Salitre El Greco: el humedal sin espacio

Foto: ElKoalo

Sara Umbacía Monroy
Universidad Nacional
La explotación de los espacios naturales en la Sabana de Bogotá ha sido una constante desde los inicios del crecimiento de la capital, especialmente durante los siglos XVI y XVII, cuando la ciudad comenzaba a consolidarse en un territorio rodeado de una notable diversidad de especies endémicas, que se originan gracias a su ubicación geográfica favoreciendo su existencia de forma natural, sin ningún tipo de alteración externa.
Pero claro, estamos hablando de hace casi cinco siglos de diferencia: las condiciones climáticas han cambiado, la densidad poblacional y sus necesidades han aumentado drásticamente, el suelo ya no es el mismo y, por supuesto, el conocimiento que tenemos hoy sobre estos ecosistemas se diferencia mucho del que se tenía en ese entonces.
Bogotá es, en esencia, un gran humedal, y esto no es un secreto, aunque en algunas zonas resulta mucho más evidente que en otras. Un ejemplo de esto es la Autopista Norte, la cual está rodeada de vegetación y fauna características de un ecosistema húmedo. No obstante, es durante las temporadas de lluvia cuando vemos el verdadero problema: calles inundadas, transporte público colapsado porque los buses no pueden pasar por la cantidad de agua que hay en las vías, personas sin poder llegar a sus destinos por esta misma razón, daños en alcantarillado, líneas de electricidad; y esto lo podemos resumir: un caos generalizado.
Aun así, este fenómeno no debería resultar sorprendente. ¿Qué se puede esperar de un ecosistema que por orden natural está diseñado para ocupar el espacio que históricamente le ha pertenecido?
Lo que sí está en nuestras manos es la forma en que decidimos intervenir y aprovechar estos lugares. La ciencia ha avanzado significativamente, y hoy se sabe que los lugares de carácter humedal no son aptos para construcciones de ningún tipo, especialmente un escenario para eventos artísticos de gran magnitud debido a su inestabilidad; su función como hábitat de múltiples especies y su papel fundamental en el equilibrio de las dinámicas naturales.
En este punto surge el eje central del análisis: ¿cómo se toma la decisión de construir un escenario para eventos artísticos de gran magnitud sobre un humedal? Esto, haciendo referencia al nuevo escenario ubicado en el humedal Salitre El Greco, sobre la calle 26, cuya condición como humedal ha sido un gran debate. Sin embargo, cabe hacernos una pregunta clave: si este espacio no fuera realmente un humedal, ¿por qué cada vez que llueve se forman grandes acumulaciones de agua y se evidencia la presencia constante de especies animales a su alrededor? Y este no es el único factor con el que lo podemos caracterizar, ya que se ha hecho bastante común que las personas se quejen de las malas condiciones que hay dentro del escenario, sobre todo en la zona de platea, en la cual cuando hay lluvia el terreno se pone pantanoso, característico de un ecosistema de tipo humedal.
Durante mucho tiempo las personas buscaron evitar que se hiciera dicha construcción, pero fue algo que no obtuvo ningún resultado y hoy en día estamos afrontando las consecuencias de dichas decisiones mal tomadas. A pesar de los avances que la ciencia tiene día a día, que se presenten este tipo de situaciones nos debe hacernos cuestionar si de verdad se están aprovechando dichas investigaciones para un bien común y para la conservación del medio ambiente, o si simplemente se usa para su sobreexplotación y el entretenimiento es una prioridad, incluso por encima de los ecosistemas que se encuentran en peligro en grandes ciudades como lo es Bogotá.



