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No todo cabe en una maleta: lo que la distancia le hace a la mente universitaria

Foto: Bogotá Cómo Vamos
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María Fátima Arrázola

Universidad del Rosario

Llegué a una nueva ciudad con expectativas, sueños, anhelos, de formarme en una gran profesional. Dejé atrás la comodidad, mis seres queridos, toda una vida construida. Son algunas aspiraciones humanas que todos los estudiantes pueden comprender, pero que únicamente quienes vivimos lejos de casa experimentamos con una profundidad diferente. Ese cambio tan repentino de pasar del calor de los 30 grados de Montería, en la costa caribe del país, a congelarme con los 15 grados que me esperan en lo que ahora debo llamar “mi nuevo hogar”. La capital de Colombia es una transformación tan grande que uno no se da cuenta de un momento a otro. Ese sentimiento de estar tirada en una cama, aferrándome a un peluche con lágrimas cayendo por mis mejillas al ver a través de una pantalla cómo mi familia se reúne, celebran el cumpleaños de mis primos y están felices, pero sin mí. Al mismo tiempo, viendo cómo reprobé el primer corte de una de las materias más importantes para iniciar mi carrera, presenciando como mi salud mental se tambalea y colapsa una vez más. Por todo esto que estoy mencionando. Y no soy la única.


Es una realidad que ser estudiante foráneo va mucho más allá de mudarse a otra ciudad y empezar los estudios universitarios, es empezar una nueva etapa llena de incertidumbres, cambios y aprendizajes. Obligada a dejar atrás la comodidad del hogar, los abrazos de amigos y familiares, y aquella rutina que siempre dio estabilidad, para enfrentarse con un entorno desconocido, esperando cumplir sueños y metas. Este proceso no solo conlleva una transformación externa, también es emocional y social. Adaptarse a nuevas costumbres, climas y formas de vida puede generar sentimientos de soledad, ansiedad o incluso desmotivación.


En medio de este cambio tan grande, un estudiante foráneo debe aprender a equilibrar sus emociones, su proceso de adaptación y sus responsabilidades académicas, mientras intenta construir una nueva red de apoyo lejos de casa. Todo esto puede influir de manera significativa en su bienestar mental y en su desempeño universitario. Por ello, resulta importante reflexionar sobre la manera en que el hecho de ser estudiante foráneo influye en el estado emocional, en el proceso de adaptación a una nueva ciudad, la adaptación social y en el rendimiento académico.


Cuando un estudiante deja atrás su hogar para comenzar una nueva etapa en otra ciudad, no solo se enfrenta a un cambio físico de lugar, sino a una transformación emocional profunda que implica desprenderse de su círculo de confianza y aprender a sobrellevar la soledad, la nostalgia y el estrés que surgen al intentar adaptarse a nuevas costumbres y personas, un proceso que muchas veces impacta su salud mental, concentración y desempeño académico al chocar con contextos sociales y culturales completamente diferentes. Esta transformación emocional que vive un estudiante foráneo no es un proceso superficial, sino una experiencia profunda que marca su bienestar y su rendimiento académico, ya que adaptarse a un nuevo entorno implica reconstruirse emocionalmente y aprender a sobrellevar sentimientos de soledad, ansiedad o nostalgia que pueden surgir con fuerza en los primeros meses. Según una revisión sistemática publicada en Current Psychology BioMed Central, cerca de un tercio de los estudiantes universitarios foráneos reportan síntomas que podrían indicar un trastorno psicológico al inicio de sus estudios. Este dato demuestra cómo el cambio de entorno y las exigencias de la vida universitaria pueden convertirse en factores de riesgo para la salud mental. Por ende, la adaptación emocional se vuelve un desafío constante que influye directamente en la motivación, la concentración y el equilibrio mental del estudiante mientras intenta encontrar su lugar fuera de casa.


