Vicky Dávila y los talking heads

Miguel Betancourt Calle
Universidad de los Andes
Las recientes elecciones presidenciales con candidatos como Donald Trump han definido una nueva tendencia electoral e ideológica en toda América. La nueva derecha occidentalista -liderada por figuras como Milei en Argentina, Bukele en El Salvador y, por supuesto, Trump en Estados Unidos- ha alterado no solo la manera en la que hacemos política, sino también el statu quo por completo. La retórica y las estrategias de movilización política de estos grupos han generado cambios significativos en la política doméstica y, por consiguiente, han puesto a la democracia liberal y a los partidos tradicionales en una posición vulnerable; los esfuerzos populistas de estos líderes han ofuscado efectivamente a los políticos tradicionales en materia electoral.
Los movimientos neo-reaccionarios han sido especialmente impulsados gracias a su retórica hostil y polarizante; la nueva derecha ha declarado una “guerra cultural” contra el progresismo y la justicia social. Sin embargo, no fueron las campañas de los líderes políticos los catalizadores de estas tendencias. Más bien, se originaron y se propagaron rápidamente gracias a ideólogos concentrados en los medios de comunicación: los llamados talking heads.
Lo que distingue a un talking head de cualquier otro comentarista político es su alcance. En realidad, todos podemos comentar acerca de política y, por consiguiente, ser comentaristas políticos (como lo estoy haciendo yo ahora mismo, por ejemplo). Un talking head tiene una plataforma; tiene la capacidad de influir y mover masas. Tanto así que se vuelven actores políticos principales sin haber nunca ocupado un cargo público, sin nunca haber practicado política. Un talking head eficiente analiza e interpreta acontecimientos políticos, solo para después comunicarlo al público general de manera más digerible. Es decir, ya no hay necesidad de que nosotros generemos impresiones y opiniones sobre lo que ocurre hoy, porque siempre va a haber alguien que te presente su (oportunista y efectista) opinión.
Talking heads siempre ha habido de múltiples corrientes ideológicas, pero en los últimos años se ha observado la creciente influencia de importantes comentaristas políticos de derecha. Prominentes talking heads con plataformas masivas como Tucker Carlson, Alex Jones o Joe Rogan ejercieron como principales ideólogos y propagandistas en el auge de la derecha trumpista en los Estados Unidos y, asimismo, han roto barreras nacionales con su estilo de retórica, influyendo a cientos de figuras políticas alrededor de todo el mundo. La primera victoria de Donald Trump en el 2016 es especialmente importante para explicar el auge de los talking heads de derecha, ya que propulsó estas ideas (paleoconservadoras, antiglobalistas, libertarias, populistas) al mainstream y demostró que su estilo de campaña es una fórmula para la victoria.
Comprendemos el rol clave que juegan los ideólogos a la hora de movilizar masas, pero, ¿hasta qué punto llega el poder de un talking head? Esta cuestión se pondrá a prueba en los siguientes años. Con la creciente influencia e importancia de estas figuras es muy probable que vayamos a empezar a verlas fuera de los medios, entrando en la política electoral. Los talking heads comprenden su vitalidad y, por consiguiente, están haciendo lo que pueden con ella. ¿Por qué hacerle propaganda a otro político cuando tú tienes la maquinaria política detrás tuyo? ¿Por qué darle el liderazgo a otro cuando tú te encargaste de idear y propagar los principios? No sería sorprendente en el futuro ver a un Carlson 2029, o un Laje 2031, y, asimismo, tampoco fue sorprendente ver a una figura como Vicky Dávila anunciando su candidatura para las próximas elecciones en 2026.
La candidatura de Dávila es una prueba de la creciente influencia y poder de los talking heads en el plano político actual. Habiendo comenzado su trayectoria en el ojo público cuando se unió a RCN, lleva las últimas dos décadas siendo protagonista de los medios de comunicación más grandes del país: la FM, La W y, hasta recientemente, Revista Semana. Vicky Dávila ha demostrado ser un actor fundamental en materia ideológica, esencialmente ayudando a definir a la nueva derecha colombiana por medio de su periodismo. No cabe duda alguna de que la candidata ha sido una figura prominente en el periodismo colombiano y que su liderazgo en Semana en los últimos cinco años ha catapultado al medio para convertirse en la plataforma conservadora más grande del país. Es decir, la presencia de una figura como Dávila en la política desde hace veinte años le da una clara ventaja porque cualquiera políticamente activo sabe quién es ella; no cabe duda de que será el nombre más reconocido en el tarjetón del 2026.
A pesar de que la victoria de Dávila resulta incierta hoy en día (independientemente de que resultados de encuestas figuren lo opuesto), la trayectoría política de esta nueva-no-tan-nueva cara apenas comienza. Aunque no gane estas elecciones, Vicky Dávila tiene un proyecto político supremamente claro gracias a su tiempo en los medios, y es muy posible que la veamos ocupando cargos públicos de alta importancia más allá de que gane o no en el 2026. Y aunque no gane, es muy posible que veamos a Vicky con aún más fuerza y aún más plata en el 2030.
En la carta en la que se despide de Semana y anuncia su candidatura, Dávila dice: “El presidente o la presidenta no puede ser más que un empleado de los colombianos y su reto debe ser entender el honor y la responsabilidad que eso encarna”. Esta declaración resulta particularmente graciosa, porque estoy seguro de que le será fácil representar al pueblo que ella educó.



