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Luego de un año des-Borda-do, ¿qué nos queda?

Foto: Dilan Bocanegra Avellaneda
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Dilan Bocanegra Avellaneda

Universidad Pedagógica Nacional

Durante el año 2025 asumí la monitoría investigativa del Centenario del natalicio de uno de los hombres que —humana y académicamente— más me ha logrado cautivar: un ser bi existencial, polifacético, lleno de arte y creador de esperanza; investigador innato, angustiado por la posibilidad de transformar la realidad desde lo que se hacía. Un hombre camaleónico, controversial y profundamente humano, sintiente… sentipensante. Ese hombre es Orlando Fals Borda: de ruana en sus primeros y más tímidos años, hasta aquel que logró, con su Historia doble de la Costa, proponer una forma distinta de leer los relatos de la construcción de esta región del país.


Orlando, hombre de constitución política progresista, de ríos entre las venas —como centro de la vida y la costumbre— y de una humildad intelectual tan profunda como sus propias ganas de transformar el país, reformar la tenencia de la tierra y vivir, por fin, una Colombia en paz, como lo dejaría escrito en su Cantata por la paz en 1948, tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán Ayala.


Pero ya, unas semanas después de la finalización de dicho centenario, me he sentado a reflexionar sobre qué nos queda luego de más de 140 actividades entre foros nacionales e internacionales, congresos, visitas a territorio, sin contar las más de 25 republicaciones de obras del maestro Fals Borda; las revistas universitarias que abrieron sus canales a la publicación de artículos investigativos que tuvieran que ver con la vida, obra y pensamiento relacionados con el maestro. Sin mencionar que el mismo 11 de julio —día en que conmemoramos su natalicio número 100— se realizaron más de 20 actividades de forma simultánea en diferentes lugares de Colombia, Brasil y México (sin contar aquello ocurrido y de lo que nunca tuvimos idea).


Sin embargo, y con la alegría del deber cumplido, queda la duda de qué sucederá ahora, cuando el foco esté en otro lugar durante este 2026. ¿Cómo evitamos que el polvo levantado de las obras del maestro vuelva a caer incólume sobre los volúmenes de sus libros? ¿Cómo hacemos para que sus exigencias del no dogmatismo y de la devolución sistemática de la información sean leyes que sigan sonando en aulas y pasillos de las universidades del país? ¿Para que el territorio siga siendo lugar de encuentro y no solo de extractivismo de información para beneficio propio y egos académicos?


Propongo entonces, desde esta angustia —sentir compartido con el maestro Fals Borda, quien en un artículo que escribió para una revista de alguna universidad colombiana mencionó: “queda la angustia de quienes continuarán con esto”—, asumir dicha angustia como motor y plantear seis acciones que —creo yo— nos permitirán seguir actualizando el legado del maestro sentipensante:


1. Volver a lo nuestro


Muchas veces, al momento de investigar y, específicamente, de construir nuestros marcos teóricos o de referencia, tendemos a mirar hacia otros continentes —heridas aún abiertas del colonialismo intelectual— y pocas veces optamos por lo propio, por lo nuestro.


Hago entonces un llamado, y una acentuación clara, a la necesidad de rescatar a tantos y tantas intelectuales que han producido conocimiento en el país y que, desde su teoría y su práxis, han logrado impactar y transformar realidades concretas.


Leer, por ejemplo, a María Teresa Uribe de Hincapié, politóloga e intelectual orgánica del pensamiento crítico sobre la nación y la violencia, quien realizó aportes fundamentales en torno al análisis del Estado colombiano fragmentado y las violencias no resueltas, la lectura histórica del conflicto armado desde lo político —y no solo desde lo militar—, así como a la comprensión de la memoria política y las identidades colectivas.


O acercarse a la obra de Alfredo Molano Bravo, pupilo del maestro Orlando Fals Borda, sociólogo y cronista, intelectual orgánico de las víctimas y del campesinado, cuyos aportes incluyen el uso del relato de vida como herramienta política y de memoria, la visibilización de las voces campesinas, desplazadas y silenciadas, y una escritura entendida como forma de resistencia y dignificación, que resultó siendo un aporte clave para la Comisión de la Verdad.


Entre muchas otras autoras y autores, la invitación es clara y concreta: volver a lo nuestro o, como enunciaría un comercial de televisión, “consuma local”.


