Cuna de toreros

Laura Valentina Giraldo
Universidad de Manizales
En el corazón de Manizales, donde la niebla arropa las montañas y la historia se funde con la tradición, late una pasión tan intensa como la misma vida: el toreo. Esta ciudad no solo es escenario de una de las Ferias Taurinas más importantes del continente; es también una indiscutible “cuna de toreros”. Y no lo digo como una metáfora romántica, ni una aproximación idílica, sino como una verdad intensa, como un testimonio que arde en la piel de quienes, desde niños, sienten el llamado del ruedo.
En el año 2018, en abril, para más exactitud, tuve el privilegio de asistir a un Curso Práctico en la Monumental Plaza de Toros de Manizales. Allí, frente a la mirada atenta de los aficionados y bajo la dirección firme de la Tauro Escuela Cormanizales, un grupo de jóvenes daba sus primeros pasos frente a un becerro. No era aún el Toro Bravo, ese emblema de la fuerza y la bravura, del peligro y las ganas, pero sí era el primer encuentro con el respeto, el riesgo y el valor que exige esta vocación torera.
Yo también fui parte de esta escuela. Allí conocí al subalterno y director Emerson Pineda, un hombre que es mucho más que un instructor. Es entrenador, mentor, psicólogo, guía espiritual y, sobre todo, un sembrador de sueños. En cada clase, en cada curso, Emerson forma no solo toreros, sino seres humanos valientes, disciplinados, comprometidos con una filosofía de vida tan potente como hermosa.
He visto muchos Danieles, Alejandros, Sergios y Davides. Jóvenes que, llueva o truene, algo tan común en esta maravillosa ciudad, se presentan cada sábado en la plaza cargando su capote con la esperanza al hombro, con la ilusión de ganarse un lugar bajo las luces. Esperan con ansias los Cursos Prácticos, la Torería Manizaleña, la pre feria de “Toros y Ciudad”, donde los más destacados pueden soñar con vestirse de corto o incluso de luces y, con el alma agitada, desafiar el destino frente al toro.
Pero detrás de cada natural, de cada verónica, hay historias de sacrificio. Historias de familias que, con el alma en la mano, hacen todo lo posible para que sus hijos puedan entrenar. Historias de carencias, de trajes que se heredan, de capotes remendados. Y también historias de batallas internas: contra la calle, contra la droga, contra la indiferencia de una sociedad ciega y carente de empatía. Y en medio de todo eso, el toreo emerge como tabla de salvación. Porque el toreo, en Manizales, salva vidas.
El toro de lidia no es un medio, es el alma. Es el origen, el camino y el destino. No se le puede reducir a un argumento, ni a un símbolo de controversia. Es, para estos jóvenes, la razón de sus sueños, el motor de su disciplina, la imagen de su futuro. En cada uno de ellos habita un artista, un guerrero sensible, un niño que ha elegido vivir con coraje, un torero que tuvo claro que quería vivir su vida frente a un toro, que no quería tener la vida asegurada, que entendió que su alma no se complacía con la tranquilidad.
No estamos hablando solo de una afición. Hablamos de una forma de entender la existencia, de conceptuar la vida. Estos chicos no solo aprenden a torear; aprenden a soñar, a luchar, a resistir. Y lo hacen con una determinación que desarma. Sueñan no con fama ni dinero, sino con una oportunidad. Una sola. Para demostrarle a Manizales, a Colombia y al mundo, que aquí hay toreros. Que aquí hay arte. Y que aquí, los sueños no deben ser prohibidos.
Porque, ¿cómo se le explica a un niño que su vocación es ilegal? ¿Cómo se le arrebata la posibilidad de ser quien está destinado a ser? ¿Cómo se le dice que su concepto del arte, su pasión, su forma de vivir, es censurada por quienes jamás han pisado el campo, ni mirado a los ojos a un toro bravo?
El arte no se censura. Los sueños no se prohíben. Y mientras haya niños en Manizales que entrenen con la esperanza bordada en cada pase, mientras Emerson siga creyendo en ellos, mientras Cormanizales les dé una sola oportunidad, mientras el toro de lidia siga despertando vocaciones, el ruedo seguirá siendo eterno.
Porque esta ciudad, señores, sigue siendo una verdadera Cuna de Toreros.



