top of page

Necio quien diga que la izquierda es Petro

Samuel Sanabria.jpg

Sofía Acosta Ortiz

Universidad de La Sabana

Necio, sí, porque solo desde la ignorancia, la desinformación o el oportunismo ideológico se puede reducir todo un pensamiento político —diverso, histórico y profundamente humano— a la figura de un solo hombre. En Colombia, decir que alguien “es de izquierda” se ha vuelto menos una postura y más un pecado moderno. Un acto de herejía contra lo establecido. ¿En qué momento pensar distinto se volvió algo que hay que confesar?


Apoyar la justicia social, defender la equidad, hablar de redistribución, de oportunidades reales para todos o señalar que el sistema excluye a muchos no debería ser motivo de escándalo. Pero aquí, si crees que existe una desigualdad estructural que debe corregirse, ya eres del otro bando. Si hablas de equidad de género, si mencionas la palabra “feminismo”, si crees que la educación pública merece el mismo respeto que la privada, automáticamente te condenan: zurda, castrochavista, mamerta. No importa si también apoyas el libre mercado, crees en la inversión extranjera, en la responsabilidad fiscal o incluso simpatizas con ideas de “derecha”. La gente no escucha matices. Solo busca señales para señalar.


Y ahí es donde empieza el absurdo. Porque ni siquiera es por lo que dices: es por cómo te ves. Si vas a marchas, si llevas pantalones anchos, si vas sin depilar o con el pelo teñido de rojo, zurda. Si estudias en universidad pública: zurda. Si compartes una historia de una causa social en redes: zurda. Como si pensar fuera un uniforme y disentir, un delito de moda.


Y claro, como si fuera poco, está Petro, el ídolo perfecto del prejuicio. Si cuestionas el modelo, si hablas de justicia distributiva, si criticas al poder, entonces “eres petrista”. Como si Gustavo Petro fuera la izquierda entera. Como si ser crítico del sistema significara rendirle culto. Se nos agotaron los matices: ya no hay puntos intermedios, no hay escala de grises. O estás conmigo o eres mi enemigo. O estás en la derecha, o te condenan con la izquierda.


La politóloga Sandra Borda lo advirtió en 2018: “Más que una polarización, lo que hay es un deterioro de la conversación política” (NUEVA SOCIEDAD, 2018). Y ese deterioro se siente en cada intento de diálogo convertido en trinchera, en cada opinión convertida en ofensa, en cada etiqueta usada para callar. Así se vive hoy en este país: si piensas diferente, ya no eres un ciudadano con argumentos, eres un enemigo del orden. Un infiltrado. Un problema.


Yo no me declaro de ningún bando. Y no porque no tenga convicciones, sino porque me niego a que me definan desde el prejuicio. No tengo por qué escoger entre etiquetas para poder defender lo que creo justo. En una sociedad que reduce las ideas a banderas, y las banderas a insultos, pensar con autonomía se convierte en un acto de resistencia.


Pensar diferente no debería ser un pecado. Defender lo justo no debería darte miedo. Y decirlo en voz alta no debería ponerte en la mira.


Menos Petro, menos banderas, menos etiquetas y, sobre todo, menos estupidez.



NUEVA SOCIEDAD. (2018, 05). Presidenciales en Colombia: ¿polarización o deterioro de la conversación política? Retrieved 05 26, 2025, from

https://www.nuso.org/articulo/presidenciales-en-colombia-polarizacion-o-deterioro-d e-la-conversacion-politica/

ISSN: 3028-385X

Copyright© 2026 VÍA PÚBLICA

  • Instagram
  • Facebook
  • X
bottom of page