2. Pensarse la devolución / Condenar el extractivismo investigativo


Una de las grandes preocupaciones del maestro Orlando Fals Borda, evidenciada desde la década de 1950 en su obra Campesinos de los Andes, fue siempre la pregunta por cómo devolver la información producida en los procesos de investigación. Esta preocupación aparece de manera aún más explícita en su conferencia Cómo investigar la realidad para transformarla (1979) y se materializa con fuerza en la obra Historia doble de la costa (1979), particularmente en la propuesta de la historia gráfica desarrollada en los cuatro tomos de la obra.


Junto a ello, ya se vislumbra con claridad —en los principios de la Investigación-Acción Participativa— su llamado a que dicha devolución sea útil para los sujetos que participaron del proceso; es decir, no devolver por devolver, sino hacerlo de tal manera que esa información contribuya a transformaciones concretas, que orienten a los sujetos hacia el cambio o, en el mejor de los casos, hacia la emancipación.


Pero, además, el maestro Fals Borda hace fuertes llamados, en distintas conferencias, eventos y artículos, a la necesidad no solo de repeler, sino de condenar los actos de extractivismo académico: aquellos realizados por quienes, en busca de una remuneración económica, una bonificación, un ascenso en el escalafón del magisterio o una estrella más en el CvLAC, pasan por encima de las comunidades, de sus sentires y de sus expectativas, poniendo el “yo” por encima de todo.


Co-construir, desde la honestidad de quien camina y trabaja con otros y otras: eso es, en síntesis, el horizonte ético que propone Fals Borda. No tomar nada que no corresponda, ni producir conocimiento que no apunte al bien común mayor.


3. Posicionar la figura de María Cristina Salazar Camacho


Existe una necesidad ética, política y académica de posicionar la figura de María Cristina Salazar Camacho en el lugar que le corresponde dentro del pensamiento social colombiano y latinoamericano. Su trayectoria no solo fue pionera —como una de las primeras mujeres en consolidar la sociología como campo académico en el país— sino profundamente comprometida con una producción de conocimiento situada, crítica y al servicio de las transformaciones sociales. Invisibilizar su aporte ha significado también reproducir una historia de las ciencias sociales centrada en figuras masculinas, desconociendo el papel fundamental que tuvieron mujeres intelectuales en la construcción de marcos teóricos, metodológicos y éticos para pensar la desigualdad, la infancia, el trabajo y los derechos humanos en Colombia.


Posicionar a María Cristina Salazar Camacho implica, además, reconocer una forma de hacer sociología que desborda la academia y se inscribe en la praxis política, la investigación comprometida y la defensa de los sectores históricamente vulnerados. Su trabajo sobre la niñez trabajadora, su vínculo con la investigación-acción participativa y su coherencia entre pensamiento y acción constituyen un legado urgente en contextos marcados por la exclusión y la violencia estructural. Recuperar su figura no es un ejercicio conmemorativo, sino una apuesta por reactivar memorias intelectuales que siguen ofreciendo claves para pensar una ciencia social crítica, feminista y profundamente ligada a la dignidad humana.


4. Abrir de nuevo la puerta al sentir en la academia


Es innegable que, cada vez más, el sentir se ha visto aislado y casi relegado en la academia contemporánea. Desde la escuela se nos ha ido amoldando el cuerpo: sentarnos y permanecer así por horas, aprender a dejar la emoción fuera del aula y concentrarnos únicamente en el proceso de transferencia de conocimiento —en términos de Freire— ha hecho que el sentir se perciba como algo obsoleto, incluso en la academia universitaria. Este desplazamiento de la experiencia emocional ha consolidado prácticas educativas que privilegian la razón instrumental, dejando en segundo plano aquello que también constituye al sujeto que aprende: su cuerpo, su historia y sus afectos.


Por ello, la invitación es también a recordar —y profundizar— en el tan mencionado sentipensar, en la posibilidad de sentir con la cabeza y pensar con el corazón. Esto implica permitirnos, como maestras, maestros y estudiantes, abrir nuestros cuerpos a la experiencia de la emoción dentro del proceso formativo. No se trata de un gesto sencillo: desestructurar un andamiaje educativo centrado exclusivamente en la mente, y no en aquello que acontece de manera sensorial y afectiva, constituye un reto en sí mismo. Sin embargo, es precisamente en ese desafío donde se abre la posibilidad de una formación más humana, crítica y profundamente situada.


5. Revitalizar los procesos comunitarios


Desde su trabajo con, por y desde la configuración de la Junta de Vecinos (Junta de Acción Comunal) en Saucio, en los años cincuenta, junto a Camilo Torres Restrepo, hasta su labor sostenida con la ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos) y su participación en la conformación del Polo Democrático, Fals Borda demostró de manera constante una profunda urgencia por la organización de las comunidades como eje central de la transformación social. En su trayectoria, la organización popular no fue un medio instrumental, sino un horizonte ético y político desde el cual pensar y actuar, siempre anclado en las realidades locales y en el protagonismo de las comunidades.


