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Triada de desamor

Samuel Sanabria.jpg

César Vicente Patiño

Universidad del Rosario

I


Henrik


Un año, casi dos años

Caminando a ciegas

Vendado a sangre viva

Ante este cielo lóbrego

Y la tierra seca desde el último beso y adios,


El cuerpo vuelve a su nación

Y aún así el océano separa

Un alma, dos cuerpos,

Alguna vez uno,

Y el difunto suplica

El fin de esta eternidad en el horizonte oceánico


II


Gerôme


Se abre el horizonte

Ante el ocaso de esta lúgubre ciudad

Y tú, figura esbelta de luceros hipnóticos

Mientras aguardo crucificado

Delante de esta perversa mar


Cálida arena ante el naranja del crepúsculo de Bogotá,

Los trenes vuelan por el cerro,

Y la vida nunca fue tan fácil,


Cuando se vive y se ríe bajo el diluvio,

Y se corre hacia un sin mañana,

La música tumba la puerta del cónsul,

Y los curas dejan sus armas,


¡Ah la paz purifica los ríos que fluyen ensangrentados!

Y las campanas de las malditas iglesias

Predican este nuevo amanecer ante tu figura felina

Donde se apaga,

El fulgor urbano se apaga,

Los trenes caen en una falla,

Y las páginas sucumben antes las llamas

Muere el ocaso, muere el crepúsculo,

Muere el ideal ante el esplín,

Muere la finitud que se abrazaba,

¡Oh el regreso al horizonte azur Infinito!


III


Andrei


Miró con extrañeza el azur que emana este río,

Anonadado por una lejana perla que siempre yació,

Y la infinitud regresa a la infancia,

Ah, el infante recogiendo los trozos de memoria del asfalto

Ante los curas apuntando sus rifles

Mientras asolan el candor


Andrei, tus clisos puros de vida

Abren está herida en cruz

Donde las plegarias homicidas matan

Un amante, tal vez dos

Y el pánico toma el tiempo

Donde el cariño se encierra en una eternidad.

Lejano, nunca seremos.

ISSN: 3028-385X

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