La segunda opción

Tatiana Alexandra Ospina
Universidad del Tolima
Prometí que no iba a recordarte,
que enterraría tu cadáver
hasta que no quedara nada a lo
que aferrarme.
Pero me tienes aquí, escarbando
con una pala tu tumba.
Tal vez soy masoquista.
Tal vez sea otra noche de
insomnio en abril.
Mirar tu cuerpo en
descomposición, con las larvas
consumiendo lo poco y mucho
que dejaste, es desolador.
Como capturaste entre tus dedos
cada hilo que sostenía mi
corazón y luego, sin
importar nada, los cortaste.
Debi suponer que te gustaba
cazar conejos blancos hasta
volverse rojos por las
flechas de tu arco.
Y yo, siendo el blanco
perfecto, utilizada como un vil
alimento.
Perdí.
Perdí en la manera en que
me ilusionaron tus ojos color
avellana.
Perdí en la manera en que tus
labios esparcían pequeñas
dosis de cianuro en los míos
hasta dejarlos muertos.
Perdí en la manera en que tus
manos deformaron mi
cuerpo.
Qué ruin fue adueñarte de
mis pensamientos por
completo.
Qué ruin fue vivir este tormento.
Tarde me di cuenta de que solo
era parte de tu entretenimiento
mientras disfrutabas de otros
besos.
¿Fue grato presumirla en verano
mientras me mantenías invisible
en invierno?
Fui un instrumento que solo
tocabas a la luz de la luna.
Ahora, viendo el rastro de tus
huesos, quiero poner fin a mis
lamentos.
Y,
Con la mecha prendida en fuego,
dejo rastro de tus cenizas en el
viento.
Adiós, amado mío.
Espero aprecies esta muestra de
mi amor.
