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La segunda opción

Samuel Sanabria.jpg

Tatiana Alexandra Ospina

Universidad del Tolima

Prometí que no iba a recordarte,

que enterraría tu cadáver

hasta que no quedara nada a lo

que aferrarme.


Pero me tienes aquí, escarbando

con una pala tu tumba.


Tal vez soy masoquista.


Tal vez sea otra noche de

insomnio en abril.


Mirar tu cuerpo en

descomposición, con las larvas

consumiendo lo poco y mucho

 que dejaste, es desolador.


Como capturaste entre tus dedos

cada hilo que sostenía mi

corazón y luego, sin

 importar nada, los cortaste.


Debi suponer que te gustaba 

cazar conejos blancos hasta

 volverse rojos por las 

flechas de tu arco.


Y yo, siendo el blanco

 perfecto, utilizada como un vil

 alimento.


Perdí.


Perdí en la manera en que

 me ilusionaron tus ojos color 

avellana.


Perdí en la manera en que tus

 labios esparcían pequeñas

 dosis de cianuro en los míos 

hasta dejarlos muertos.


Perdí en la manera en que tus 

manos deformaron mi 

cuerpo.


Qué ruin fue adueñarte de

 mis pensamientos por 

completo.


Qué ruin fue vivir este tormento.

Tarde me di cuenta de que solo

era parte de tu entretenimiento

mientras disfrutabas de otros

besos.


¿Fue grato presumirla en verano

mientras me mantenías invisible

en invierno?


Fui un instrumento que solo

tocabas a la luz de la luna.


Ahora, viendo el rastro de tus

huesos, quiero poner fin a mis

lamentos.


Y,


Con la mecha prendida en fuego,

dejo rastro de tus cenizas en el

viento.


Adiós, amado mío.

Espero aprecies esta muestra de

mi amor.

ISSN: 3028-385X

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