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El silencio no es lo que parece

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Foto: Fredy Henao
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Nicolás Echeverri Martínez

Universidad de Antioquia

Varios meses atrás, se hizo viral en internet un video en el que puede verse a un león del Atlas en un zoológico. El animal tiene una mirada aparentemente cansada y, con tristeza, reproduce unos suaves y cortos rugidos que más bien parecen maullidos, como breves jadeos convalecientes que dan la impresión de que el majestuoso ser pide auxilio impotente ante su situación de cautiverio. Por supuesto que internet hizo su labor: el video no tardó en llenarse de comentarios donde la gente manifestó su pena, condenando al zoológico por la situación del animal. Lo gracioso de la situación es que el león estaba sano y en buenas condiciones. Aquellos lastimeros rugidos de impotencia no eran más que un tipo de llamado que hace esta especie cuando quiere aparearse.

Nada en internet o en los medios es lo que parece, ni siquiera este texto, el cual trata en realidad sobre la Universidad de Antioquia. Sin embargo, toda esta introducción es para pedirle un favor: así como el video del león o los primeros párrafos de este escrito no se pueden asumir como lo que son, tampoco asuma este texto como un reportaje de índole periodístico sobre lo que ocurre en la Universidad de Antioquia, y mucho menos dé por sentado que hablo por los demás compas de mi universidad, pues la situación es, como menos compleja, y nos ha afectado a todos los miembros de la comunidad universitaria, la cual, como se podrá imaginar, es bastante diversa. La verdad es que este texto representa una sola visión: mi perspectiva de una crisis mucho más grande que cualquier palabrerío que yo pudiera escribir.

Si después de estas divagaciones con las que me lavé las manos descaradamente aun cuento con su atención, entonces podemos dar inicio…

Hay un silencio sepulcral en la Universidad de Antioquia. Para algunos, el silencio es incómodo, por lo que no quieren reconocer su existencia. Para otros, el silencio es un misterio angustiante que los deja en el delgado hilo de la incertidumbre. Y, para los ajenos, el silencio es alarmante, inusual y completamente fuera de lo que conocen y comprenden de la universidad. Sin embargo, en pequeños instantes del día pareciera que el silencio fuera a desaparecer, durante breves chispazos de una vida que alguna vez llenó la universidad. Por ejemplo, cuando la escultura de la fuente, llamada muy acertadamente El hombre creador de energía, hace su labor y se enciende como un faro para toda la institución. Aunque actualmente eso ya no es suficiente, porque en poco tiempo los chapoteos del agua son ahogados por el silencio funerario.

Otras veces son los capuchos. Marchan enfilados por la plaza de Barrientos, lanzan algunas papeletas o papas-bombas, pero, a pesar del revuelo que generan, simplemente el manto de silencio no se quita. Y finalmente, los estudiantes nos reunimos en localidades de la universidad en las que hablamos, protestamos, debatimos, votamos y hasta insultamos. Pero el silencio parece siempre ganar la carrera, porque por mucho que queramos hacer una diferencia, solo nos encontramos con un panorama cada vez más oscuro. Es en esos momentos que sacamos la cabeza de la asamblea para volver la mirada hacia nuestra U, y entonces aquellas telas negras, que se tendieron sobre la biblioteca con el propósito metafórico de expresar nuestro luto por la muerte de la Universidad de Antioquia, cobran un sentido más literal. Al final, queda uno con la pregunta: ¿quién le falló a quién?

