El genocidio continúa

Foto: Hassona / Anadolu (Getty)

Jose Miguel Betancur
Universidad Complutense de Madrid
El conflicto palestino-israelí es un fenómeno que ha transitado por diferentes etapas. Entre ellas, ha traído la ocupación de diferentes territorios palestinos y el genocidio en la Franja de Gaza, así como desplazamientos forzados, hambrunas, desapariciones, entre otras atrocidades perpetradas constantemente por el Estado de Israel. Sin embargo, en el último trimestre del 2025 se generalizó la narrativa de una supuesta pacificación de la Franja. Por este motivo, para este ensayo me interesa mirarlo desde adentro: las voces, vivencias y expresiones de quienes viven el horror día a día son la muestra más clara de que el genocidio no ha parado. Por el contrario, se nutre constantemente de la masacre continua al pueblo palestino.
Antes de adentrarnos en la materia que constituye este ensayo, es importante reconocer algunos momentos críticos en la historia reciente de este “conflicto”, como antecedentes del genocidio que ocurre hoy. Previo a la creación del estado de Israel, escenarios como la declaración de Balfour en 1917, que propició el crecimiento de la población judía en territorio palestino, las revueltas palestinas de 1936 y los ataques sionistas en 1946 mostraban ya un horizonte poco pacífico para este territorio. En este contexto, la ONU promueve la partición del territorio en dos estados en 1947, decisión que se consolidó con la creación del Estado de Israel un año más tarde.
En este proceso, la población palestina no tuvo mucho protagonismo y, a la postre, fue la principal perjudicada de esta decisión. De esta manera, a partir de la década de 1960 y luego de una especie de limbo en el que se encontraba dicha población, los enfrentamientos militares entre un grupo de países de la comunidad árabe —como Egipto, Jordania y Siria— y el Estado de Israel se intensificaron, dejando para la historia capítulos como el proceso de Eichmann, la guerra de los seis días, el conflicto de Yom Kippur o la invasión de Líbano.
Podríamos hacer una lista interminable de sucesos que marcaron este fenómeno, pero es en el tiempo más reciente donde encontramos el periodo más violento, que no solo nos deja hechos y cifras impactantes como los más de 70.000 muertos en poco más de dos años o los millones de desplazados, sino que también ponen de manifiesto la esterilidad de los organismos internacionales como la ONU, así como la del derecho internacional ante este tipo de situaciones, particularmente cuando son perpetradas por agentes desproporcionadamente poderosos como el Estado de Israel.
A nivel internacional han aparecido propuestas que supuestamente buscan reducir el impacto de la masacre. Incluso se ha firmado un alto al fuego y se ha pactado la liberación de algunos rehenes. Sin embargo, estas propuestas se han quedado en el papel y las acciones que se han tomado no resultan determinantes en las decisiones sobre el presente y el futuro del genocidio. En cambio, antes que repercutir en la profundidad de esta situación, los acuerdos han ocultado lo que pasa en la Franja de Gaza y la han convertido en un paisaje que parece lejano. Contrario a lo que muestran las voces presentes en el territorio afectado por el genocidio, para el público internacional parece verse como algo del pasado, mientras el exterminio y la ocupación colonial se intensifican y llegan a su fase más avanzada.
Entre tanto, la población palestina, particularmente las personas que sobreviven en la Franja de Gaza, han desarrollado diferentes formas de resistencia. La exaltación de su identidad, basada en los testimonios directos que funcionan como relatos en tiempo real de la situación, es una muestra de ello. Así mismo, la promoción de elementos culturales y artísticos desde la pintura, la literatura, la poesía, han sabido hacerle frente a una realidad que cada vez es más cruda para las personas que se atreven a crearlos entre los bombardeos, los escombros y los cadáveres.
El 2025 trajo a este asunto diferentes elementos que debemos resaltar. A nivel internacional, el reconocimiento público del genocidio en Gaza propició movilizaciones multitudinarias en las principales ciudades contra las acciones de las fuerzas israelís y también contra sus cómplices. Así mismo, países como Francia, Reino Unido o Canadá reconocieron oficialmente a Palestina como Estado. Sin embargo, estas acciones no resultaron efectivas contra el genocidio. Por una parte, porque la política internacional es uno entre los muchos elementos que determinan las acciones de un Estado; y, por otra parte, porque, paradójicamente, muchas de esas naciones que reconocieron a Palestina como Estado siguen legitimando la existencia del Estado de Israel, manteniendo las relaciones comerciales, particularmente con su industria militar.
