“A los jóvenes les va a tocar un mundo muy complicado”: Alberto Casas

Foto: El Espectador

Juan Nicolás Muñoz
Universidad de los Andes

Santiago Orozco Uribe
Universidad de los Andes
Hijo de don Vicente Casas Castañeda —a quien el periodista Lucas Caballero Calderón apodó “el hombre del sombrero— y sobrino de Jesús Casas Castañeda, muerto en la guerra fratricida de los Mil Días, Alberto Casas Santamaría [Bogotá, 1944] ha sido muchas cosas en la vida: ministro de Comunicaciones, ministro de Cultura, embajador en México y Venezuela, diputado a la Asamblea de Cundinamarca, concejal de Bogotá, representante a la Cámara, senador, periodista y, regocijo de regocijos entre “lamparazos” y libros, abuelo de cinco nietas entre las cuales María Londoño, su jefa de prensa, con quien nos recibió, cordial y trajeado, en la galería Casas Riegner. En esta nota el doctor Casas, que es como lo conocen los oyentes de la extinta W Radio, habló de su primera esposa, Ellen Riegner [1947-2002], y de su amada María Emma Mejía, con quien casó en marzo 2014, meses antes de trasladarse por una temporada a Nueva York. Además, juzgó inmerecidos los juicios que la historia le ha endilgado a Laureano Gómez; se explayó en lo referente al Frente Nacional, al multipartidismo que acomete hoy a Colombia; englobó en sus respuestas temas de cultura, de arte, de radio, de actualidad. Recordó a María Mercedes Carranza, la poeta, y elogió a Julio Sánchez Cristo, su amigo. Y al final, whiskey en mano, dulce mas espectable, sólo como a él pueden dársele ambas virtudes a la vez, de doctor Casas pasó a “Papo”, como lo llama María su nieta, y se dio a recitarnos Alheña y Azúmbar, de X-504, de Jaime Jaramillo Escobar: “Cuando mi negra se desnuda queda completamente desnuda / No como las blancas que aunque se desnuden siempre tienen algo que las cubre [...]”.
Pregunta. En septiembre del 2006 usted escribió un artículo para la revista SOHO intitulado “Ella fue mi mejor amigo”. Se refería a Ellen Riegner, quien fuera su esposa y quien le da nombre al lugar en el que estamos: la Galería Casas Riegner. ¿Por qué se refería a ella como “mi mejor amigo”?
Respuesta. Porque mi vida matrimonial fue tan placentera con ella que la mejor manera de calificarla era ponerle ese título. Ella se había convertido en alguien que me divertía y que me hacía pasarla bien, como suele suceder con los amigos que uno aprecia.
P. Usted dice que ella le dejó muchas costumbres. ¿Hay alguna que mantenga hoy en día?
R. Claro. Me enseñó muchas cosas. Por ejemplo, a ponerme el saco de la pijama por fuera de los pantalones, porque, en efecto, se ve horrible. Lo otro que mantuve fue dejar las puertas y los cajones o cerrados o abiertos, pero no ni a medio cerrar ni a medio abrir. Esas son dos cosas minúsculas, pero que se convirtieron en un factor de orden y de buena relación.
P. Usted que es un hombre conocedor y amante del arte, ¿qué opinión le merece el arte que se hace hoy, centrado en lo efímero y lo conceptual? ¿Se ha sacrificado la belleza en nombre del concepto?
R. El arte no puede ser solamente una ciencia que se dedica a la belleza. Fundamentalmente, el arte es político, y no siempre coincide la belleza con lo político. En términos generales, la persona que hace arte está haciendo política, porque algo quiere decir cuando pinta, cuando dibuja o cuando hace una escultura. De manera que quienes solamente se preocupan por la belleza en estas épocas son más decoradores que artistas.
P. En enero de 1983 la Revista Semana publicó una nota, “Menores de 31 años”, consagrada a una iniciativa suya: el Salón Atenas. Decía la nota que dicha iniciativa era “el caballito de batalla del político Alberto Casas Santamaría”. Cuéntenos, para empezar, qué cosa era el Salón Atenas y si sí fue su “caballito de batalla”, como decía la nota.
