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Este mundo

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Manuela Valencia Blanco

Fundación Universitaria del Área Andina

Este mundo, tuyo y mío,

y a veces, de nadie.


Donde la ternura del alma se volvió un idioma extinto,

y para tantos un olvido sin retorno.


Donde la inocencia se mira con ironía cansada,

presumiendo dictar una verdad de vida;

que no es más que un reflejo del desasosiego interior,

que instruye desde el pánico y se alimenta del miedo.


Pero ¿esta calumnia es una herencia?

Desde luego, aquella se respira,

es susurrada, inyectada.

Aspirada como credo y condena.


Allí sucumben almas en rendición silenciosa,

Por un supuesto elixir de comodidad tibia

Que, no es más que un edén de puertas para fuera:

¿Alguna relación tendrá con el autoengaño aquel “edén de puertas para fuera”?


Una ironía trágica que disfraza la pobreza del alma,

por negarse al milagro de hallarse auténtico.


Masticar la verdad recóndita no es un banquete,

sino una herida necesaria.

Porque tras los telones del alma,

se exhiben las corrupciones humanas más devotas,


Vergonzosas en su simple arte de domesticar almas,

que reposan en la soberbia de ver sin mirar.

Negando la humildad de la mirada viva,

capaz de cazar, en un pestañeo

los más grandes asombros.


Ante tanta lógica vanidosa,

la ternura del alma se dispersa como polvo en el viento;

No hay razón para esperar que aquella caduque,

en tiempos del afán que devora lo humano,

y del verbo sazonado con veneno:

Que siembra espinas de dolor y florece como plaga.


Hay que armar al amor en el acto.

Forjarlo, destruirlo y recomponerlo:

Tejiendo notas singulares que, aún disonantes, abran el compás de una danza que grita emancipación; Y transformen el sudor y lágrimas,

en un mar que se reconoce, bailando su propia verdad.

ISSN: 3028-385X

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