top of page

Sororidad

Luciana_edited.jpg

Luciana Zamora Plazas

Fundación U. Los Libertadores

En una sociedad que educa para la competencia, la sororidad es una decisión política. 

Desde niñas se nos enseña que el éxito se mide en función de quién supera a quién; debemos ser las mejores, pero no por nosotras, sino en comparación con las otras. Siempre se nos dijo que solo hay espacio para una, que siempre debemos destacar: en la belleza, en el trabajo, en el amor, comparándonos constantemente y alegrándonos del fracaso ajeno. 

 

Y es que la rivalidad entre mujeres no es casualidad: es el resultado de estructuras de poder diseñadas para mantenernos separadas, distraídas en luchas individuales mientras que el sistema patriarcal capitalista sigue creando una realidad en la que la competencia se convierte en un mecanismo de control que nos enfrenta y nos hace dudar de la otra. Si estamos ocupadas compitiendo entre nosotras, no cuestionamos las estructuras que nos oprimen.

Sin embargo, elegir la sororidad significa cuestionar estas estructuras, rompiendo con este ideal, desafiando el mito de la mujer rival y abriendo espacio para la mujer compañera. Más que un sentimiento de simple empatía, es un posicionamiento consciente de apoyo mutuo, una forma de resistencia frente a un sistema que nos quiere (y nos necesita) divididas. Es reconocer que las luchas de una son las luchas de todas y que el camino se vuelve menos hostil cuando no estás sola. 

A lo largo de la historia, la sororidad ha sido un motor de grandes cambios: las sufragistas que lucharon juntas por el derecho al voto, las trabajadoras que se alzaron juntas contra la explotación, las feministas que seguimos tomando las calles juntas para exigir justicia. Cada avance ha sido el resultado de mujeres que, en lugar de competir, eligen sostenerse. 

 

Pero construir sororidad no es fácil en un mundo que ha sembrado desconfianza entre nosotras. Implica desaprender lo que se nos ha enseñado, cambiar la mirada, entender que la existencia de una no anula la existencia de la otra; que su victoria no resta, sino que fortalece. 

La sororidad es una rebelión, un gesto cotidiano de reconocimiento y cuidado, una apuesta por una forma distinta de habitar el mundo. 

 

Porque cuando dejamos de mirarnos como enemigas y elegimos una mano extendida, no solo transformamos nuestra realidad, sino que nos salvamos a nosotras mismas.

ISSN: 3028-385X

Copyright© 2025 VÍA PÚBLICA

  • Instagram
  • Facebook
  • X
bottom of page