R. No fue mi caballito de batalla. Fue una iniciativa muy interesante mediante la cual el arte ocupó un puesto muy importante. En ese momento no había ningún salón que fuera interesante, atractivo y fácil para los jóvenes. Entonces, en compañía del curador del Museo de Arte Moderno de Bogotá y de doña Azeneth Velásquez, que era una galerista muy exitosa de la época, resolvimos crear un mecanismo para que los jóvenes tuvieran un escenario importante que les permitiera que mucha gente fuera a ver sus exposiciones, cosa que no hubiera sucedido si se tratara de exposiciones particulares y privadas. El hecho de que fuera en el Museo de Arte Moderno y que Atenas Publicidad, la agencia que en ese momento tuve en compañía de Eduardo Vargas, convocara a las personas más importantes, incluido a veces el presidente de la República, hizo que fuera un evento de la mayor importancia. El salón no tenía premio; el solo hecho de ser seleccionado como participante era el premio, porque eran pocas las obras de personas menores de treinta años que constituían el nuevo mirar de una juventud y que, posteriormente, fueron elementos determinantes en el desarrollo del arte. Si se revisa lo que fue el Salón Atenas, que duró diez años, se verifica que ahí estuvieron las personas que más éxito tuvieron en la vida profesional.

Foto: Bienestar Colsanitas
P. A usted se le asocia con la elegancia y el refinamiento. Hay quienes dicen que parece un conde. ¿Qué valor tiene hoy la elegancia en una época que parece inclinarse por lo vulgar y lo ordinario?
R. Lamento que buenas costumbres hayan ido desapareciendo, pero no lo considero una virtud mía frente a los demás, porque la moda siempre gana. Lo que pasa es que tengo un estilo de vida que no lo cambio porque es el que se acomoda a mi personalidad. Por tanto, continúo haciendo de la moda una cosa cotidiana, sin ninguna pretensión.
P. Alguna mañana, en La W, lo oímos recitar el poema de Jaime Jaramillo Escobar “Alheña y Azúmbar”. A Jaime usted lo promocionó, de la mano de María Mercedes Carranza, en escenarios como el festival ‘La Poesía Tiene Palabra’, en 1987. Más tarde lo llamó ‘El poeta desnudo’. Desnudo, ¿en qué sentido?
R. En que era un poeta auténtico que no le tenía miedo a nada. X-504 fue su seudónimo. Era un poeta universal. Fantástico. “Cuando mi negra se desnuda queda completamente desnuda. No como las blancas que siempre tienen algo que esconder [...]”. Es una poesía fantástica, y, por tanto, la convertí en una de las poesías favoritas en la época en que La W le dedicaba mucho tiempo a la poesía. Lamentablemente, eso ha ido perdiendo un poco de espacio.
P. En ese mismo año de 1987 María Mercedes Carranza se preguntaba si se justificaba “la escritura y el goce de la poesía en una país que se desangra por las contradicciones esenciales que sacuden su cuerpo social”. ¿Cuál sería su respuesta? ¿Tendrá que ver con la tesis de que el ministerio de cultura sea el ministerio de paz?
R. Claro. La poesía es fundamental. Para mí es lo esencial. La cultura arranca y vive de la poesía. Y un país que practica ese sistema es verdaderamente promisorio. Sobre todo ustedes, los estudiantes, porque existe la idea de que la poesía no es importante sino para los que les gusta la literatura, y no es así. La poesía, como el arte, es universal, es para todo el mundo. La pregunta que hacía María Mercedes, poeta del alma que nos hace mucha falta, era para llamar la atención sobre la ausencia de la poesía en lo práctico, porque la poesía, como la cultura, es un ministerio de la paz. Ese comentario resultaba oportuno para la época en que lo dijo, porque ella fue víctima de la violencia, pues uno de sus hermanos desapareció.
