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¿Paz o impunidad?

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Juan Manuel Cifuentes

La Colegiatura

Es profundamente doloroso ver a Salvatore Mancuso en libertad, riéndose en la cara de las miles de víctimas de los paramilitares. Es indignante que mientras él, junto con otros victimarios de las FARC y las AUC, disfrutan de privilegios y evaden la verdadera justicia, las víctimas de la guerra son revictimizadas y humilladas una y otra vez. 

 

El acto en Montería, donde el presidente Petro entregó un sombrero como regalo al peor asesino de la historia reciente de Colombia, nombrándolo gestor de paz mientras le asignaba escoltas, es una afrenta para el país. Es inconcebible que el presidente, quien debería velar por las víctimas y por los colombianos de bien, se atreva a honrar de esta manera a un criminal de lesa humanidad. El dolor de lo que está ocurriendo en Colombia es insoportable. Debemos preguntarnos: ¿Cuánto más tendrá que soportar nuestro país esta complicidad entre el Estado y los criminales? ¿Cuánto tiempo más tendrán que esperar las víctimas para obtener justicia, verdad y reparación?

 

Salvatore Mancuso, responsable de más de 75 mil crímenes y con múltiples condenas sobre sus hombros, no merece ser homenajeado por el presidente de la república. Merece ser juzgado y condenado por toda la sociedad colombiana. No podemos permitir que nos reescriban la historia y que se trivialice el sufrimiento de las víctimas. Si realmente deseamos la paz, primero debemos buscar la justicia. Solo así podremos alcanzar esa paz que todo un país, marcado por la guerra, anhela profundamente.

 

Me dueles, Colombia.

ISSN: 3028-385X

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