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La tierra del sol

Samuel Sanabria.jpg

Víctor Javier Lizarazo

Universidad Industrial de Santander

Me acuerdo…

de hecho

yo vengo de la tierra del sol.

recuerdo que desde peladito me repito

que aunque el gobierno diga que vivo en una invasión,

no me define la comuna en que resido,

sino qué tan fuerte

es el latido de mi corazón,

y aunque mi alma ignífuga

se forjó en aquella fragua,

me quema que se trate de enterrar el pasado,

bajo estas calles lujosas, de nuevo pavimento

y le llamen progreso,

¡yo lo llamo problema!...

y que masacren fauna y flora para poner cables

y le llamen conexión a eso, sí, me obsesiona,

porque aunque se asome el carroñero olvido

a embutirse la historia,

yo sigo descalzo

como cuando era un "chiqui"

ya que así me agarro mejor a la tierra,

pues allí guardé,

como en una alcancía,

mi memoria

y yo sé que la sensación térmica es de treinta y ocho

pero me he hecho de hierro,

cómo todos los muchachos de mi barrio,

como el parcero Camilo

que se aguantó los tiros

de una puta

treinta y ocho en el pecho


Yo vengo de ahí,

la ciudad de la eterna tarde,

tengo derecho a ese pedazo de monte,

pues de su piso me nutrí desde el vientre de mi madre

y no es un alarde, es un hecho,

allí solté la primera risa,

allí enterré a mi abuela y a mi tío Gerardo

y de la rabia

no fui a la misa,

adoré a Dios

y luego maldecí su indiferencia

ante tanta vileza, miseria y violencia

y admiré más bien la resistencia

de esas Indias e Indios,

que sobrevivieron a la época colonial

pero no

a las empresas de petróleo y su broca


y aún con todo y eso: si me muero hoy

quiero que me entierren allí

pues sé que fuimos y aún somos un pueblo extraviado,

que no a todos ha llegado la luz en la tierra del sol,

y que vivir allí es como andar como aquél caracol afanado

sin saber que se desliza por el filo de un cuchillo,

y el resultado es que veces de tanto muerto,

uno siente que camina en un campo de hojas de otoño,

y chillo al recordar mi sueño

de volver a esas barrancas bermejas

a purificar mi ser viendo el magdalena,

devolver las risas a los parques

donde amé a aquellas muchachas buenas,

ir a casa de Jorhan

dónde hasta el aire emborracha,

volver a ver clases con Rafael y Willintong,

a mi habitación donde toda la vida me derramé en llanto,

ir al puente en bicicleta con amigos

a ver el atardecer evapora de raíz las penas,

a mí barrio

donde arranqué la primera cayena

y la regalé,


porque aunque me haya ido

y aunque la narrativa sea

que los tiempos pasados nunca han existido,

no soy nada sin lo que he vivido,

soy un hombre que se forjó en el calor,

el calor de los recuerdos,

y si no vuelvo,

puede que mi alma ya no se sienta viva

y que ya nunca más

pueda volver a decir:

me acuerdo...

ISSN: 3028-385X

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