P. En el siglo pasado abundaron políticos de gran cultura y formación intelectual —Alberto Lleras Camargo, Alfonso López Michelsen, Carlos Lleras Restrepo, Germán Arciniegas, entre otros—. Usted ha dicho que tuvo el privilegio de tener a Álvaro Gómez Hurtado como profesor de cultura. ¿Se ha perdido esa altura intelectual en la política de hoy?
R. Es menos visible. En esa época coincidían las personas que se dedicaban a la política con un altísimo nivel de cultura. Todas esas personas que ustedes mencionan eran humanistas e intelectuales que además hacían política. Y, por supuesto, fue un privilegio haber tenido a Álvaro Gómez, una de las figuras intelectuales más importantes del siglo veinte en libros como La Revolución en América, que tiene una visión muy importante sobre cómo el descubrimiento y la conquista de América fueron un éxito extraordinario para la cultura y el desarrollo, porque es a partir del descubrimiento que arranca la cultura.
P. ¿Cuál es la mayor calumnia o injusticia de que ha sido objeto el expresidente Laureano Gómez por parte de los historiadores?
R. Es la injusticia más grande del mundo. El país tuvo un periodo de violencia muy fuerte a partir del año treinta, precisamente cuando el Partido Conservador perdió el poder y llegaron los liberales. Y coincide esa fecha con el inicio de la violencia partidista en Colombia. Esa no es una tesis que me haya inventado yo, sino que desarrollan los autores del libro más importante sobre la violencia que tiene el país, que es La violencia en Colombia. Fue un horror de guerra política entre liberales y conservadores en la que no se sabe cuál lado fue más beligerante. Cuando se estableció el Frente Nacional se hizo la paz entre liberales y conservadores y desapareció la violencia política. No volvió a haber un solo muerto por luchas entre liberales y conservadores. La historia ha culpado a Laureano Gómez de ser el autor de la violencia, como si no hubiera tenido contendores. Cincuenta años de lucha política en la que las balas eran de ambos lados no pueden justificar el hecho de que la figura más fuerte intelectual, oratoria e ideológicamente como Laureano Gómez sea el único paganini de esa lucha.
P. Explíquenos por qué, en el marco del Frente Nacional, no se dieron todas las pretensiones que se habían planteado en un inicio, que es una tésis suya medianamente esbozada en la presentación de su último libro.
R. Porque el Frente Nacional era la salvación de este país, no solamente para acabar con la violencia, sino para que el desarrollo se convirtiera en el objetivo político, porque si ya no nos íbamos a matar, lo importante era que nos dedicáramos a desarrollar el país. Pero la política no lo dejó. Lo que el doctor Álvaro Gómez llamó “el régimen” fue apoderándose del Frente Nacional y quienes se opusieron al acuerdo terminaron gobernando el país, lo que le quitó la fuerza al Frente Nacional, que despegó con mucha energía y que, con el tiempo, fue perdiendo el entusiasmo. La política colombiana perdió a esas figuras que antes mencionábamos que se confundían con la cultura. Ahora los políticos se dedican a hacer política, olvidando la cultura y la poesía. Y esa, creo yo, es una de las razones de la decadencia que estamos sufriendo.

Foto: Radio Nacional
P. Hoy el insulto, la patanería y el extremismo parecen ser la vía más eficaz para triunfar electoralmente. ¿Están desapareciendo los argumentos en la política?
