La capital

Santiago Urbina Gómez
Universidad Javeriana
Desde el palidamente cuadrado ojo
de un cuerpo blanco de zebra vertical
miro miro miro
La Luna está lloviendo
tanto tanto tanto
que el tiempo se va llenando de brea
los caballos de fuerza les crecen pezuñas
y las alcantarillas y desagües vomitando
rebosantes disparan flechas de modorra
los alcázares se van atiborrando
de bocas selladas de lagañas
sobre cuerpos que visten camas en pos de chaquetas los ínfimos motores que van transitando
secuestran cualquier atisbo del Sol
Mas no hay quien
ni hubo
ni habrá
pues los relojes terminaron de ahogarse
quien abra la cabeza de los postes
para que el adoquín coma
conos de luciérnagas
Los taxistas empezaron a subir vaho,
vapores, aires, bostezos y demás fantasmas pero olvidan cobrarles
Los menús ahora son esferas de tres ángulos que sirven en hondos platos
meseros que no volverán a ver un tenedor sucio de sopa
A las autopistas les crecieron venados y conejos los cuales lloran no tener actividad antropomórfica de fétidas morales sobre las cuales actuar sus fábulas
A los edificios les dio un infarto
(¿Qué es un infarto? Un vaso roto)
del infausto frío
pues ya no tenían órganos con dedos
que los calentaran con cosquillas
Le preguntaron, hielo en boca, que hacer a los cocodrilos En respuesta les vendieron unas cosmopolitas cobijas La ciudad es una carpa
de felpa damasquinada de ositos
Entre las vitrinas se notan
ovalados cristales venosos
Las tiendas zumban horrísonos trenos,
por moscas dueñas,
a los pollos casa de gusanos
a los libros casa de gusanos
a las corbatas casa de gusanos
Tampoco hay ahora divorcios
ya que los matrimonios no se levantaron
Los notarios se despojaron de sus pulmones
para hibernar eternamente sangrados entre mocos y flemas dentro de los archivadores
Sueño de la A a la Z
Los cementerios son ruecas de huecos
porque ninguna flor le dió caluroso beso a una lápida Putrefactos, con talones arrastradamente doblados y dedos colgados salieron a protestar los muertos contra la falta de pétalos
Pero no hubo gubernamental oreja que ojeriza sus quejas
Silban filosas canciones los colmillos
de los vampiros en las vacuas venas
de los cuellos flácidos de sostener nubes
Silbato que ignoran con plástica película
los perros bípedos
quienes cortan su cola en bermejo rodeno performance con cuchillos de papel
Replican a sus amos
Así llenando las sillas
del añorado calor ausente
Uno aprendió a hacer escaleras de babas Pegachento charco pegachento charco escaló hasta llegar a la cabellera de Dios
quién orgasmeando arqueó el cuerpo
Disparando al baboso arquitecto
Una mancha de partes gelatinosas lamen el resto sin que pudiese haberle pedido la capacidad de leer
El cerebro me sabía a eléctrico quemado quise darle pies móviles y cabeza tiesa al tiempo Chasquearle o cogérmelo a ver si así se acordaba de su casa de muñecas
pero cuando quise salir ya era de noche y la escorrentía seguía siendo arena movediza