A pesar de los acuerdos (unilaterales, por cierto), la acción genocida continúa. En ella, la violencia contra el pueblo palestino sigue expresándose de diferentes maneras. Una de estas expresiones es el exterminio directo. En diferentes acciones militares, desde septiembre han muerto más de 400 palestinos. Entre ellos, cientos de mujeres y niños que fueron asediados sin ninguna posibilidad de defenderse o de, por lo menos, resguardar su vida. Sobre esto, llama la atención que la mayoría de estos asesinatos se dieron en el marco de un alto al fuego firmado a inicios de octubre, demostrando que estas acciones “diplomáticas” no son más que simples juegos de imagen para ocultar lo que se vive realmente en las calles bombardeadas de la Franja de Gaza.
Un ejemplo de estas acciones se dio la noche del 29 de octubre del 2025. Tras 19 días de la firma del alto al fuego que involucra a las Fuerzas de Ocupación Israelíes (FOI), estas mismas fuerzas desataron una ofensiva que cubría la totalidad de la franja. “En menos de 14 horas, este ataque mató a 104 palestinos, incluidos 46 niños, 20 mujeres y un periodista, e hirió a otros 253, entre ellos 78 niños y 84 mujeres. Estos crímenes reflejan la política sistemática de Israel de asesinatos en masa y ataques deliberados contra civiles”, reportaba de esta manera el Centro Palestino para los Derechos Humanos.
Los ataques a la población palestina no solo se materializan en el asesinato sistemático. Otra de las consecuencias directas de esta forma de violencia es el desplazamiento forzado. La ONU estima que a octubre de 2025 eran más de 2 millones de desplazados dentro de la Franja de Gaza como consecuencia de la acción militar israelí. Pero este fenómeno no solo se expresa en la franja. A raíz de la destrucción casi total del tejido urbano de la ciudad de Gaza, la ocupación de tierras habitadas por palestinos, llevada a cabo por la FOI, ha generado el desplazamiento forzado de miles de personas en regiones aledañas y en otros territorios donde la población palestina ha habitado históricamente.
La primera faceta de esta consecuencia ha sido reportada por el periodista Ali Jadallah, quien ha realizado un trabajo fotográfico sobre el impacto de los bombardeos y la destrucción que estos han implicado en la ciudad de Gaza. Su trabajo es una muestra gráfica de cómo se ve la destrucción que supone un genocidio en marcha. La infraestructura de una ciudad con más de 2 millones de habitantes destruida casi en su totalidad y una población entera que huye sin tener a dónde ir. La masacre y la destrucción convertidas en cotidianidad son los protagonistas de su trabajo.
Por su parte, el periodista Moatasem Riad ha mostrado, antes y a lo largo de estos tres meses, una cara más subjetiva del desplazamiento y el desarraigo que ha sufrido la población palestina en Gaza dentro de su propia ciudad. Su ejercicio es una muestra de cómo el trabajo periodístico se convierte en una forma de resistencia, pues no solo se encarga de narrar los hechos. También se esfuerza por darle valor a las historias de las víctimas, cómo han encontrado la fuerza para enfrentarse a una situación de esta magnitud aferrados a su historia desde diferentes expresiones de humanidad, como la solidaridad, el trabajo comunitario y el arte.
La otra cara del desplazamiento como consecuencia del genocidio no se ubica precisamente en la ciudad de Gaza. Esta faceta la viven los palestinos habitantes de poblaciones aledañas o de otros territorios que habitan históricamente como Cisjordania, Jerusalén o Jericó. En el mes de septiembre, en la aldea de Al-Sir en el Néguev, “decenas de familias se enfrentan ahora a la amenaza del desplazamiento forzado, y aproximadamente 50 familias recibieron órdenes de demolición inmediata de sus viviendas. Esta medida se produce tras la demolición de aproximadamente 30 viviendas la semana pasada, dejando a muchos residentes sin hogar en condiciones precarias”, informa la Agencia Palestina de Información y Noticias WAFA.
Escenarios como este no son simples acciones de guerra de un bando contra otro. Son acciones que materializan una política colonial que supone la deshumanización del pueblo palestino habitante de ese territorio. Esta política pretende eliminar una población entera de todas las maneras posibles, con el fin de imponer un nuevo orden ajeno a la historia de estas comunidades. El caso de la comunidad beduina asentada en la provincia de Jericó ejemplifica con amplitud la complejidad de este asunto.
