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La capital

Samuel Sanabria.jpg

Santiago Urbina Gómez

Universidad Javeriana

Desde el palidamente cuadrado ojo

de un cuerpo blanco de zebra vertical

miro miro miro

La Luna está lloviendo

tanto tanto tanto

que el tiempo se va llenando de brea


los caballos de fuerza les crecen pezuñas

y las alcantarillas y desagües vomitando

rebosantes disparan flechas de modorra

los alcázares se van atiborrando

de bocas selladas de lagañas

sobre cuerpos que visten camas en pos de chaquetas los ínfimos motores que van transitando

secuestran cualquier atisbo del Sol


Mas no hay quien

ni hubo

ni habrá

pues los relojes terminaron de ahogarse

quien abra la cabeza de los postes

para que el adoquín coma

conos de luciérnagas


Los taxistas empezaron a subir vaho,

vapores, aires, bostezos y demás fantasmas pero olvidan cobrarles


Los menús ahora son esferas de tres ángulos que sirven en hondos platos

meseros que no volverán a ver un tenedor sucio de sopa


A las autopistas les crecieron venados y conejos los cuales lloran no tener actividad antropomórfica de fétidas morales sobre las cuales actuar sus fábulas


A los edificios les dio un infarto

(¿Qué es un infarto? Un vaso roto)

del infausto frío

pues ya no tenían órganos con dedos

que los calentaran con cosquillas

Le preguntaron, hielo en boca, que hacer a los cocodrilos En respuesta les vendieron unas cosmopolitas cobijas La ciudad es una carpa

de felpa damasquinada de ositos


Entre las vitrinas se notan

ovalados cristales venosos

Las tiendas zumban horrísonos trenos,

por moscas dueñas,

a los pollos casa de gusanos

a los libros casa de gusanos

a las corbatas casa de gusanos


Tampoco hay ahora divorcios

ya que los matrimonios no se levantaron

Los notarios se despojaron de sus pulmones

para hibernar eternamente sangrados entre mocos y flemas dentro de los archivadores

Sueño de la A a la Z


Los cementerios son ruecas de huecos

porque ninguna flor le dió caluroso beso a una lápida Putrefactos, con talones arrastradamente doblados y dedos colgados salieron a protestar los muertos contra la falta de pétalos

Pero no hubo gubernamental oreja que ojeriza sus quejas


Silban filosas canciones los colmillos

de los vampiros en las vacuas venas

de los cuellos flácidos de sostener nubes


Silbato que ignoran con plástica película

los perros bípedos

quienes cortan su cola en bermejo rodeno performance con cuchillos de papel

Replican a sus amos

Así llenando las sillas

del añorado calor ausente

Uno aprendió a hacer escaleras de babas Pegachento charco pegachento charco escaló hasta llegar a la cabellera de Dios

quién orgasmeando arqueó el cuerpo

Disparando al baboso arquitecto

Una mancha de partes gelatinosas lamen el resto sin que pudiese haberle pedido la capacidad de leer


El cerebro me sabía a eléctrico quemado quise darle pies móviles y cabeza tiesa al tiempo Chasquearle o cogérmelo a ver si así se acordaba de su casa de muñecas

pero cuando quise salir ya era de noche y la escorrentía seguía siendo arena movediza

ISSN: 3028-385X

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