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Noticias violentas

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María José Vargas

Universidad Javeriana

El pasado 30 de marzo, todos los medios de comunicación publicaron la noticia sobre un hombre extranjero de 37 años que llevó a un hotel en Medellín a dos niñas de doce y trece años, víctimas de las redes de prostitución y explotación sexual en la ciudad. Supongo que no se han publicado los nombres de las menores por temas de seguridad, por lo que se tiene muy poca información sobre ellas. No se sabe, por ejemplo, quiénes son sus familiares o si han tenido en el pasado experiencias de abuso. Sin embargo, en todas las noticias que pude leer sobre el asunto me di cuenta de que había un borramiento de dichas niñas. 

La forma en la que se les ha nombrado y, por ende, representado en las noticias ha sido con un discurso homogeneizante, minimizante y que no visibiliza a las verdaderas víctimas del caso. “En la habitación del extranjero, que ingresó con dos niñas en Medellín, habrían hallado condones usados y drogas” (@ultimahoracol, 2024); “Sellaron lujoso hotel donde encontraron a dos menores con un extranjero en Medellín” (El Tiempo, 2024); “Sellan temporalmente hotel Gotham en El Poblado, en Medellín, tras hallar un extranjero con dos menores” (Semana, 2024); “Niñas prostituidas y extranjeros voraces: la explotación sexual en Medellín” (El País, 2024).

 

Aunque en apariencia estos titulares lucen informativos, el lenguaje empleado para comunicar las noticias es de naturaleza violenta. En dos de los medios más grandes del país se hizo, primeramente, alusión al hotel donde ocurrieron los hechos antes de referirse directamente a las víctimas del abuso. Además, en las noticias y titulares que siguieron saliendo después del hecho se prestó especial atención al hombre y a su proceso de judicialización antes que a la situación misma de las jóvenes. Aunque sí se ha hablado de las redes de prostitución y explotación sexual de menores en la ciudad, eso ha quedado en un segundo plano debido a la complejidad misma del asunto, o simplemente se ha condenado sin ahondar en los detalles de aquel fenómeno. 

Aquí no me quiero enfocar en el problema de explotación y “turismo sexual”, sino en la forma en la que los medios han hablado del tema construyendo una representación específica de las víctimas y el victimario. El lenguaje tiene el poder de crear una idea sobre las personas y espacios que nos rodean, los discursos tienen la capacidad de determinar el sentido por el que entendemos el mundo, por eso, pensar en la forma en la que hablamos de estas situaciones no es algo que se deba pasar por alto. El hecho de enfocarse más en el victimario, su motivo de estar en Colombia, la forma en la que abusó de las menores, su puesta en libertad porque “no fue encontrado agrediendo sexualmente a las niñas” (Infobae, 2024), antes que en la historia de las jóvenes, su contexto social y económico, el nivel de vida de sus familias o las razones por las que ingresaron a cadenas de explotación sexual, sigue replicando una mirada equivocada de las cosas.

 

Pensar el hecho de esta forma es quitarle agencia, una vez más, a las jóvenes, porque ni siquiera se presentan como niñas sintientes que seguramente deben estar muertas del miedo, sino como entes independientes que hicieron parte de un hecho terrible. Incluso, al leer la noticia por primera vez, uno podría llegar a pensar que las menores estaban involucradas consentidamente en la situación. Los medios les han quitado toda humanidad y sentimiento. Si queremos que haya un cambio en la situación social del país, primero tiene que cambiar la forma en la que nos referimos a los hechos.

ISSN: 3028-385X

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