El Centro Palestino para los Derechos Humanos reporta que “las raíces de este crimen se remontan a hace aproximadamente dos años, cuando colonos se apoderaron de tierras adyacentes a la comunidad en la zona de Ein al-Auja. Desde entonces, han intentado imponer el control por la fuerza mediante el pastoreo de ganado en tierras palestinas y la intensificación de los ataques y el acoso contra los residentes. Estos ataques alcanzaron su punto máximo el 31 de diciembre de 2025, cuando colonos araron aproximadamente 100 dunams de tierra justo frente a las casas de los residentes —tierras que constituyen su principal fuente de ingresos—, destruyeron la única carretera que conduce a la comunidad y cortaron el suministro eléctrico. Estas acciones claramente buscaban socavar las bases de la vida y obligar a los residentes a irse”.
La escalada de violencia que vivió la Franja de Gaza en el 2025, particularmente en el último trimestre, no solo es una muestra cruda de estos tipos de violencia. También es una prueba más, como se ha visto en los últimos dos años, de que la intención del Estado de Israel no es combatir un grupo terrorista, o solo anexionarse un territorio soberano como lo es la Franja de Gaza o la Cisjordania ocupada, así como los miles de kilómetros cuadrados de territorio que le ha arrebatado al pueblo palestino. Su objetivo es seguir perpetrando un genocidio, exterminar por completo al pueblo palestino en favor de la ideología sionista y tomar el control absoluto sobre el territorio para complacer a sus aliados, entre ellos los Estados Unidos, sin ningún obstáculo.
Recientemente, en el Foro Económico Mundial realizado en Davos, Suiza, el presidente estadounidense Donald Trump presentó una nueva “junta de paz”, de la única manera que podría ser: bajo sus condiciones, con sus propios invitados y con la clara intención de tenerlo a él y al imperio norteamericano como el eje central del futuro en esta región. Con ella no solo presentó la siguiente etapa del plan propuesto en el mes de octubre, que contemplaba 20 puntos necesarios para la “paz” en Gaza, también aclaró que sus intenciones no son de ninguna manera humanitarias.
Donald Trump y el gobierno estadounidense quieren imponer (y, por desgracia, parece que lo están logrando) su agenda geopolítica a toda costa. Luego de que su principal aliado en esta tarea, el gobierno israelí liderado por Benjamín Netanyahu, les hiciera el trabajo sucio, quieren convertir a la Franja de Gaza en un resort para la élite mundial. El yerno de Trump, Jared Kushnner, presentó lo que han denominado como un “Plan maestro”, que contempla la construcción de cientos de rascacielos, urbanizaciones de última generación y balnearios vacacionales. Algo así como un nuevo Dubái, pero construido sobre miles de cadáveres enterrados en escombros y en tierras ocupadas a palestinos desplazados a la fuerza.
Podemos ver entonces la transformación del escenario de este genocidio, pero no su final. Hace unos meses era bastante común la frase que lo anunciaba como “el primer genocidio transmitido en vivo”. Sin embargo, esto ya no es así. Ocultaron el genocidio, los medios ya no actualizan las cifras, ya no titulan sobre él. Ahora, parece que solo es relevante en tanto está vinculado al proyecto absolutamente desquiciado de Trump y sus socios, pero no por las víctimas que siguen siendo acribilladas, sino por la figura resplandeciente del presidente norteamericano. Nos hacen creer que lo peor ya pasó, pues luego de la barbarie que tuvimos que ver casi a la fuerza, creeríamos que nada podría ser peor, pero nos equivocamos. Lo peor está por venir.
El genocidio nunca paró. El genocidio continúa.
Referencias
Alonso, C. L. (2009). Historia y presente en Israel y Palestina. Separación, oposición y entrecruzamiento de dos historias paralelas. Nuevos y viejos enfoques. Ayer, 76, 293–317. http://www.jstor.org/stable/41326049
https://cnnespanol.cnn.com/2023/11/07/origen-conflicto-israel-palestinos-orix
https://cnnespanol.cnn.com/2023/11/07/lo-que-debes-saber-israel-trax/
https://unrwa.es/actualidad/noticias/alto-el-fuego-en-gaza-informe-actualizado-de-la-situacion
https://cnnespanol.cnn.com/2026/01/22/mundo/kushner-plan-reconstruccion-gaza-davos-trax



