Como si fuera el último

Foto: IA

Juan Felipe Quiceno Toro
Universidad Externado de Colombia
Fruncía los labios como si fuera a sacar zumo, los saboreaba como si tuvieran sabor.
Una cámara lenta los juntaba. Corría el pelo tras la oreja destapando unos ojos dilatados y que no podían disimular cariño. Su mano hormigueando por el cuello confesaba su sensibilidad, dando un cosquilleo y apretando ligeramente la mano de él.
Seguían un libreto tácito, orientado por sus memorias. Primero rozaban los labios, él los esgrimía con paciencia, queriendo conseguir algo más que solo caricias. Luego acariciaban sus cabezas y jugaban con sus cabellos. El comportamiento de cada uno ya demostraba estar domesticado; una mirada era respondida con una sonrisa y una caricia con un acercamiento.
La tensión podía romper en cualquier momento. El deseo trataba de ser inconfesado, pero su desorientada postura relucía estar cautivos del otro. Los labios ya en charolados, porque ambos creían lo mismo: estar saboreando el néctar del otro.
La faena de labios empezaría. Pero un ruido anunciando “próxima parada” la interrumpió. Alistó todas las cosas que reposaban desordenadamente en su regazo, se levantó para bajar del bus. Miró de soslayo al joven protagonista que estaba a tres sillas a su derecha, buscando si había algo de complicidad en él. Mientras bajaba, se enteró que había sido víctima de un fantasioso idilio y que involuntariamente lo olvidaría.