R. Los argumentos no están desapareciendo. Lo que está desapareciendo es la política limpia. Porque, lejos de haber una lucha entre partidos que compiten por ser la mejor solución, lo que hay es una patanería por una cantidad de partidos políticos que no representan mayor cosa. Pasamos de la época del Frente Nacional en la que solamente había dos partidos a tener 35 partidos. Por otro lado, la corrupción es un cáncer que afecta a la política por una razón muy sencilla: la verdadera pelea ideológica en el mundo, y obviamente en Colombia, gira en torno a si el Estado debe asumir por completo la tarea de gobernar o si esa responsabilidad debe compartirse con el sector privado para impulsar el desarrollo del país. Es decir, que el sector privado pueda manejar recursos públicos. No como sostiene el gobierno actual, que impulsa que el Estado crezca y que los privados se reduzcan porque no tienen cómo manejar legítimamente los recursos públicos, lo cual es una absurdo. Hoy el sector privado está muy deprimido y, en cambio, el Estado ha crecido mucho. La corrupción es producto de la relación entre la política y los contratistas, que crearon el mecanismo más exitoso del proselitismo. Los parlamentarios tienen que invertir un dinero muy alto para salir elegidos dada la competencia tan alta que hay, entonces la plata juega un papel preponderante en el ejercicio de la política. La relación entre parlamentario y contratista se convirtió en un mecanismo normal, como lo recordamos con la Unidad de Riesgo y el escándalo de La Guajira. Los contratos se llevan a los parlamentarios por delante, porque quienes están en el Congreso piden al Gobierno que les de contratos para aprobarle los proyecto de ley.
P. ¿Es posible transformar el régimen de contratación cuando muchos de los partidos mayoritarios se han opuesto a la aprobación de este tipo de reformas?
R. Sí, es posible y deseable. El problema es que la composición del Congreso no permite que las cosas que se deben hacer se hagan. Depende usted de las mayorías, si creemos en el sistema democrático, por precario que sea y por mala que sea la democracia. Como decía Churchill, “la democracia es el peor de los sistemas con excepción de todos los demás”. Entonces, toca enfrentar la democracia con política decente.
P. Hay quienes creen que entre más partidos habrá mayor representación. ¿Usted opina distinto?
R. Por supuesto. Es que hay partidos que no son sino partidos de garaje que simplemente dan autorizaciones para poder estar en el Congreso; los famosos avales, que se convierten en un negocio. Fíjense ustedes en todos los partidos indígenas que aparecieron para dar avales. El país necesita una reforma para la contratación y para que la constitución de partidos políticos sea un procedimiento más exigente.
P. Hay periodistas como Álvarez Gardeazábal que dicen que ya no existen los partidos políticos, sino cooperativas de contratistas.
R. Me acerco mucho a la opinión de Álvarez Gardeazábal, pues basta con mirar la situación que estamos viviendo. Estamos a menos de un mes de las elecciones y todavía faltan candidatos por inscribirse. Por eso he dicho que el funcionario más importante que tiene Colombia en este momento es el Registrador Nacional del Estado Civil, porque aunque todo el mundo lo ataca y lo critica, sobre sus espaldas está toda la organización electoral. Es un despelote. De manera que es muy delicado el momento que vamos a vivir, porque estas elecciones que vienen en mayo son tal vez unas de las más importantes.
P. En la elección pasada varios influencers fueron elegidos al Congreso, y todo apunta a que este fenómeno se repetirá. ¿Qué opina de esta nueva clase de políticos?
R. Es muy peligroso que las redes sociales se hayan convertido en una fórmula para hacer opinión, porque hoy cada ciudadano es un periódico. Eso ha afectado mucho a los medios de comunicación, que tenían la capacidad de agrupar de una manera más ordenada el debate político. Ahora lo que hay es una serie de opiniones tan multitudinarias que es muy difícil encontrar dónde está la verdad.
P. El colegio en el que usted estudió, el Campestre, se unió con el Marymount. Por otro lado, la Universidad de los Andes cerró la carrera de Gobierno y Asuntos Públicos y otras materias de posgrado. ¿Hacia dónde cree que va la educación?
R. La educación es uno de los objetivos de gobierno más importantes. El primero es la seguridad, porque sin seguridad no hay nada. El segundo es la salud, porque lo lógico es que el Estado le garantice a la gente un derecho digno a la salud. Y el tercero es la educación. En la medida en que haya más educación, habrá mejores colombianos. La crisis está en la pelea de la que hablábamos antes entre la sociedad que crece a través del Estado para que el Estado se encargue de todo y el sistema de APP (público-privados) en el que la educación privada juega un papel fundamental y que en este gobierno están asfixiando.

