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Trans-mutación

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Hoffman Rincón Galván

Universidad Externado de Colombia

En los años 80, la noche era un lugar de secretos y promesas incumplidas. En la oscuridad, donde la necesidad susurraba y miraba en silencio, nació una comunidad que se atrevió a soñar con un cuerpo que se expresara en su realidad. Pero en un mundo diseñado para negarlo, las mujeres trans encontraron en los biopolímeros la respuesta a la salvación, sin vaticinar su condena. 

 

“El deseo de ser un seguidor es una fuerza irresistible”.

 

La piel, tejido de la identidad, se convierte en guerra. Si la medicina protegía a sus familias, estas identidades extrañas, venenosas, secretas, se presentaban a las sombras como su único camino. A la sociedad le pedían que aceptaran su existencia. Ser amable no era una opción; era necesario para su supervivencia. Y entonces se rindieron valientemente. 

 

“En la habitación había mucho aire, a la luz de la lámpara alta, la aguja atravesaba el cuerpo, prometiendo senos redondos, labios carnosos y hermosas líneas. No hay tiempo para hacer preguntas”. ¿Cuál es el peligro cuando su futuro depende de vivir en un cuerpo que pueda ser amado o al menos tolerado por el mundo de sus verdugos? 

 

Los biopolímeros, fluidos que prometen reescribir la historia de un cuerpo, han comenzado a impregnar sus ropas. Se mueven debajo de la piel, dañan el ser y dañan el cuerpo. Se encuentran en lugares imposibles, como un envenenamiento que llega a cegar hasta el alma y la razón. Con cada dolor, cambio, experimento, el espejo se convierte en enemigo y prisión tácita del cuerpo. 

 

Es algo profundo y violento, siendo una iteración del miedo histórico hacia lo “diferente”, hay resabios de una sociedad que les empujó a la desesperación. Aunque pueda fallar su capacidad de expresión, hay murmullos susurrando en un sistema que les impide vivir sin espacio, sin tiempo. 

 

Hoy la sombra del día permanece. Los heridos son testigos de una batalla inconclusa. Aunque en algunas zonas se han eliminado los biopolímeros, su voz permanece: en las mejores instalaciones médicas, de la peor manera, a muchas personas todavía no les importa. El precio de la voluntad sigue siendo alto, y quienes lo pagan lo hacen con su salud, dignidad y vida. Cada una de estas mujeres expresó resistencia, un poema escrito con tinta amarga, en contra del mundo que les negaba participación. Sus vidas siguen siendo una herida abierta en la memoria pública, un recordatorio de lo que sucede cuando se cuestiona a la humanidad, cuando se evade la fragilidad. 

 

La historia de los biopolímeros no es sólo una advertencia médica. Es el grito que se ha escuchado a lo largo de la historia: no son las personas quienes han fallado, sino el sistema que ha cerrado todas las puertas para una buena práctica. Y en cada vida rota, brilla una verdad dolorosa y constante: no hay límite para el deseo de llegar a ser, pero el mundo no tiene por qué exigir sacrificios tan crueles para lograrlo.

ISSN: 3028-385X

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