Agosto 2025
Edición N°11
ISSN: 3028-385X
Juan Esteban Ávila
Universidad Libre
Pensar hoy en día está condicionado incluso cuando eres libre de decidir. Frente a un mundo polarizado y ahogado de información existe una guerra entre las grandes posiciones ideológicas que emergen constantemente, para convertirse en movimientos que disimulan su ambición por capturar las mentes. Si bien siempre ha sido así, es decir, el ser humano como animal social eternamente ha necesitado pertenecer a un grupo de semejantes y, por tanto, forjar y perseguir sus propias convicciones, hoy en día es tal el nivel de saturación informativa que esas “convicciones” se pierden entre tantas ideas y discrepancias, las cuales solo confunden y dividen. El solo hecho de no tener claridad entre la información y la desinformación, entre las noticias y las “fake news” o entre las alocuciones conmovedoras y los discursos de odio disfrazados de progresismo, demuestran que vivimos en un mundo envuelto en discordias. Estas, aprovechadas por los líderes como armas de persuasión maquiavélica convertidas en trampas que capturan a aquellos perdidos en el mar del desconcierto que, en el fondo, lo único que quieren es un grupo que los abrace y los encamine hacia un propósito. Porque es en esto último, en medio de la pandemia de polarización, que las mentes débiles se resguardan en los proyectos de los fuertes. Prefieren la subordinación a alguien que los lleve de la mano antes que arriesgarse y afrontar este nuevo campo de batalla en donde, si construyes tu propio criterio, te caerán misiles de dudas y críticas.