Una estatua para Sofía

Andrés Felipe Carmona
Universidad de Caldas
En el Malecón del Río, en Barranquilla, una dama gigante, de 7.5 metros, se alza, elegante, regia, jubilosa. Su piel es dorada y baja con sus manos las estrellas, que danzan en sus dedos. Es la recientemente inaugurada estatua de Sofía Vergara, la conocida actriz, empresaria y una amplia lista de sustantivos que nos ahorraremos, pues no es necesario poner su currículum para justificar que es una personalidad conocida, pues el tema que nos atañe no es por qué hay una estatua de Sofía Vergara en el malecón. Es algo mucho más directo, la pregunta que rondó alrededor de la noticia en los espacios de opinión como las redes sociales: ¿por qué Sofía Vergara tiene una estatua? Sea de la altura que fuese. ¿Qué ha hecho Sofía Vergara que sea tan merecido de ser plasmado por la eternidad en un símbolo inmortal para las generaciones futuras? Pues eso son las estatuas… ¿No?
La idea de una estátua desde la antropología, la historia y la comunicación se forja en el objetivo de preservar una memoria, ensalzar un ídolo, generar un espacio, crear un material estético y condecorar una acción o una serie de acciones hechas por un individuo. Las estatuas, de manera simple, nos recuerdan personas importantes, aunque no muchas veces qué hicieron para ser importantes. Las estatuas son símbolos y eso es algo que la gente sabe bien.
Por eso es común ver que caen estatuas. En 2003, la estatua de Saddam cayó tras la toma de Bagdad. En 2015 el Estado Islámico destruyó a martillazos estatuas milenarias en Mosul. Incluso en nuestro propio país, durante el estallido social, se vieron la caída de múltiples ídolos monolíticos. En Manizales sucedieron dos incidentes parecidos entre sí, pero irónicamente diferentes. El primero fue la vandalización, robo y caída del busto de Gilberto Alzate Avendaño, senador, embajador y representante nacido en la capital de Caldas y, como dato adicional, con ideología afín al nazismo y al falangismo español. Sin maquillar el lenguaje: Gilberto Avendaño era un Nazi, y su busto fue derribado por un grupo de personas que aparentemente conocían esto. Creo que es innecesario mencionarlo, pero no sobra decir que, aunque no apoyo el vandalismo, derribar la estatua de un Nazi me parece un acto acertado.
El problema viene después, cuando otro grupo, en el mismo contexto, con los mismos símbolos y los mismos ideales derribó la estatua de Francisco de Paula Santander, a escasos metros de la anterior, y la pregunta se mantiene aún después de cuatro años de la disculpa pública del principal perpetrador. ¿Por qué? Santander fue un héroe nacional, un pilar para el país que tenemos, una pieza fundamental de nuestro proceso inicial. Sin ese hombre no tendríamos nación a día de hoy. ¡Es más! Sin sus contribuciones, la gente que derribó su estatua ni siquiera tendría derechos.
De esto sale una conclusión. No importa si eres un partidista nazi con cargos políticos, un héroe independentista, un cacique indígena que guiaba a su pueblo, o un dios antiguo: tu estatua, tu símbolo, tu legado, realmente jamás estará garantizado, pues la gente olvida por qué están ahí.
¿Significa que Sofia Vergara sufrirá el mismo destino? Es muy pronto para decirlo, pues no es (ni necesita ser) una libertadora, ni una cacique, puede ser discutible su divinidad pero no es el caso. Sofía, como su compañera eterna en el malecón, la estatua de Shakira, están ahí porque reflejan figuras que nos representan a día de hoy. Personas exitosas, venidas de lo más bajo, que han alcanzado éxito, fama y fortuna usando sus talentos y llegaron a representar a su pueblo sin olvidarse de él. Y sí, hay muchos otros colombianos que también merecerían una estatua, pero no existe tal cosa como merecerlo más o menos. Ojalá se le pudiera dar una estatua a cada uno, lastimosamente eso no es posible, pero si es Sofía Vergara la que adornará el malecón a partir de ahora, personalmente me doy por bien servido.
Como nota final, me gustaría, si en cuanto a méritos se trata, proponer una lista de colombianos que, a mi parecer, merecen también una estatua: María José Pizarro, Tal Cual, Karen Palomeque, Zourik, Doris Salcedo, Aureliano Cheveroni, y yo.
