La función de la comedia: del teatro griego a las pantallas

Foto: Arte Misión

Laura Zambrano Ospina
Universidad de la Sabana
Hace casi doscientos años, en 1828, Luis Vargas Tejada, dramaturgo colombiano, publicaba la obra de teatro Las convulsiones. Esta se desarrollaba en Bogotá, y en ella, Crispina, la protagonista, sufría de las llamadas “convulsiones”. Estas le ocurrían en ocasiones específicas, cuando por ejemplo su padre no quería comprarle un nuevo vestido para un baile, o cuando cualquiera se oponía a sus caprichos. Así se refería uno de los personajes a ella:
“Vivir en Bogotá le enfada mucho,
y si a habitar aquí se determina
es por las convulsiones de Crispina”
A través de este cómico personaje, que se retorcía en el suelo y gritaba como si la estuvieran matando, el autor planteaba una sátira de la sociedad bogotana de entonces, con todas sus excentricidades y disparates.
La comedia, desde la antigua Grecia cumple una gran función: ridiculizar los vicios sociales para invitar a la gente a evitarlos. Aristóteles en La Poética sostuvo que “La comedia es la imitación de hombres inferiores, pero no en toda la extensión del vicio, sino en lo que tienen de risible, pues lo risible es un defecto y una fealdad que no causa dolor ni ruina". Más tarde en el siglo XVII en Francia, Molière adoptó también aquella función a través de comedias en las que personajes ridículos con grandes vicios terminaban siendo expuestos a la burla del público. El avaro, Las preciosas ridículas, o Tartufo son buenos ejemplos de ello.
Más tarde el cine aplicó también esta idea, y es una fórmula que sigue funcionando aún. Suele suceder que nos identifiquemos con aquello que vemos en la pantalla y no nos damos cuenta de lo mucho que influye sobre nuestro comportamiento. Hoy en día aún hay muchos personajes cómicos como Crispina o Tartufo en las series de televisión y en las películas colombianas, y seguramente nos hemos identificado con sus defectos.
En doscientos años, la ciudad de Bogotá, y en general nuestro país, ha cambiado bastante, pero los vicios humanos siguen siendo los mismos y estarán siempre presentes en nuestra sociedad. Recordemos la función de la comedia y aprovechemos esta oportunidad para reírnos de nosotros mismos a través de divertidos personajes que nos recuerdan lo ridículos que podemos llegar a ser si nos dejamos llevar por nuestros vicios.



