales a un segundo plano.

Foto: Giammarco Boscaro

Si Shakespeare y el norte global son «el canon», «el mayor referente literario en la historia, jamás superable» como plantean este teórico y sus afines, ¿qué implicaciones tiene eso para un país no europeo con sus propias tradiciones literarias? Adoptar los prejuicios de Bloom en una carrera que forma maestros para un país tan diverso como Colombia resulta, cuando menos, perturbador. Y aun aceptando que el canon se define por «excelencia estética», cabe preguntar quién la decide y con qué herramientas e intereses.


Fernando González, hace casi un siglo, criticaba esta tendencia a copiar lo europeo: «Toda teoría es recibida, toda ley y todo libro, plagiado». Esta «vanidad», explica, consiste en la ausencia de motivos íntimos y en la hipertrofia del deseo de ser considerado socialmente. La víctima olvida su deseo de libertad por el de asimilarse a su opresor. Si la formación de maestros se basa en un canon que excluye las voces y tradiciones del propio país y continente, ¿qué tipo de educación literaria, o educación a secas, estamos ofreciendo?


En las clases con la profesora Yamile, una pregunta clave era si cada obra que leíamos pertenecía al canon y, de no ser así, cómo podíamos reivindicarla para asegurar el reconocimiento crítico y académico que merece. Esa pregunta nos obliga a pasar del diagnóstico a la acción.


La UdeA abrió desde junio una convocatoria de matrícula para comunidades indígenas, afro, raizales y víctimas. Este es un paso importante hacia una mayor diversidad en el estudiantado, pero también nos interpela: si los estudiantes que provienen de estas comunidades llegan a la carrera y se encuentran con un pénsum que no reconoce sus tradiciones literarias, ¿qué mensaje están recibiendo? ¿Qué significa que un estudiante indígena o afrodescendiente tenga que estudiar, como materias obligatorias, literaturas europeas, pero no pueda estudiar, con el mismo nivel de espacio y oportunidad, la literatura y cultura de su propio pueblo? El mensaje tácito sería que su cultura es bienvenida como objeto de una política de cupos, y no como materia de estudio digna de la misma jerarquía que Homero o Cervantes.


Pero no todo está escrito en el pénsum, pues hay fisuras y resistencias dentro de la facultad. Docentes y estudiantes críticos abordan la literatura desde perspectivas más amplias, desde los grupos marginados. Gracias a la voluntad de la comunidad académica, existen grupos como el Semillero Dɨwẽrsʻsã (Diversidades y Saberes Ancestrales), el de Mujeres y Literatura, y el TeLEO (Territorios, Lectura, Escritura y Oralidad), que desde distintos enfoques abren caminos alternativos dentro de las facultades. Inspirados en estos y en el interés genuino de la comunidad, podemos proponer la creación de electivas acreditables dedicadas a literaturas como las indígenas, afrocolombianas y asiáticas. El pénsum ya exige 12 créditos de electivas, pero las pocas ofertas actuales abordan el tema de forma tangencial; si es que lo hacen, y no ofrecen una especialización real en estas tradiciones. Convertir este interés en electivas específicas sería un avance significativo: pasar de la ausencia total a la opción formal de profundizar en estas literaturas. No es la solución definitiva; pues toda reforma curricular está sujeta a sus propios tiempos burocráticos, pero sí es una trinchera inicial que rompe con el vacío actual.


El pénsum no es el único determinante de lo que se aprende, pero sí es la estructura que organiza, financia y promueve la formación esencial de la carrera y, por tanto, la que define los límites y las posibilidades del currículo. Ante este panorama, cabe recordar que nuestros esfuerzos cotidianos podrán transformar lo distante en íntimo, y la excepción en derechos comunes.


La Licenciatura forma docentes que irán a las aulas de Colombia. Si el maestro solo conoce la tradición europea, ¿cómo va a dialogar con las culturas y literaturas de sus estudiantes? ¿Cómo podrá conectar al niño colombiano con una literatura que hable de su mundo, de su historia, de su lengua? Más que negar la Literatura Europea, cabría preguntarnos por qué estas ocupan casi diez semestres mientras las voces de nuestra tierra apenas alcanzan para una mención al paso.


El eurocentrismo en el pénsum de la Licenciatura es la continuación de una tradición colonial que define qué es Literatura y qué no lo es, que ha privilegiado la tradición europea por encima de las voces y tradiciones del propio país. El cambio no podrá venir solo desde arriba, en la espera de la filantropía de las instancias superiores, pues así no se ha obtenido ni un solo derecho en toda la historia humana. Este cambio puede y debe surgir desde la iniciativa de estudiantes y profesores que decidimos construir otros caminos. Como futuro maestro, quiero formar parte de una generación que reconozca la diversidad cultural de Colombia y que sepa leer, enseñar y valorar las literaturas y culturas de todos los pueblos que habitan este territorio y el mundo. La tarea es enorme, más no intransitable. El camino ya está trazado por quienes han decidido no resignarse al canon heredado, a las cicatrices del exterminio y la dominación.


Referencias bibliográficas


Bloom, H. (1994). El canon occidental: La escuela y los libros de todas las épocas (D. Alou, Trad.). Editorial Anagrama.


González, F. (2002). Los negroides (Ensayo sobre la Gran Colombia). Corporación Fernando González - Otraparte.


Toro Henao, D. C. (2014). Oralitura y tradición oral: Una propuesta de análisis de las formas artísticas orales. Lingüística y Literatura, (65), 239-256.


Universidad de Antioquia. (2026). Pénsum Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana. Facultad de Educación.

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