Adaptarse a una nueva ciudad para estudiar no es un proceso sencillo, al contrario, representa un conjunto de desafíos que pueden llegar a ser emocional y mentalmente agotadores para el estudiante foráneo. Desde encontrar un lugar donde vivir, aprender a ubicarse sin miedo o construir nuevas amistades desde cero, hasta acostumbrarse a métodos de enseñanza distintos, teniendo en cuenta el abrupto cambio entre colegio y universidad. Todo requiere, además, tiempo y paciencia. Esta etapa de reajuste constante puede generar una sensación de soledad y sobrecarga emocional difícil de manejar, especialmente cuando el entorno aún se siente ajeno. De acuerdo con un estudio publicado por Springer Nature, los estudiantes que viven fuera del hogar, también conocidos como residenciales, reportan niveles más altos de estrés y soledad en comparación con aquellos que permanecen con sus familias. Esto termina de confirmar que el proceso de adaptación del estudiante foráneo no solo implica un cambio de entorno, sino una lucha interna por mantener el equilibrio entre lo personal, lo social y lo académico en medio de un escenario completamente nuevo y diferente.


Las dificultades emocionales y de adaptación no solo afectan el bienestar personal de los estudiantes foráneos, sino que también influyen sustancialmente en su desempeño académico. Teniendo en cuenta que cuando alguien atraviesa un episodio de ansiedad, estrés o desmotivación por estar lejos de casa, su concentración disminuye, puede tender a faltar a clases y la participación en actividades académicas o sociales se reduce de forma evidente. En varios casos, la nostalgia se convierte en una barrera que afecta esta motivación y puede incluso llevar a la procrastinación o, peor, abandonar los estudios. Teniendo en cuenta un estudio publicado en el Journal of Education and Teacher Training Innovation, se encontró un paralelismo enorme entre la nostalgia y el bajo rendimiento académico, mostrando que los estudiantes foráneos presentan mayores niveles de tensión emocional que interfieren con su aprendizaje (Iloakasia, 2024, p. 10). De igual forma, una revisión de Springer Nature sobre el uso de servicios de salud mental en universitarios que incluye asistencia psicológica y terapia clínica, señala que aquellos que experimentan ese malestar psicológico tienden a acudir con mayor frecuencia a estos servicios, lo que refleja cómo las dificultades emocionales impactan la vida académica. Juntos, estos hallazgos reafirman que el proceso de adaptación del estudiante foráneo puede convertirse en un obstáculo real para su desarrollo académico si no se cuenta con el acompañamiento profesional pertinente.


Con base en lo anterior, un estudiante que deja su hogar para empezar sus estudios, obligado a adaptarse a los retos que trae consigo una ciudad desconocida, con los miedos a flor de piel por cómo va a ser el trato de sus nuevos compañeros, vivir sin la compañía de esa red de apoyo de toda la vida como lo es su familia, aprendiendo a sobrevivir y no morir en el intento. Mantener, además, un rendimiento académico decente, y a su vez, sostener factores muy importantes que recogen a cada uno de los elementos anteriormente mencionados para poder resistir los cambios que trae consigo el mudarse de ciudad, como lo es la estabilidad emocional, ya que sin ella, la salud mental del estudiante foráneo está en juego, mostrándonos cómo puede afectar de manera exponencial la adaptación al cambio, la exigencia universitaria y como la soledad y ansiedad abruman. Sabiéndolo, puedo comprender cómo este cambio enorme me ha afectado de tal manera que me he sentido frustrada, sola e incluso estúpida. No es extraño lo que me está sucediendo y no soy la única a quien le pasa. Que el soltarme en llanto y lágrimas después de un “te amo” de mis papás y un “descansa mi flaqui linda” de mi tía al finalizar una llamada es algo común entre los que dejamos nuestro hogar por formarnos profesionalmente para cumplir nuestros sueños, así como lo fue el estrés, inseguridad y rabia por haber permitido que mi estado emocional tomara las riendas de mis calificaciones llegando al punto de reprobar, junto a esas noches de insomnio llorando sin un abrazo o un besito en la mejilla de Lucas, porque dudé si soy lo suficientemente buena en esto o si realmente era para mí, pero pude caer en cuenta a tiempo que estoy así por la situación de cambio y adaptación en la que me encuentro. Tener en cuenta que el haber buscado esa ayuda profesiona, y lo batallado pero lindo de hacer amigos en un nuevo contexto, han colaborado en todo momento para no dejarme caer en este estado.


Bibliografía


ISSN: 3028-385X

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