top of page

Más allá de ChatGPT: la IA y el límite invisible de nuestra autonomía

Foto: Getty Images
Samuel Sanabria.jpg

Sarah Díaz

Universidad Militar Nueva Granada

La Inteligencia Artificial (IA) está en auge. Una tecnología cuyo rápido desarrollo ha llegado a las masas de manera accesible y veloz, donde plataformas como OpenAI con ChatGPT o Google con Gemini han intentado de múltiples maneras captar la atención de los usuarios con un gran número de actualizaciones. La última de estas: la IA generativa más exacta y realista, y por lo tanto más “humana y real”. Sin embargo, estas han llegado a una curva donde todas las aplicaciones tienen nuevas funciones con IA, lo que ha generado división en la población mundial, donde ser considerado “Pro-IA” se traduce en ignorar los fenómenos políticos, sociales y ambientales que conlleva su uso. En estos días ser “Pro-IA” o “Anti-IA” es una posición política.


Para empezar, esta división inicia con la conciencia de las consecuencias de su uso. La generación de este sistema tiene muchas llamadas de atención a nivel ambiental como el uso de mega servidores que utilizan cantidades abundantes de agua y generan calor intensificando el calentamiento global. Sin embargo, muchas de las preocupaciones de los expertos están orientadas al área económica y creativa, debido a las consecuencias que la IA tiene en el mercado. Parte de las compañías que apoyan esta tecnología abogan por el aumento de la productividad y la eficiencia operativa, mientras que ignoran los desafíos como el desplazamiento laboral, la pérdida masiva de empleos, la necesidad de reentrenamiento de la fuerza laboral y la brecha de habilidades, lo que podría generar grandes riesgos en la estabilidad financiera global y una concentración del poder (mayor a la que se tiene actualmente) donde se monopoliza la información si no es gestionada adecuadamente.


Sin embargo, los más grandes proveedores no ven un daño real —o prefieren ignorarlo, tal como afirman aquellos en contra de la IA— ya que este avance tecnológico no solo afecta la tasa de empleabilidad y sus condiciones, si no toda la cadena de producción. De acuerdo con Goldman Sachs, la IA podría reemplazar 300 millones de empleos; esto representa el 9,1% de todos los empleos a nivel mundial. Sin considerar que, además, los servidores que impulsan la IA dependen de elementos de tierras raras, lo que ha generado enfrentamientos entre Estados y poblaciones rurales e indígenas en múltiples países. Los servidores producen residuos electrónicos y sus derivados como mercurio, la extracción de recursos desplaza comunidades enteras, el beneficio económico se dirige normalmente a millonarios y afecta a la clase trabajadora, aumentando así la brecha social ya existente.


Esto sin mencionar las consecuencias sociales como la pérdida de creatividad, pensamiento crítico, habilidades duras y blandas, privacidad, además de debates sobre propiedad intelectual del arte, el uso datos biométricos para IA generativa, el refuerzo de sesgos de género, la dependencia de su uso y sus consecuencias en la salud humana. Estos fenómenos, que afectan a la humanidad a nivel ambiental, social y económico, son algunos de los ejemplos que han llevado al 61% de la población a desconfiar y protestar en contra de esta tecnología. Algunos gobiernos, como Dinamarca, han empezado a legislar sobre el asunto dada la coyuntura actual.


Teniendo esto en cuenta, actualmente las empresas que utilizan IA están siendo “boicoteadas” por los consumidores, especialmente al verse reflejado su uso en áreas como el diseño y la atención al cliente, generando una deshumanización en sus servicios, desde bots en línea para solución de problemas hasta la creación de “arte” para concursos. “Si utiliza IA generativa como marca, pensaré menos de usted como marca y haré un esfuerzo deliberado para evitar sus productos en el futuro”, mencionan los usuarios en redes sociales.


En respuesta, algunas compañías usan este movimiento en contra de la inteligencia artificial en sus campañas de marketing, como lo hizo Heineken, pero muchas de estas no se consideran realmente Anti-IA sino que probablemente utilizan esta coyuntura como un trend más. Después de todo, detrás de este marketing hay una doble moral: miles de empleos en peligro, una extracción de recursos que afecta el medio ambiente y un interés económico que no se relaciona moralmente con el producto que ofrecen.


A pesar de estos problemas y desafíos gran parte de la población está siendo cada vez más dependiente de la Inteligencia Artificial: búsquedas básicas de información, generación de texto, apoyo en educación y hasta la creación de correos. Afirman que se trata de encontrar el balance en su utilización. Pero más que eso, la llegada de la IA también es un reflejo de nuestra sociedad: la pérdida de motivación de un sistema de trabajo de mucho esfuerzo y poca recompensa; la generación de micro-trends que generan mayor mal que bien; la producción masiva de contenido y su saturación en el mercado; que la atención del público es un recurso escaso en un mercado de sobreoferta donde los que ganan son los que utilizan un capitalismo salvaje que afecta a los consumidores más de lo que los beneficia; que la división política va más allá de los partidos políticos y se empieza a generar una brecha más grande por elementos que parecen tan sencillos, pero son tan profundos como el uso de una nueva tecnología.


Finalmente, la Inteligencia Artificial ha llegado para quedarse. Grandes corporaciones tecnológicas usan esta tecnología a una velocidad que supera nuestra capacidad de comprenderla, mucho menos de regularla, desplegándose en funciones a las que no hemos dado un consentimiento explícito, llegando a límites legales, tecnológicos y morales que no nos habíamos cuestionado como sociedad. Esto demuestra que los desafíos a los que nos enfrentaremos hoy y a futuro son cada vez más grandes y exigen cooperación social y política. Ya no es solo que la tecnología avance o no, sino del apoyo o resistencia que recibe la misma. Las personas no quieren que la IA se les imponga a la fuerza, que se la “metan por los ojos” disfrazada de progreso inevitable. Sin embargo, ese es el camino que parece que seguimos tomando. Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿qué tan lejos dejaremos llegar la IA antes de que sea demasiado tarde? ¿Seremos protagonistas de la transformación o simples espectadores de un futuro que otros diseñaron por nosotros?

ISSN: 3028-385X

Copyright© 2026 VÍA PÚBLICA

  • Instagram
  • Facebook
  • X
bottom of page