Foto: Néstor Gómez / El Tiempo
P. Pasando al tema del periodismo, ¿a qué le atribuye su prolongada complicidad con Julio Sánchez Cristo?
R. Más que complicidad es amistad y admiración. Me parece que Julio Sánchez es el talento más grande que tiene el periodismo colombiano. Haber trabajado con él fue para mí un descubrimiento maravilloso, porque fue cuando me cambié definitivamente de la política al periodismo y llegué a la convicción de que me gustaba más el periodismo. Julio Sánchez fue el peldaño que me permitió desarrollar mi carrera periodística
P. En 2014, su esposa, María Emma Mejia, fue designada como representante de Colombia ante la ONU. Entonces, usted se trasladó a Nueva York. ¿Qué tal el estilo de vida en Nueva York? ¿Cómo le fue esa temporada allá?
R. Fantástico. Fue maravilloso porque podía trabajar. Como decía un oyente que teníamos en La W cuando Julio le preguntaba cómo estaba: “Pobre, pero en Nueva York”. En mi caso era trabajando, pero en Nueva York. De manera que fue extraordinario. Todos los días tenía un museo para recorrer y una biblioteca para consultar. Nueva York es la capital del mundo. Es una de las experiencias más gratas que he tenido en mi vida, y se la debo a mi mujer.
P. El desempeño de María Emma en el cargo fue notable.
R. María Emma tuvo la importancia de haberle dado un nivel muy alto a la representación colombiana. La importancia de Colombia en Naciones Unidas con ella fue notable. A mí me tocaba ir como marido a la reunión de fin de año, que es como la premiación del colegio, con todos los embajadores y sus familias. Ustedes no se imaginan la popularidad mía por ser marido de la señora embajadora. Me ganaba gratuitamente el elogio que todos los embajadores hacían por la forma en que María Emma representó al país. Ella fue la primera que hizo campaña para que una mujer fuera secretaria de las Naciones Unidas. Inclusive, publicó un libro junto a la embajadora de Arabia Saudita en el que se explica por qué es indispensable que llegue una mujer a la Secretaría, cosa que felizmente parece que va a pasar.
P. A propósito de diplomacia, usted fue embajador en Venezuela y en México. ¿Cómo ve la situación de Venezuela?
R. Es muy grave para Colombia, porque lo que pasa en Venezuela es como si sucediera en el propio país. Y a Venezuela le pasa lo mismo: una gripa en Venezuela se vuelve pulmonía en Colombia. Ha sido lamentable el hecho de que Venezuela haya vivido un deterioro de su democracia cuando el coronel Chávez tomó el poder democráticamente y democráticamente lo convirtió en una dictadura, que después se fortaleció con Maduro y que es la situación que actualmente padecen los venezolanos. Eso afecta mucho a Colombia. Es muy dramático. Quiero mucho a Venezuela. Aprendí mucho del presidente Rafael Caldera, que me distinguió con su amistad. Es preocupante que Venezuela no recupere su democracia con la velocidad que uno quisiera. El hecho de que hayan apresado al presidente Maduro de una manera que no es muy católica, rompiendo todas las reglas de la diplomacia, es un peligroso antecedente, pero abre la posibilidad de que rápidamente se instale un sistema democrático en Venezuela, que sería para Colombia fundamental.
P. Hace unos meses el Gobierno publicó un borrador de decreto cambiando los requisitos para ser embajador de Colombia. Pretende eliminar requisitos profesionales, académicos e incluso lingüísticos. ¿Qué opina de esto?
R. Es una torpeza. A eso no le cabe ningún análisis. No hay ningún país del mundo en el que la diplomacia sea una actividad administrativa cualquiera. La diplomacia es una ciencia que requiere preparación, como es natural. Es como quitarle a los médicos la condición de estudiar y especializarse. Es una estupidez. Espero que ese proyecto no tenga futuro.