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Foto: Teleantioquia

El silencio sobre la universidad no es una decisión. Es probablemente la declaración de impotencia y angustia más sincera que la comunidad universitaria haya expresado en Colombia desde hace muchos años. Por primera vez pareciera que nadie sabe qué pasará después, porque a pesar de las conversaciones generadas y la lucha constante, todas las puertas parecen cerradas. Y, de la misma manera, por mucho ruido que haga el estudiantado, bien sea con marchas, arengas o grafitis, nadie parece devolvernos una mirada despectiva o siquiera un “¡ESTUDIEN VAGOS!”, como lo hacían antes. En definitiva, nunca nos habíamos sentido tan abandonados a nuestra suerte. Hoy por hoy nada parece fijo en la universidad. Ahora que los profesores se quedan sin contrato, que los salones permanecen cerrados, que la gente de medios tampoco anda por los alrededores, que los pocos docentes que quedan no tienen marcadores para dar clase, que los cursos de anteriores semestres ya no existen porque no son ofertados, queda en evidencia un hecho crucial: la crisis no solo es económica. La mayor prueba de esto es la carencia de respuestas, pues a muchas facultades les queda dinero y recursos para poco más de un mes. Otras más afortunadas aún pueden permitirse otro semestre académico, pero después de llegar a este punto cero de recursos nadie parece dar una respuesta clara de lo que sigue.

El silencio en la Universidad de Antioquia, aunque ya venía formándose desde hace mucho tiempo, terminó de perpetuarse en el Alma Mater y en todas sus extensiones justo después de que el gobernador Andrés Julián y el rector John Jairo acordaran un préstamo, el cual, en vez de salvar a la institución, solo la endeudó más. En ese momento se sintió como si ambos dirigentes miraran a la comunidad universitaria a los ojos y, con sus negligentes acciones, le dijeran: “después de esto, que se salve quien pueda”. Ahí, en ese momento, el estudiantado, el profesorado, los administrativos, el personal de apoyo… todos, nos dimos cuenta de que no había nada más que pudiéramos hacer que quedarnos en este incómodo silencio ante esos dirigentes, quienes, de todas maneras, van a hacer lo que les dé la gana con la universidad, para después cobrar sus obscenos sueldos con los que fácilmente solucionarían la crisis en menos de dos meses.

Es irónico. Parece que la vaca por Antioquia solo es para algunas particularidades del departamento. O sea, para aquello que les interesa, que es, concretamente, lo que llena escandalosamente la vista de los colombianos y enriquece materialmente sus “discretas” campañas políticas. Lo simbólico e intangible, pero igualmente valioso como la educación del pueblo, no parece que les importe. Por eso, impotentes ante toda esta caótica situación, ya una gran parte de la comunidad universitaria nos resignamos. Ahora mismo, todos vamos por ahí en silencio, disfrutando de lo que nos queda de la universidad, porque no sabemos cuándo nos la pueden arrebatar.

Es triste vivir aferrados a la incertidumbre, porque, así como no sabemos cuánto más podremos disfrutar de nuestra universidad, tampoco sabemos hasta qué punto Fico, alcalde de Medellín, y Andrés Julián, gobernador de Antioquia, pretenden llevar esta crisis, porque por supuesto ellos no quieren darse el dolor de cerrar una de las universidades públicas más importantes y antiguas del país durante sus administraciones. Esa sería una pésima campaña para un actual alcalde y un actual gobernador que no se han esforzado ni siquiera un poco en ocultar sus aspiraciones presidenciales. Pero habrá que ver qué maquiavélicos planes tienen en mente. Esto, sumado a la situación actual del país, parece indicar que no habrá recursos abundantes para la Universidad de Antioquia prontamente. Al parecer, cuando no hay plata, simplemente no la hay y punto, nada que hacer.

Sospecho que para algunos este texto solo será un conjunto de quejumbres y fatalismos, los cuales no debería llevar tan lejos, porque, ¿cómo alguien puede ser tan desagradecido? Después de todo, la universidad pronto gozará de una reforma de más de 100 millones de pesos en su cancha principal de fútbol y en su pista de atletismo. Ese debería ser suficiente consuelo, pero, si me lo pregunta, la cancha, también conocida como el aeropuerto, uno de los principales lugares sociales de la universidad, no solo no necesitaba de aquella reforma, sino que esta no fue hecha para los estudiantes. Dicho de otra manera, y teniendo en cuenta este tipo de detalles, la plata parece como aquel video del león del Atlas: no es lo que aparenta. No es que no la haya, es que se la robaron pa’ otra cosa.

ISSN: 3028-385X

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