Más presente que futuro: el fracaso silencioso de las elecciones juveniles

Foto: Registraduría

Juan Manuel López
Universidad del Rosario
Las elecciones a los Consejos Locales y Municipales de Juventudes demuestran cómo viene una nueva generación de jóvenes con ideas frescas y con mirada positiva al futuro de nuestro país. Sin embargo, la baja participación de electores, jóvenes entre 14 y 28 años, enciende una alarma de cara a las elecciones de 2026.
Es bien sabido que generalmente se tiene el foco en grandes ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, entre otras, por su alta participación electoral. Para esta ocasión estas ciudades tuvo muy baja participación, enfrentándose a resultados desalentadores con menos del 10% de votos obtenidos del total de habitantes habilitados.
Para entender este fenómeno es importante mencionar de cerca las causas que llevaron a este bajo resultado, por lo cual, desde mi experiencia como candidato al consejo local de juventudes por Bogotá, puedo demostrar el diagnóstico frente a estos. En primer lugar, encontrarse con un panorama desolador, con Consejos de Juventudes que en su mayoría ya no tenían el total de miembros activo, con Consejos que para la voz de muchos jóvenes eran desconocidos y de Consejos que estuvieron atados a una ley estatutaria que se quedó en el pasado y muy lejana de la realidad de los jóvenes del presente. Este era apenas uno de los inconvenientes que me enfrentaría en el camino de estos más de 5 meses de campaña electoral en torno a las elecciones.
En los diferentes acompañamientos que realicé en colegios, calles, espacios deportivos entre otros escenarios que frecuentamos los jóvenes, se aumentaba la incertidumbre en torno a las funciones y las labores que debe desempeñar un consejero de juventudes, el ambiente era desalentador, pues, difícilmente algún joven quería formar parte de esta corporación no solo por desconocimiento sino también por la desmotivación marcada del poco acompañamiento, por parte de los gobiernos locales y nacionales, en las diferentes regiones del país.
Frente a este último problema, debido a la falta de civismo, se debería fomentar en las aulas clases de democracia hablando de la estructura del Estado, de los derecho de los ciudadanos, pero pocas clases hablando de la importante de elegir a los consejeros de juventudes o, de incentivar a los jóvenes, futuro ciudadanos, a participar como candidatos. Pasillos que poco hablaban de las elecciones faltando pocos días para el 19 de octubre, hacía parte del panorama de la última semana previa a las elecciones.
En cierto modo, me causó tristeza ver como el Estado invirtió 160,000 millones de pesos en unas elecciones que quedarán marcadas como una de las más bajas en la historia del país y que nos dejan muy mal parados a los jóvenes que somos más presente que futuro.