Foto: W Radio Colombia
P. Comenzó su carrera en la radio en el año 1996, en La FM, junto a Julio Sánchez Cristo y William Calderón. Jairo Tobón de la Roche, el vicepresidente de la cadena, se hacía cargo de los problemas tecnológicos, que no faltaban. Hoy hace parte del programa 6AM W, fruto de la fusión entre el Noticiero 6AM de Caracol y La W con Julio Sánchez Cristo. ¿Cómo le sentó la “fusión”? ¿Sabe bajo qué criterios se tomó esta decisión?
R. Me da mucha nostalgia la desaparición de La W, porque creo que La W fue para la radio colombiana una experiencia fantástica, un cambio en el estilo, una rapidez en la noticia internacional, una importancia para los corresponsales internacionales que La W tuvo como ninguna otra emisora. Comprendo que es una decisión empresarial en la que yo no tuve participación y que, supongo, es producto de la evolución que el mercado publicitario está teniendo en el país.
P. Ahora usted se abrió paso en las redes sociales.
R. Ahora estoy dedicado a las redes sociales con una nieta que es mi productora y que me tiene trabajando en ese campo.
P. ¿Y por qué tomó esa decisión?
R. Porque yo adoro a mis nietas y creo que la juventud es un termómetro muy importante de los cambios que está viviendo el mundo. De manera que yo estoy aplicado a lo que mi productora dice.
P. Usted fue durante muchos años un hombre de radio, pero también se ha dedicado a la escritura. Ha escrito dos libros y ha sido columnista. ¿Qué formato disfruta más: la escritura o la radio?
R. Disfruté más la radio porque el impacto era directo. Por ejemplo, el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York prácticamente lo transmitimos porque fuimos los primeros en señalar que el ataque era terrorista y no un accidente, pues teníamos comunicación directa con Estados Unidos. O, por ejemplo, el triunfo de la oposición en Chile en la época de Pinochet. En esa época estaba en Caracol y Yamid Amat me envió a cubrir la elección. Caracol fue la primera emisora en el mundo que informó sobre la pérdida de Pinochet en el plebiscito. Resulta que me llamó Yamid Amat a preguntarme cómo iba la elección y yo le dije que, en mi opinión, de acuerdo con unos cálculos que yo hice por mi experiencia electoral, la oposición iba a ganar. Me colgó el teléfono, y cuando la noticia se produce, Caracol se la comunica, y soltó: “¡Atención! El NO gana las elecciones en Chile”. Y yo a gritos diciendo: “¡NO! ¡Un minuto! ¡Me estoy adelantando! ¡Estamos poniendo la vida en esto!”. Finalmente, lo logramos. La radio tiene ese misterio que no consigue la televisión a pesar de que es con imagen. Echo de menos la radio, pero sigo de todas maneras haciendo comentarios en la radio y escribiendo para el periódico EL PAÍS todas las semanas.
P. Para acabar, Doctor Casas, y agradeciéndole por su tiempo, ¿cuál cree que es el gran reto que se le viene a la juventud?
R. Muchos retos. La juventud es la preocupación de las personas que tenemos la edad que yo tengo, porque les va a tocar un mundo muy complicado. La crisis que vive el mundo por la pérdida de la multipolaridad es muy delicado. Las posibilidades de conflictos bélicos, de problemas que ya había superado el mundo. Nadie se iba a imaginar que Ucrania pudiera ser invadida por un poder como el de Rusia y que no pasara mayor cosa, sino que la guerra continuó. Todos los días tenemos información sobre muertos en Ucrania, en Rusia y en Gaza. El cese al fuego en Gaza por la guerra con Israel no se llevó a cabo. Sigue produciendo muertos. Esa es una perspectiva de inseguridad que, junto al crecimiento de la inteligencia artificial, hace que a la juventud le cueste mucho esta crisis, donde todo está cambiando demasiado rápido.



