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Hay más olé

Foto: Rodrigo Urrego / Semana
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Laura Valentina Giraldo

Universidad de Manizales

Por fin asomó, como un viejo sol que nunca se resigna a ocultarse del todo, la Temporada Taurina en Colombia. Cali abrió el calendario con una nueva edición de su Feria, que del 26 al 30 de diciembre volvió a poner a latir el corazón taurino del Occidente del país. Y, casi sin darnos respiro, Manizales celebró su 71ª Temporada Taurina, del 5 al 11 de enero del 2026, como un acto de fe, tradición y resistencia.


Y, aunque no sorprende que vuelva a hablar de toros, esta vez quiero detenerme en un hilo conductor que atraviesa el campo bravo, el toro, el ganadero, el torero y el albero: la labor silenciosa, titánica y apasionada de quienes, desde las oficinas y pasillos de las plazas, dan forma a cada tarde de toros. Me refiero, en esta ocasión, a los empresarios, y más específicamente al director ejecutivo de la Plaza de Toros de Manizales, un hombre que durante años nos ha regalado las mejores tardes de toros, las más grandes figuras del toreo, que ha mantenido a flote la mejor Feria Taurina de América: el Doctor Juan Carlos Gómez, médico de profesión, director del Hospital Infantil de Caldas y empresario que ha sabido soñar con grandeza. Él fue el artífice de unos carteles verdaderamente deslumbrantes para la temporada 2026, donde figuraron los más grandes exponentes del toreo mundial y, en un gesto que honra el porvenir, incluyeron un torero colombiano por tarde, como una declaración de esperanza para nuestras nuevas generaciones. Al respecto, mencionó que “siempre se tiene presente al torero colombiano en la gran mayoría de las corridas. Hay una cosa clara: esto no es una actividad con nacionalidad, es una actividad que debe tener presentes a las grandes figuras del toreo. El Maestro César Rincón, cuando estaba activo, era una figura de talla mundial, y por esto estaba presente en todas las ferias. Toreros con grandes presentaciones, Luis Bolívar, Juan de Castilla, y otros que, no siendo las grandes figuras, han ganado su cupo en la Temporada de Manizales. ¿Cuándo no hay un torero colombiano en un cartel de Cormanizales? Cuando, eventualmente, se han hecho mano a mano entre grandes figuras, donde se equilibra con carteles compuestos por dos colombianos y un torero extranjero, siempre el torero colombiano, por voluntad de Cormanizales, ha estado y tiene su presencia en la Temporada Taurina de Manizales”.


En todos mis años de aficionada, y ahora como alguacililla, que, dicho sea de paso, fue este hombre quien cumplió este sueño y al que le agradezco cada día por darme la oportunidad de ser parte de la magia del ruedo, siempre me he preguntado cuál es el desafío real detrás de armar una feria. ¿Qué se siente al negociar con figuras del toreo? ¿Cómo se decide la mezcla justa entre experiencia, juventud, arte y competencia? ¿Qué pesa más, el nombre o el talento? Juan Carlos Gómez, que conoce ese engranaje con la precisión de un relojero antiguo, ha compartido conmigo reflexiones que revelan la complejidad y grandeza de este oficio. Él afirma: “Es un ajedrez, se hace como empresario posterior a dialogar con cada uno de los toreros y sus apoderados. Uno lleva una idea de los carteles, de qué se pretende para la feria, y hay exigencias por parte de los toreros, sobre todo de las grandes figuras. Sobre todo en Manizales, donde todos los toreros hacen parte del primer grupo, de los 10 a 15 mejores toreros en el escalafón mundial. Es con convencimiento mutuo: ellos mencionan dónde quieren estar, en qué cartel, con qué ganadería. Es un ajedrez”.


Por otra parte, no puede pasarse por alto la sombra alargada que proyecta la Ley 2385 del 2024, cuya implementación total está prevista para julio del 2027. Ante ese horizonte incierto, las Temporadas Taurinas que aún tenemos por delante adquieren un aire de despedida, de celebración intensa, casi ritual. Son, quizá, los últimos festejos completos en Colombia; y, por eso mismo, cabe esperar que cada tarde esté marcada por la entrega absoluta de toreros y ganaderos, como si cada pase fuese una defensa de la memoria y cada estocada una declaración de supervivencia. Frente a esto, el propio Juan Carlos Gómez señala: “Solo nos queda trabajar para que no exista la prohibición. Aquí seguimos trabajando para que no haya prohibición. Esperamos estar realizando nuestra feria, no solo la del 2027, sino de muchísimos años más, y para ello vamos a seguir luchando”.


En un mundo inundado por las redes sociales, donde la prisa por opinar supera con frecuencia la voluntad de comprender, es habitual encontrar voces que tildan de ilegales o improcedentes nuestras ferias, amparándose en interpretaciones ligeras de la ley. Sin embargo, quise consultar directamente a Cormanizales sobre la venta de abonos y boletería suelta para la Temporada del 2026, cuya comercialización comenzó el 5 de diciembre del 2025 y que tuvo como uno de sus mayores atractivos la presencia del Maestro César Rincón, gloria del toreo colombiano. Sobre este tema, los datos del empresario son: “Para la temporada taurina de Manizales la venta de abonos estuvo muy por encima en comparación al año 2024. Muy cercano a 500 abonados más que la temporada inmediatamente anterior. Una venta masiva de la boletería suelta, especialmente del Festival Taurino, que contó con la presencia del Maestro Rincón, que avanzó a pasos rápidos a agotarse la boletería”.


No sabemos qué nos deparará el destino. Ignoramos si Colombia, en un acto quizá irreflexivo, terminará por coartar la libertad de una minoría que durante siglos ha encontrado en el toreo identidad, sustento y expresión cultural. Tampoco sabemos si una ley que desconoce la realidad del campo, del costo de criar un toro bravo, de la importancia económica, ambiental y simbólica de la provincia, podrá aplicarse tal como su autora imagina, en un escenario casi utópico, pues poco se comenta sobre el cómo y el cuánto cuesta aplicar de manera efectiva una Ley que no conoce las montañas ni la respiración del Toro Bravo, que no se imagina a qué huele la tierra húmeda por la llovizna de Letras, y mucho menos el privilegio que es encontrarse, a minutos de la ciudad, la cuna de la Fiesta Brava.


Lo que sí sabemos es que aún nos quedan una Temporada Taurina de Cali, una Temporada Taurina de Manizales, una última edición de Toros y Ciudad, y numerosos festejos en la Provincia y en las plazas de Segunda Categoría. Y en cada una de esas tardes, por respeto, por tradición y como un grito firme de libertad, estaremos presentes. Porque los ruedos de Colombia merecen una despedida gloriosa; una despedida digna de las historias, los triunfos, el esfuerzo de personas como el Doctor Juan Carlos Gómez, y la sangre que han visto derramarse sobre su arena, porque, y como dice el Rejoneador Diego Ventura, “en la vida, cuando uno tiene verdad y hace las cosas con el corazón, se ve”.


Que Dios y la Virgen de la Macarena repartan suerte a aquellos que se juegan la vida por seguir sintiendo la pasión de la tauromaquia, aún con las horas contadas. Que, en esta tierra de montañas y toros, sea el arte el que nos devuelva la inspiración. Y, si no es mucho pedir a esta sociedad ciega, por favor, que el Ruedo sea Eterno.

ISSN: 3028-385X

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