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Al Hol: ¿nueva caldera en Medio Oriente?

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Mateo Carvajal Suaza

Universidad del Valle

Tras el auge del Daesh, más conocido como Estado Islámico, y su posterior derrota en Siria e Irak a manos de la coalición internacional liderada por Estados Unidos, pero integrada oficialmente por casi una centena de países de todo el mundo, pocos saben cuál fue el devenir de los despiadados yihadistas y sus familias. Si bien gran parte de la capacidad militar del Estado Islámico fue destruida, lo cierto es que en Al Hol, en el noroeste de Siria, las fuerzas kurdas hacen un increíble esfuerzo para aplazar el estallido de una bomba de tiempo. 

 

Y es que después de la caída del bastión yihadista situado en Al Raqqa -que fue escenario de una auténtica película de terror con escenas de mujeres encadenadas y golpeadas hasta la muerte, hombres decapatidos y enjaulados y adiestramiento de combatientes suicidas-, alrededor de  60.000 mujeres y niños fueron recluidos en el campamento humanitario de Al Hol, administrado por las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), que son el brazo armado de un Estado kurdo de facto en el noroeste de Siria patrocinado por Estados Unidos, que se encarga de mantener a los yihadistas bajo control mientras la comunidad internacional determina el futuro de los terroristas y sus familias. 

 

La situación en Al Hol es dramática, porque después del desmantelamiento del Estado Islámico, prácticamente todos los países de la coalición contra el Daesh se han retirado -a excepción de Estados Unidos-, heredándole a los kurdos una amenaza latente que podría revivir una caldera en Medio Oriente. Pues en el campamento, que fue pensado como hogar transitorio para las familias que vivían en los antiguos territorios del Estado Islámico, reina la precariedad y la ausencia de servicios básicos; un drama que ha generado descontento, transmutado paulatinamente en sed de venganza por parte de las esposas de los cautivos yihadistas que están a merced de la infiltración de células durmientes del Daesh, quienes aprovechan la falta de control en algunos sectores del campamento para iniciar el proceso de radicalización en la población infantil y adoscelente con el propósito de cultivar en Al Hol la próxima generación que deberá encargarse de invocar el terror para fundar un nuevo califato islámico.

 

Gran error comete la comunidad internacional al ignorar el riesgo que se cierne sobre un campamento que concentra la tragedia y la desesperación de una generación inocente a merced del radicalismo, a lo que se suma la negligencia de una porción de países que tiene en estos campos a cerca de 11.000 ciudadanos que mordieron el anzuelo de la audaz campaña informativa que lanzó el Daesh y se trasladaron a Siria entre 2011 y 2017, imbuidos por el extremismo o la ingenuidad. Ahora se encuentran retenidos de forma arbitraria e indefinida en la inclemencia del desierto sirio y sin esperanza alguna, ya que sus naciones han optado por endilgarle a los kurdos el bulto ajeno, retirando la ciudadanía a sus connacionales por el temor a la repatriación masiva de estos. 

 

Es claro que, ante la caída de Al Assad, la evidente ausencia de control interno y la embestida de la milicia proturca Ejército Nacional Sirio contra posiciones kurdas está creando el escenario caótico que añoran los yihadistas, escondidos en el desierto sirio para reiniciar su cruzada contra los “infieles” y cobrar, así, la tan anhelada venganza. No vaya a ser que se cumpla lo que reza el proverbio colombiano, “que lo que sube como palma, baja como coco”.

ISSN: 3028-385X

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