En este año del centenario, al volver a lugares como la escuela comunal de Saucio, se hizo evidente la necesidad de no olvidar estos procesos y de continuar acompañándolos, apostando de manera decidida por el trabajo desde las bases. Hoy resulta urgente seguir comprometidos con los procesos populares en Chocontá, pero también con los múltiples colectivos que emergieron a lo largo de este año, como las escuelas populares, las bibliotecas comunitarias, los congresos permanentes y otras formas de organización que reafirman la vigencia de ese legado y la importancia de sostenerlo en el presente.


6. Seguir leyendo al maestro


Uno de los retos que se ha logrado identificar, incluso desde antes de este centenario, es la dificultad que existe al momento de acercarse a la literatura del maestro. El año 2025 estuvo marcado por la reedición de varias de sus obras: la Universidad Nacional de Colombia, por ejemplo, publicó un compendio de textos entre los que se encuentran Campesinos de los Andes, Historia doble de la Costa, la historia gráfica y algunos textos inéditos de Orlando Fals Borda. Por su parte, la Universidad Pedagógica Nacional reeditó obras fundamentales como La subversión en Colombia, Ciencia propia y colonialismo intelectual, Conocimiento y poder popular y Acción comunal en una vereda colombiana. A esto se sumaron los aportes de editoriales independientes, como Editorial Laboratorio Educativo, que publicó compilaciones tales como Investigación-acción participativa, Orlando Fals Borda y la investigación participativa y Orlando Fals Borda: educación, ciencia y cultura, entre otros esfuerzos impulsados por universidades, colectividades e individualidades comprometidas con su legado.


Aun así, estos esfuerzos resultan insuficientes, pues el material impreso puede representar una barrera para el acceso y la adquisición de los textos. Por ello, en aras de la democratización del conocimiento, se elaboró el siguiente Drive, en el que, a partir de la compilación de los distintos materiales producidos durante el centenario, es posible encontrar literatura de Orlando Fals Borda derivada de sus procesos investigativos, textos escritos por otras autoras y autores sobre su obra y temas afines, así como algunas de las memorias construidas en el marco del centenario. A continuación, se encuentra el link del Drive:


https://drive.google.com/drive/mobile/folders/1dYmLUSrMVuNRCYkf3bRryZIVhThreIE9


Leer a Orlando Fals Borda en el contexto actual resulta profundamente necesario, no solo como ejercicio académico, sino como una apuesta ética y política frente a las múltiples crisis que atravesamos. En tiempos marcados por la profundización de las desigualdades, la despolitización de lo social y la mercantilización del conocimiento, su obra ofrece claves para pensar una ciencia social comprometida con la vida, con las comunidades y con la transformación de las estructuras de poder. Fals nos recuerda que el conocimiento no es neutral ni puede producirse de espaldas a las realidades que lo interpelan, sino que debe construirse de manera situada, colectiva y en diálogo permanente con los saberes populares.


Además, leer a Fals hoy permite reactivar el sentido del sentipensar como horizonte metodológico y pedagógico, especialmente en contextos educativos que tienden a fragmentar el saber y a separar la razón de la emoción. Su propuesta de investigación acción participativa sigue siendo una herramienta vigente para fortalecer procesos organizativos, educativos y comunitarios desde las bases, apostándole a la autonomía, la memoria y la dignidad de los pueblos. Volver a Fals en estos tiempos es, en últimas, reafirmar la posibilidad de una educación y una investigación al servicio de la justicia social y de los procesos populares que siguen luchando por existir y resistir.


Si bien con estas seis acciones no estamos develando una verdad absoluta, sí estamos intentando que todo el trabajo de este 2025 no quede en el olvido. Que tanto cooperativismo, trabajo conjunto y amor por lo que se cree —y por donde se pone el corazón— no se diluyan con el paso del tiempo ni con el cambio de focos institucionales.


Que esta angustia no sea parálisis, sino movimiento; no cierre, sino punto de partida. Que siga siendo pregunta, incomodidad y compromiso. Y que, a cien años de su natalicio, podamos decir —no como consigna vacía, sino como práctica viva—: ¡Orlando vive!, en las aulas, en los territorios, en las metodologías, en las luchas y en cada gesto sentipensante que se niega a separar la razón del corazón.

ISSN: 3028-385X

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