Viotá, la tierra del posconflicto

Foto: Gobernación de Cundinamarca

Daiana Barrera Penagos
Universidad Externado
Capital cafetera de Cundinamarca, atravesada por el conflicto, la historia y la movilización social de campesinos.
Entre tierra, el río, animales y una quebradita cercana a la vereda Brasil, nació Gloria Lucía Moreno Cubillos, una mujer de 56 años que ha vivido toda su vida en Viotá, presenciando cada etapa fundamental por la que ha pasado este municipio ubicado en Cundinamarca.
Gloria recuerda su niñez con alegría. “Yo me crié en el campo, yo soy del campo. Nací entre gallinas, vacas, caballos, perritos y gatos. Así es la vida del campo, en medio de masas y café”. Brasil es una vereda cercana al municipio de Viotá, aproximadamente a 45 minutos en carro. A causa de su cercanía, Gloria se considera viotuna de nacimiento.
Gloria nació en 1969. Para entonces, se contaban 29 años desde que se fundaron las ligas campesinas en el municipio y el movimiento La Guardia Roja, en 1940, con el acompañamiento del Partido Comunista Colombiano. “Lo que siempre buscó el Partido Comunista fue ayudar a la gente a salir adelante, a que tuvieran mejores oportunidades de trabajo y que la gente del campo tuviera más posibilidades”, afirma Gloria al recordar aquellas épocas de movilización social que marcaron al pueblo durante décadas, donde la vereda en la que nació fue cuna del Partido Comunista y de las luchas agrarias.
Sumado a esto, las autodefensas campesinas se formaron en el municipio junto a escuelas de formación política marxista que buscaban enseñarles a los jóvenes viotunos sobre su historia y el legado de la consigna: “La tierra es de quien la trabaja”, lema que marcó al campesinado del municipio hasta el día de hoy.
Sin embargo, tras años de revolución, Viotá se convirtió en eje central de episodios violentos que sacudieron el municipio durante años. “Todo trae sus pros y sus contras. Desafortunadamente, la idealización que tenía en esa época el Partido Comunista se tergiversó. Lo que en un momento se hizo para ayudar al pueblo, después se volvió algo personal; cada uno hacía lo que quería y el objetivo principal se perdió”.
Tras el auge de la guerrilla y la llegada de los paramilitares en los 2000, Viotá se convirtió en un municipio fantasma donde cada habitante vivía con la incertidumbre constante de lo que podría suceder en horas de la tarde. “A las 7 de la noche ya todo el mundo tenía que estar puertas adentro, nadie podía salir. La economía en Viotá bajó muchísimo; la violencia no trae nada bueno. Aquí vivían personas muy influyentes, con buen capital, pero a través de todo el problema que hubo, las personas empezaron a irse”.
Entre 1990 y 2010, el Centro Nacional de Memoria Histórica registró que en Cundinamarca hubo 4.880 víctimas a causa del conflicto armado en el país. Asimismo, según el Registro Único de Víctimas (RUV), entre 1998 y 2004 fue el periodo de desplazamiento forzado más alto para Viotá, registrando más de 1.050 personas desplazadas a causa del conflicto armado en la zona.
El desplazamiento forzado fue una de las alternativas más dolorosas para distintas familias de Viotá, en medio de asesinatos, amenazas y bombardeos en la zona. Gloria tuvo que partir rumbo a Bogotá. En ese momento, ella ocupaba el cargo de secretaria para el alcalde de turno, Rútber José Navarro Grisales. “En esa época yo me fui para Bogotá, yo trabajaba en la alcaldía. Entonces la Gobernación nos acogió allá. Pero después de eso siguieron las amenazas; a mí me tocó renunciar al puesto y me fui a Melgar, un pueblito cercano. Allá viví seis meses y después volví. Cuando a mí me tocó irme no fue por la guerrilla, sino por los paramilitares. Aquí hubo familias que les tocó irse, porque le brindaron un vaso de agua al ejército o la guerrilla.”
Su contexto social la hizo blanco de diversas amenazas, pues venir de una vereda marcada por el comunismo como lo era Brasil y estar en medio de un entorno político, la convirtió en objetivo con información valiosa para los paramilitares que entraban en la zona.
“A Rútber Navarro lo mataron estando en ejercicio, si la memoria no me falla, a él lo mataron el 15 de septiembre. Todo eso se desenfrenó porque ese mismo día mataron a un candidato, ya que en octubre había elecciones. Nunca se supo quién los mató, unos le echaban la culpa a la guerrilla y otros a los paramilitares. A la larga, esas muertes quedaron impunes.” Viotá durante muchos años fue catalogada como zona roja. El turismo que lo permea hoy en día marca el cambio contundente que está teniendo el municipio. Es conocido por el café, su clima acogedor, la gente que lo rodea y sus ideales izquierdistas que han trascendido en generaciones.
“Yo siempre he dicho que las cosas pasan por algo, y que después de la tormenta viene la calma. A pesar de todas las dificultades que ha tenido Viotá, me siento muy orgullosa de ser viotuna. Viotá es conocida a nivel departamental por las cosas buenas en el deporte y su actividad turística.” Este municipio cafetero siempre ha sido tierra de agricultores y campesinos, siendo la base económica de este. Además, cuenta con todos los pisos térmicos, lo que ha permitido la siembra del lulo, mora e incluso la piña. “A nosotros nos criaron en medio de la agricultura.”
Hoy, Viotá florece entre montañas y cafetales que fueron testigos del dolor. Su gente, marcada por la historia, sigue cultivando la tierra con el mismo amor que un día la defendió. Gloria, como muchos viotunos, demuestra que ni la guerra ni el miedo pueden arrancar las raíces de un pueblo que aprendió a renacer.



