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Perla escarlata: una expresión de resistencia

Foto: Moda Vintage
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Jefry Alexander Martínez

Universidad de Investigación y Desarrollo

La noche ha llegado. El sol ha caído. Una luna llena ilumina resplandecientemente la nocturnidad de las calles de Bucaramanga. Él se contempla una vez más a través del espejo de su enorme tocador. Su vida común y cotidiana se la ha llevado la luz del día; ahora habita un nuevo rostro, adornado por un maquillaje artístico que resalta sus pómulos y engrandece sus labios carnosos de color rojo vivo.


Sus párpados exhiben un espectacular degradé de tonos dorados y rojos. Una peluca rubia, larga y brillante cae hasta donde inicia su cintura. Sus ojos, color rojo fuego, conforman una mirada irresistible e irreconocible. Perla Escarlata ha despertado y quiere ofrecer un show inolvidable a su público, mientras dure su noche.


Llega al punto de encuentro: municipal, Música viva. Un letrero luminoso y enorme anuncia: “Boiler Room”, prometiendo una noche que perdurará en la memoria de todos. Este es uno de los pocos sitios inclusivos de una ciudad emergente que está en expansión geográfica, pero que, a medida que crece, se vuelve estrecha en la forma de pensar de sus habitantes. Este tipo de expresiones culturales no son vistas como un movimiento artístico (como se considera en las principales ciudades del mundo); por el contrario, el desconocimiento conduce a estigmatizaciones fuertes.


Rápidamente, Perla Escarlata se reúne con sus compañeras de espectáculo. Todas encarnan diferentes personalidades, colores, brillos y estilos. Cuando se encuentran, una mezcla de perfumes danza al ritmo de la música: olores suaves, dulces, cítricos, amaderados. No las intimidan las miradas despectivas de los curiosos que pasan por el lugar: miradas que juzgan, otras de asombro, otras de rechazo. Pero ellas, dentro de su comunidad, se sienten enaltecidas, impávidas y eufóricas por abrir los telones del escenario.


Las luces del lugar se han atenuado y una suave melodía de balada le da la entrada. Una figura esbelta y voluminosa, una silueta voluptuosa, grande, imponente. La silueta es contorneada por una luz directa; un vestido largo, rojo de satén, brilla adornado con lentejuelas color vino tinto que lo contrastan. Plumas carmesí rodean todo su torso, aportándole un equilibrio entre sensualidad y enigma, una mezcla seductora que sorprende completamente a su público.


Ahora la luz ilumina su rostro y sus ojos de fuego resplandecen. Perla Escarlata está en escena:


Yo no nací para amar, nadie nació para mí.
Tan solo fui un loco soñador, no más.
Yo no nací para amar, nadie nació para mí.


El lip sync es impoluto; sus expresiones teatrales de soledad, dolor y melancolía se sincronizan con los movimientos de su boca, de sus caderas y de sus manos, elevando en lo más alto una larga cabellera que danza al compás sin dar tregua.


“¡Madre!”, “¡Reina!”, “¡Diosa!” el público, eufórico, despierta una avalancha de aplausos y reconocimientos al show que acaba de presenciar frente a sus ojos.


Las luces del escenario vuelven a disiparse y una última escena muestra un rostro en perspectiva de tres cuartos: una mirada afilada como la espada Excalibur se difumina en el último rastro de su luminoso semblante. Ahora, el ensordecedor sonido de sus tacones se apoderan de todo el salón: una marcha suave pero contundente en cada paso. El sonido se ha convertido en melodía, una melodía de despedida… por ahora. Porque, así como llega la noche, Perla Escarlata volverá para llenar de arte y magia los escenarios de su ciudad.

ISSN: 3028-385X

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